Hacen de Juárez su casa

Cubanos renuncian al ‘sueño americano’ y hasta emprenden sus propios negocios

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez
sábado, 12 octubre 2019 | 06:00
Fotos: Carlos Sánchez / El Diario de Juárez |

Ciudad Juárez— “Yo les digo a mis amigos que yo ya soy cubano-mexicano, yo renuncié al sueño americano para quedarme en Juárez”, aseguró Ariel Busquet, uno de los muchos isleños que después de meses de buscar el asilo político en Estados Unidos han decidido establecerse en esta frontera, donde ya trabajan dentro y fuera del comercio formal, e incluso han emprendido sus propios negocios.

Según datos del Consejo Estatal de Población y Atención al Migrante (Coespo) y el Instituto Nacional de Migración (Inami), durante el éxodo que comenzó hace un año hacia Estados Unidos han pasado por Ciudad Juárez alrededor de 15 mil migrantes cubanos, de los cuales aproximadamente 6 mil esperan aquí su turno de cruzar por primera vez la frontera o porque fueron retornados bajo el programa Permanecer en México. 

Pero tras los meses de espera, y darse cuenta de lo difícil que es lograr el refugio estadounidense y el temor a ser deportados a su país por el Gobierno de Donald Trump, ha convertido a Juárez en una opción de vida para al menos 150 isleños que acudieron hace unas semanas a una plática sobre los trámites para solicitar refugio en México ofrecida por HIAS, una organización estadounidense de asistencia refugiados, en el Centro de Atención Integral para Migrantes (CAIM).

Al igual que Ariel, Agustín Duvergel, Yunet Caba y Andrés Antonio Fiallo forman parte de los cubanos que han decidido no presentarse al llamado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP) cuando tocó su turno de cruzar, que ya no irán a sus citas ante la Corte de migración en El Paso, Texas, o que tomarán a Juárez como su “plan B” de vida. 


‘Ya soy cubano-mexicano’

“El objetivo de los cubanos es conseguir trabajo y yo ya estoy trabajando… Yo les digo a mis amigos que yo ya soy cubano-mexicano, yo renuncié al sueño americano para quedarme en Juárez”, aseguró Ariel Busquet, de 41 años de edad, un isleño de La Habana, quien después de cinco meses en esta frontera decidió no presentarse al llamando de CBP cuando le tocó el turno de cruzar la frontera.

Ariel salió el 14 de abril de su país, donde dejó a su esposa y a sus hijos de 4, 13 y 16 años de edad, con el anhelo de buscar una mejor vida, la cual asegura no puede encontrar en Cuba, donde trabajaba como especialista comercial en una fábrica, mientras que aquí trabaja en una sucursal de burritos La Llenadora y como mesero en el Salón México.

“Fue difícil, pero decidí venirme porque en Cuba uno trabaja y no hay resultados; aquí trabajando uno ve que hay resultados, y en Juárez si trabajo yo sé que en 10 años voy a ver resultados”, comentó el migrante, quien espera legalizar su estancia en México. 

Ariel llegó a Juárez el 7 de mayo y le tocó el número 13 mil 527 en la lista de Coespo, por lo que esta semana le tocó su turno de cruzar, pero decidió no acudir y continuar con su vida en Juárez, el lugar por donde buscaba cruzar porque le dijeron que era la frontera más segura para hacerlo.

Pero después de cinco meses de espera y al enterarse que un amigo estuvo cuatro meses y medio en un centro de detención de Estados Unidos y finalmente fue deportado a Cuba, prefirió seguir trabajando aquí.

“La economía en Cuba es muy mala, no hay comida, por eso a los que tienen familia en Estados Unidos les mandan más comida que dinero, porque con dinero no puedes comprar comida, pero hay una empresa privada a la que le pagan desde allá (Estados Unidos) y les entrega los paquetes de comida, de carne, jugo, yogur”, narró quien vivía en su país con uno de los sueldo más altos, 50 dólares mensuales o mil 250 pesos cubanos.

Tampoco quiere regresar a Cuba porque quienes salen del país son llamados “gusanos” y considerados traidores por su Gobierno, por lo que cuando solicitan trabajo tienen mayores dificultades, aseguró.

Actualmente Ariel vive en una casa con cinco cubanos más, quienes pagan 3 mil pesos mensuales de renta cada uno, por lo que espera establecerse pronto para poder traerse a su familia, así como regularizar su estancia en México para poder regresar a Cuba a prepararle un burrito a su mamá.

“Allá no se conocen los burritos. En Cuba lo que se escucha de Juárez es la música de Juan Gabriel; cuando llegué aquí fui a su casa y publiqué fotos para que las vieran en Cuba que estaba acá”, comentó.


