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Fincan en un ‘jacalito’ el sueño de 3 niñas

Alicia Fernández | El Diario | 3 de diciembre de 2016

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Cecilia Ivonne González Rivas vive en las faldas del Camino Real en la colonia Ampliación Felipe Ángeles, al norponiente de la ciudad, nació en Ciudad Juárez pero vivió en Delicias, donde trabajaba en el campo como jornalera hasta que ella y su esposo decidieron regresar a la frontera para buscarles un patrimonio a sus hijas.
En Delicias la pareja y sus tres hijas vivían en una casa de renta, pero aquí en Juárez al menos tienen un terreno donde, con sus propias manos, construyen una habitación de adobe para pasar el frío de la temporada.
“Todo por tener un terrenito dónde dejarle a mis niñas, por eso estoy aquí en este “jacalito” con mucho frío”, menciona. A pesar de la dura realidad que enfrentan, su espíritu navideño sigue vivo y se refleja en un adorno en la puerta de la única habitación que tienen como hogar.
No saben qué cenarán en Navidad, piensa que será lo mismo que siempre: huevos y papas.

Alicia Fernández | El Diario | La menor es Rosa Irene

Alicia Fernández | El Diario | Karla va en secundaria pero le hacen falta lápices y cuadernos

Alicia Fernández | El Diario | Ceci es la mayor y le gustan mucho los animales

Alicia Fernández | El Diario | Todas acuden a la escuela abierta, ya que las mayores que van a la secundaria, no alcanzaron cupo en el plantel de la colonia

Alicia Fernández | El Diario |

Alicia Fernández | El Diario | Rosa Irene en la pequeña habitación

Las hijas del matrimonio son tímidas al hablar de lo que necesitan, no les gusta pedir, pero como niñas casi adolescentes desean un celular, una tablet, pilas para su cámara automática de rollo, así como materiales para la escuela.
Mientras la madre anhela un triciclo para vender champurrado: “yo no pido nada, sólo algo que me permita trabajar”.
Cecilia dice que la vida aquí le parece muy difícil porque la experiencia que tiene es trabajando la tierra, por el momento su marido hace cualquier labor que consigue con tal de llevar un poco de comida a la casa.
“Mi esposo a lo que le salga, a lo que le toque, como ahorita se fue a limpiar unas marraneras, también dejamos remojando la batida del lodo, para pegar unos adobitos”, menciona.
Tiene 30 años de edad y en su infancia solamente tuvo acceso a la educación hasta el quinto grado de primaria, con un poco de pena expresa que su madre la maltrataba, “era de la vida alegre, tenía bastantes hombres”, dice.
Cecilia vivió desde muy pequeña los desdenes de su madre, quien tenía preferencia por su hermano, expresó, a los 15 años conoció a su esposo cuando lo deportaron de Estados Unidos y desde entonces es su pareja. Con él procreo tres hijas.
La menor es Rosa Irene que tiene 10 años, cuando crezca quiere ser chef para hacerle unos pasteles “bien ricos” a su mamá en su cumpleaños.
Karla tiene 12 años y sueña con ser médico, al momento va en la secundaria, aunque se le ha dificultado un poco porque le hacen falta lápices y cuadernos.
Ceci es la mayor, tiene 13 años y le gustan mucho los animales, por lo que de grande le gustaría estudiar veterinaria.
Después de sus tres hijas Cecilia decidió concluir su etapa reproductiva para dedicarse a ellas.
Pese a las condiciones precarias que enfrenta su familia, Cecilia le inculca el gusto por el estudio, durante este año ha estudiado: “acabé ya la primaria, me dieron mi certificado, me van a dar apenas mi certificado de la secundaria, aquí la estoy terminando abierta”, comenta.
Todas acuden a la escuela abierta, ya que las mayores que van a la secundaria, no alcanzaron cupo en la institución de la colonia.
El “jacalito” en el que vive la familia está hecho de madera, envuelto con una manta de vinil que les ayuda a detener el viento que conforme se acerca el invierno se vuelve insuficiente para mantener a la familia cálida, ya que no cuentan con algún calefactor.
En ese terreno llevan 5 meses y el 25 de diciembre cumplirán un año de haber regresado, “nos ha ido muy mal”, expresa.
“No tenemos trabajo, andamos batallando muy feo, aquí hay a veces un comedor y las mando, con que coman ellas es más que suficiente para mí, a veces yo y mi esposo nos quedamos sin comer, pero ellas no”, platica.
Los ingresos para la comida en ocasiones es insuficiente y por lo tanto también para acceder a medicinas, el clima cambiante ha hecho que todas las féminas estén enfermas sin posibilidad de atenderse.
Esto se agrava con la situación de Cecilia, quien además durante su trabajo en el campo, tiempo atrás en Sinaloa, sus pulmones sufrieron daños.
“No pude arreglar mi Seguro Popular, según que cuando trabajé en una maquila, lo tengo abierto todavía”, expresa mientras menciona que así como anda enferma así se la pasa, con algún medicamento de la tienda. 

La familia está integrada por:
Cecilia Ivonne González Rivas, 30 años, complexión delgada, estatura baja, su esposo, también de complexión delgada de 1.70 m aproximadamente de estatura, Rosa Irene de 10 años, Karla de 12 años y Ceci de 13 años.

Cómo llegar:
Tome el bulevar Norzagaray y luego de pasar el monumento “al cigarro”, siga adelante hasta la calle Arroyo del Mimbre, siga por toda la calle hasta la curva donde la misma calle se convierte en Rosinante, la misma calle se convierte en Caballo, en los adentros de la colonia Ampliación Felipe Ángeles y al finalizar la calle Caballo hay una calle de tierra que le llaman Arroyo del Muerto, hay que ingresar por esa calle al lado izquierdo, que se distingue por tener líneas de postes de madera a los lados, con cables de electricidad, hasta el final de la calle que no tiene nomenclatura, casi en las últimas viviendas, una casa de madera envuelta con una manta de vinil con algunos números como 00 es la vivienda de Cecilia y su familia.

Necesidades:
Ropa, chamarras, cobijas, calentón, útiles escolares, zapatos.

Para quienes requieran mayor información o apoyo para hacer llegar los regalos, pueden comunicarse al número celular (656) 573 08 78, o bien al correo electrónico [email protected] con Leticia Solares.

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