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Sueñan aunque sea con unos ‘papos’

Jesús Ángel Rodríguez | El Diario | 1 de diciembre de 2016

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“Unos papos”, se le alcanza a entender a María Guadalupe, una mujer de 18 años que padece un grado indeterminado de deficiencia mental, mientras inclina su cabeza y con una actitud tímida observa los zapatos desgastados que lleva puestos. Un par nuevo es lo que quiere de regalo para Navidad.
Sus hermanos Miguel Daniel, de 31 años, y Martín Alejandro, de 17, también sufren esa limitación. Gustavo Ángel, de 13 años, es el único de los cuatro que no la padece.
Junto con su madre, Juana Enríquez de 50 años, que trabaja lavando camiones en una terminal que está frente a su casa en la colonia Adolfo López Mateos, Lupita y sus hermanos sueñan con tener una Navidad distinta, diferente a las que han vivido en los años más recientes.
“Van como tres años que mis hijos no saben qué es Navidad porque yo los tengo impuestos a que, cuando hay, hay. Cuando no, nomás se hace la comida o equis cosa que juntamos para hacer nuestros tamales. Para mis hijos es como cualquier día, ellos no dicen, voy a estrenar esto porque es Navidad”, comenta Juana.
La discapacidad cognitiva que tienen Lupita, Martín y Miguel es diversificada ya que, con el paso de los años, se ha acentuado más en uno que en otro, pero independiente del grado de severidad de su retraso, la educación formal no fue una opción para alguno de ellos. Sólo Gustavo asiste a la escuela secundaria.
Recuerda que cuando tenía 3 años a Miguel lo mordió un perro. De repente él reacciona como adulto y otras veces como infante.

Marco Tapia | El Diario | Gustavo, Lupita y Martín

Marco Tapia | El Diario | Al fondo Miguel, Lupita y Juana

Marco Tapia | El Diario | Martín, Gustavo y Lupita

Marco Tapia | El Diario | Martín, Lupita y Gustavo

La niña “no nació normalmente”, ya que al momento del alumbramiento tomó líquido amniótico en el vientre y eso no dejó que embarneciera, que agarrara su cuerpo normal. Hasta ahora ella depende para todo de su madre: “si yo me baño ella se baña, si yo me peino ella se peina”.
De Martín dice que no sabe qué pasó, salió bien de la escuela pero no sabe leer ni escribir, apenas está aprendiendo. No sabía poner su nombre, lo escribía al revés, aunque ya aprendió.
Gustavo es un niño muy inteligente, le echa muchas ganas a la escuela. Nadie más en la familia sabe leer ni escribir, así que él es quien trata de enseñarles.
Hijos de diferentes padres, Gustavo fue el único que convivió con su papá, pero cuando él tenía 6 años de edad el hombre se fue de la casa.
“La convivencia con mis hermanos a veces es buena y a veces mala, yo trato de ayudarles. A mi hermano le ayudo a que aprenda a leer y a mi hermana a cambiarla, buscarle la ropa que se pone”, comenta el adolescente.
La casa de la familia Enríquez es reducida. Tanto la cocina como los dos cuartos que utilizan para dormir están construidos de madera y cartón. El piso es de tierra, mientras que el techo es de lámina.
La vivienda por dentro está forrada con lonas de propaganda de partidos políticos. “Es sencilla mi casa. Mis niños viven acá, de este lado, yo dividí con dos roperos y una lona”, indica Juana.
Desconocen la carne roja, lo que hace Juana es comprar 20 pesos de huesitos en un restaurante de comida china y con eso preparan un “caldito de pollo”.
Sin saber lo que es un juguete o estrenar alguna prenda de vestir, los cuatro hermanos se ponen lo que les regalan los vecinos. “Sinceramente yo nunca les he comprado de primera, nada; ahorita la situación está muy difícil”, asegura la madre de familia.
La madrugada del 3 de octubre de 2004, un incendio consumió algo más que su vivienda: “Estaba haciendo mucho aire cuando pasó el accidente. Fue muy triste porque adentro murió mi papá. Ahorita tenemos 12 años viviendo así, pues no he podido hacer mi cuarto, porque de comprar material y darle de comer a mi hijos, pues prefiero darle de comer a mis hijos”.
A unos metros del Cerro de la Cruz, atrapados en uno de los cinturones de pobreza que existen en esta ciudad, Lupita y sus hermanos comparten algo más que la solidaridad: el amor de su madre.
“Sólo yo sé cómo me las veo con ellos, está crítico y pues no creo que otra gente, se quedaría traumada; yo no, pues ellos son todo para mí”, dice Juana. (Jesús Ángel Rodríguez / El Diario)

Familia Enríquez

• Gustavo Ángel Torres Enríquez
• Edad: 13 años
• Talla de calzado: 25 MEX / 7 USA
• Escolaridad: Cursa actualmente la secundaria
 
María Guadalupe Enríquez Cháirez
• Edad: 18 años
• Talla de calzado: 19 MEX / 12 (Niña) USA
• Escolaridad: No estudia
 
Miguel Daniel Enríquez Cháirez
• Edad: 31 años
• Talla de calzado: 28 MEX / 10 USA
• Escolaridad: No estudia
(sabe escribir su nombre)
 
Martín Alejandro Enríquez Cháirez
• Edad: 17 años
• Talla de calzado: 27 MEX / 9 USA
• Escolaridad: Primaria terminada
 
Juana Enríquez Cháirez
• Edad: 50 años
• Talla de calzado: 22.5 MEX / 4.5 USA
 
Dirección de la casa:
 
Calle Pantitlán 4750, entre Almoloya y Doctor Arroyo, colonia Adolfo López Mateos.
 
¿Cómo llegar?

Por la calle División del Norte, se tiene que subir (de norte a sur) por la calle Francisco Pimentel hasta donde termina el pavimento, dar vuelta a la izquierda en la calle Almoloya y llegar a una bajada de terracería para topar con la calle Pantitlán.

 
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