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Videos: Título 42: El muro de Trump que continúa Biden

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

Bajo este código han aumentado las expulsiones exprés a través del puente internacional Paso del Norte, situación que se agrava con decenas de familias que ingresaron por Reynosa

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez / Una mujer y sus hijos son regresados de Estados Unidos
Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez / Voluntarios en el Centro de Atención Integral para Migrantes (CAIM)
Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez / Un menor de un años en el CAIM, lugar donde su madre le pudo preparar leche en una botella de agua tras ser retornados
Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez
Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez / Elementos de Grupo Beta del Instituto Nacional de Migración (INM) reciben a los extranjeros en el puente internacional Santa Fe; ahí les entregan cubrebocas, les toman la temperatura y le entregan a los niños un snack
Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez

Ciudad Juárez— Hincada entre lágrimas bajo las banderas de México y Estados Unidos, abrazada de sus dos hijos frente a los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), sin dinero y con su hija enferma a 2 mil 800 kilómetros de su lugar de origen, Vilma es sólo una muestra de la crisis migratoria que vive actualmente Ciudad Juárez ante las decenas de familias centroamericanas que diariamente son expulsadas por el Gobierno de Joe Biden, bajo el llamado Título 42.

“Biden prometió una cosa, pero lo que está haciendo es aún más cruel que lo que hizo (Donald) Trump, porque vienen engañados, porque vienen sin comer, porque estamos en pandemia. Cala ver sus lágrimas, ver que Estados Unidos puede hacer lo que le dé su gana como si los migrantes fueran invisibles. Entonces, ¿cuál iba a ser el cambio?”, cuestionó el sacerdote Javier Calvillo, director de la Casa del Migrante.

Hace un año, bajo una política sanitaria, el expresidente de Estados Unidos creó un “muro migratorio” llamado Título 42, cuya construcción continúa por el Gobierno de Biden, ante el silencio de México. Y Juárez se ha convertido nuevamente en la frontera más afectada por los acuerdos entre ambos países, lamentó Calvillo. 

“Es una crisis de migración, es una crisis humanitaria, de violación de derechos humanos, de indiferencia política, de inseguridad sanitaria, y los están echando además a una frontera muy violenta”, denunció.

El 21 de marzo de 2020, “de conformidad con el Título 42 de la Sección 265 del Código de los Estados Unidos (el expresidente) determinó que en razón de la existencia de Covid-19 en México y Canadá, existe un grave peligro de una mayor introducción de Covid-19 en los Estados Unidos, que la prohibición de la introducción total o parcial de personas o bienes de México y Canadá se requiere en interés de la salud pública. Bajo esta orden, CBP prohíbe la entrada de ciertas personas que potencialmente representan un riesgo para la salud (…) las personas sujetas a la orden no serán retenidas en áreas congregadas para su procesamiento y en su lugar serán inmediatamente expulsadas a su país de último tránsito”, informa CBP a través de su página oficial.

Pero hace dos semanas aumentaron las expulsiones a través del puente internacional Paso del Norte-Santa Fe, debido a que todos los días son trasladadas en aviones desde Brownsville hasta El Paso decenas de familias que ingresaron días antes a McAllen, por Reynosa, Tamaulipas, a mil 300 kilómetros de Ciudad Juárez.

El arribo de cientos de personas durante la semana pasada se convirtió en un desafío para las autoridades y organizaciones en esta frontera, ante la saturación de los albergues y la falta de un protocolo para recibirlos. 

“La verdad es una cuestión que sigue desafiando nuestras capacidades, como ha sido desde que inició todo este fenómeno. Afortunadamente gracias a la coordinación que ha habido entre los tres niveles de gobierno, junto con organizaciones tanto locales como internacionales, las agencias internacionales y el apoyo de las asociaciones religiosas aquí, ha sido posible sortear los efectos de este fenómeno. Pero la manera en que esto se presenta sí viene a desafiar nuevamente nuestras capacidades para recibirlos y para atenderlos ofreciéndoles un espacio digno”, confesó Enrique Valenzuela, coordinador del Consejo Estatal de Población y Atención a Migrantes (Coespo).