Hacen un ‘escándalo’

“Frituras de elote desde Cuba, frituritas de maíz; la primera es regalada para que la pruebe”, grita constantemente Agustín con su acento isleño entre las calles Ugarte y Noche Triste en el Centro Histórico de Ciudad Juárez.

“El Escándalo” lleva por nombre el puesto que él mismo diseñó y mandó a hacer en Los Herrajeros para vender los panecillos de elote frito en forma de nuggets, que sirve sobre una hoja de elote, con queso y salsa al estilo cubano.

Las banderas cubanas que adornan su negocio frente a la tienda Coppel y la constante invitación de Agustín Duvergel, el mulato originario de La Habana de 48 años de edad, hacen “el escándalo” en el corazón Juárez, donde todos los días los fronterizos se detienen a probar cinco frituras por 20 pesos. 

Con Agustín trabajan José Luis, de 45 años, y Yunet, de 38; todos retornados de EU dentro de los Protocolos de Protección a Migrantes (MPP) para que esperen en Juárez su proceso de asilo político, sin embargo ya ninguno quiere acudir a sus citas ante la corte migratoria.

Después de cruzar la frontera por Reynosa, Tamaulipas, Agustín estuvo detenido 30 días en el vecino país y luego fue retornado a Ciudad Juárez hace tres meses.

“Hace un mes fui a mi primera cita (ante la corte), la segunda la tengo en diciembre, pero ya no voy regresar”, aseguró el licenciado en Cultura Física, quien vendía en Cuba frituras de maíz y daba clases de baile, con lo cual busca seguir aquí.

La idea de abrir “El Escándalo” en Juárez nació porque él vive en el Centro de la ciudad y todos los días se sentaba en el cruce de las calles Ugarte y Noche Triste, donde veía a la gente pasar comiendo elotes y decidió hacer aquí sus frituras de maíz, las cuales aquí llama frituras de elote.

“Yo fui con el Gobierno y les dije que quería abrir un negocio y me dijeron que lo hiciera y luego me pusieron aquí, yo no quiero el lugar de ningún juarense, aquí estoy”, aseguró quien después de mandar hacer su carrito y decorarlo con las banderas de su país, comenzó hace 15 días su negocio.

El primer día regaló mil frituras para que los juarenses las probaran, y desde entonces todos los días de 9:00 de la mañana a 7:00 u 8:00 de la noche invita a los fronterizos a comer un gratis para que los conozcan y puedan comprarle una orden.

“Yo soy retornado y de momento la solución es Juárez, quiero dar clases de salsa y bachata y llamar a los juarenses”, confesó a quien también le gustaría abrir más sucursales de “El Escándalo”. 


‘En Cuba no se puede vivir’

Yunet Caba y Andrés Antonio Fiallo, de 37 y 52 años de edad, salieron de Cuba con sus dos hijos de 4 y 13 años en busca de una visa de turista en EU, la cual les fue negada en el Consulado de Mérida, por lo que decidieron cruzar el río Bravo por esta frontera.

Después de tres días de permanecer detenidos en El Paso, fueron retornados para que esperaran su proceso de asilo político en Juárez, donde siete días después comenzaron a trabajar en una sucursal de Del Río.

Su anhelo es cruzar la frontera para llegar hasta Canadá, pero Juárez se ha convertido en una segunda opción de vida, lejos del país donde nacieron y donde “no se puede vivir”, aseguraron.

Desde hace dos años, ellos cuentan con una visa que les permite su estancia legal en México hasta 2028, pero con ella no podían trabajar, por lo que al ser retornados tramitaron su Clave Única de Registro de Población (CURP), el Registro Federal de Contribuyentes (RFC) y una Carta de No Antecedentes Penales, además de que se dieron de alta en el Seguro Popular.

Yunet trabajaba en un salón de belleza y él tenía un kiosco de comida en La Habana, pero aseguran que además de buscar la libertad, en Cuba no se puede vivir bien, mientras que en Juárez la gente es muy calurosa con ellos y les ha dado la bienvenida.

“De todos los artículos que venden aquí, en Cuba solamente venden el Red Bull, aquí cigarros hay como 20 marcas y cuando me piden (los clientes) unos, ellos me ayudan y me dicen ‘son esos’, nos ayudan a poder comunicarnos”, narró Andrés.

Actualmente, Coespo continúa con la gestión para que la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) abra una oficina de regularización migratoria en Ciudad Juárez, para que los cubanos que buscan quedarse en México puedan hacerlo.