El ingreso paulatino que permite desde hace unas semanas Estados Unidos a los extranjeros que fueron retornados a México por el Gobierno de Trump bajo los Protocolos de Protección a Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés) y que mantienen activa su solicitud de asilo político ante una Corte de Inmigración, es aprovechado por los traficantes de personas para engañar a los migrantes en Centroamérica y hacerles creer que la frontera ya está abierta, alertó el funcionario estatal. 

“Hay coyotes que les han engañado haciéndoles creer que como ya están pasando quienes se encontraban bajo el MPP, que ya también se les va abrir la puerta de par en par, pero no es cierto”, señaló. 

Mikel, de origen cubano, es uno de lo 630 extranjeros registrados en los MPP que han sido recibidos por el Gobierno demócrata, después de casi dos años en el albergue El Buen SamaritanoMikel, de origen cubano, es uno de lo 630 extranjeros registrados en los MPP que han sido recibidos por el Gobierno demócrata, después de casi dos años en el albergue El Buen Samaritano 


Puente de esperanza y dolor

Convertido en la puerta de entrada de decenas de personas registradas bajo los MPP y en el punto de expulsión de muchas más a través del llamado Título 42, el puente internacional Paso del Norte-Santa Fe es mudo testigo de la esperanza y la desilusión para la migración entre México y Estados Unidos. 

Desde el 26 de febrero, Ciudad Juárez ha despedido a 630 extranjeros que albergó hasta por casi dos años, bajo la coordinación con Naciones Unidas y los gobiernos de ambos países. 

Después de un registro realizado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) y un proceso de sanitización y toma de pruebas de Covid-19 por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), actualmente los migrantes son trasladados hasta el puente ubicado en la avenida Juárez, en grupos de aproximadamente 50 personas. 

Ahí se encuentran la ilusión y la desesperanza: bajo las banderas de ambos países unos ven de cerca el llamado “sueño americano”, mientras que decenas más es donde se dan cuenta de que fueron devueltos a México y no trasladados a un albergue o a otro centro de detención, como aseguran que se les hace saber cuando son levantados de madrugada para ser trasladados en aviones a El Paso. 

Mikel, de origen cubano, es uno de lo 630 extranjeros registrados en los MPP que han sido recibidos por el Gobierno demócrata, después de casi dos años en el albergue El Buen Samaritano. El jueves 11 de marzo se levantó de madrugada, se despidió sus compañeros, siguió el protocolo de OIM y llegó al cruce internacional en una fila de 57 migrantes. 

Bajo el cubrebocas y la careta de protección que portaba se observaba el rostro del hombre de 47 años de edad lleno de felicidad; sus pasos eran apresurados. Primero hizo una videollamada con su novia, después veía desde lejos los edificios tejanos a los que cada vez se acercaba más, dejando atrás el río Bravo. 

A pocos pasos, su felicidad cruzó con la desilusión de unos 70 migrantes más, quienes también caminaban en una fila por el puente internacional, y al ver la bandera tricolor se dieron cuenta de que habían sido expulsados a México, sin la posibilidad de obtener el asilo político.

En Estados Unidos “le estamos dando la bienvenida a las personas que están saliendo del MPP y al mismo tiempo en Ciudad Juárez estamos recibiendo a las personas expulsadas bajo Título 42, es un tiempo difícil en la frontera”, destacó Marisa Limón Garza, subdirectora del Instituto Fronterizo Esperanza (Hope Border Institute), una organización civil estadounidense que apoya a la población migrante en ambos lados de la frontera.

Desde el inicio de su implementación, el Título 42 se convirtió en el muro migratorio de Estados Unidos, “aunque dicen que es por causas de la pandemia sabemos que es ilegal negar el acceso a la solicitud de asilo en cualquier lado de la frontera”, denunció. 

La activista también reclamó al Gobierno estadounidense que engañen a los migrantes al no decirles que serán enviados a México y además hacerlo por una frontera que no fue por la que cruzaron, según lo que han asegurado los propios extranjeros al llegar a Juárez.

“Es un engaño y eso es muy difícil, porque estas personas ya huyen de violencia, trauma, de otras cosas; cruzan la frontera, muchas veces por el río, con polleros, con otras personas. Ya tienen mucho dolor y estamos de nuevo engañándoles”, señaló Limón, cuya organización cubrió el miércoles una noche de hotel a un grupo de migrantes que se habían quedado en la calle con sus hijos.

Frente a los agentes estadounidenses, de rodillas y abrazada de sus hijos de 2 y 5 años, Vilma Iris Peraza López, de 28 años, pregunta “¿por qué nos engañaron?”, al enterarse que estaban en México 


‘Nos engañaron’

“Nos engañaron, nos dijeron que no nos iban a deportar, que nos iban a dejar en libertad y que íbamos a donde nuestros familiares… ¿por qué nos engañaron?”, preguntaba sentada en el piso, abrazada de sus hijos de 2 y 5 años, frente a los agentes estadounidenses, Vilma Iris Peraza López, de 28 años de edad.

Después de pagar más de 12 mil dólares a un “coyote”, la hondureña viajó con sus hijos hasta Miguel Alemán, Tamaulipas, por donde cruzó a Roma, Texas, y permaneció detenida cuatro días, hasta que el jueves 18 de marzo fue levantada a las 3:00 de la mañana junto a sus hijos.

“Nos dijeron que nos iban a tomar datos para llamar a nuestros familiares que nos iban a recibir. Luego nos subieron a un bus, luego a un avión, luego a otro bus y no nos dijeron que veníamos para acá en ningún momento, ni firmamos deportaciones. Nada, nada”, aseguró entre lágrimas la mujer, quien al ver las banderas mexicanas se desplomó frente a los agentes de CBP y soltó el llanto.

Con anemia y más de un día sin comer, su hija Adriana, de cinco años, comenzó a vomitar a mitad del área peatonal del cruce, mientras los residentes y ciudadanos estadounidenses caminaban mostrando sus identificaciones a los agentes vestidos de azul y otro grupo de padres y madres acompañados por sus hijos permanecían en crisis al enterarse de que habían sido enviados a México. 

“Yo sólo le pido al Gobierno de Estados Unidos que me dé una sola oportunidad, porque mi niño no conoce a su padre y nosotros íbamos con la ilusión de darle un mejor futuro a los niños”, dijo Vilma después de permanecer por unos segundos hincada llorando frente a los agentes de CBP.

“Nos ponían en familias y nos tomaban fotos, después nos dijeron que íbamos a un albergue a otra parte de Estados Unidos. Nunca nos dijeron que veníamos para acá”, narró el lunes 15 de marzo “Sara”, mientras sus dos hijos pequeños dormían sobre colchoneta en el Centro de Atención Integral para Migrantes (CAIM), en donde pudo preparar leche en polvo en una botella de agua a su hijo de un año.

Darlyn Manuel, de 25 años de edad, fue expulsado a Juárez el miércoles 17, junto decenas de familias más. A él le dijeron que sería trasladado a un albergue a Miami, Florida con su hijo de tres años, pero en lugar de eso fue subido a un avión y enviado a esta frontera.

“Me dijo un gringo que íbamos a Miami porque estaba muy lleno el centro de detención… y aparecimos aquí en Ciudad Juárez. No tenemos a dónde ir. ¿Qué podemos hacer con estos niños?.... no sé a dónde ir, porque en realidad vengo sin ni un peso, sin un centavo en la bolsa, y mi hijo trae hambre”, narró el centroamericano a mitad del puente internacional, al darse cuenta de que había sido expulsado del Estados Unidos después de tres días de permanecer detenido.

Sentado sobre los hombros, el pequeño Darlyn miraba hacia su alrededor, sin entender qué ocurría, mientras agarraba fuerte su cubrebocas rodeando el cuello de su padre, cuyos sueños se rompieron en unas horas.

“Sólo nos bajaron del autobús, nos dijeron que lo siguiéramos, nosotros vinimos a seguirlos y cuando acordamos ya estábamos aquí en México”, relató. 

Lejos de la alegría que había sentido durante la madrugada de poder reunirse con su primo en Houston, ahora le preocupaba cómo regresar hasta Honduras con su esposa y su otro hijo de dos años, sin dinero, para volver a intentar conseguir trabajo en la agricultura. 

“Me siento supermal, porque uno arriesga la vida de los niños… uno viene huyendo del país. Yo vengo huyendo de mi país porque mataron a mi hermano. No tengo absolutamente un centavo en mi bolsa, no tengo nada, lo poquito que tenía ellos me lo tiraron a la basura. Me tiraron dinero mexicano, unas monedas, como 200 pesos, lo sacaron de mi bolsa y lo tiraron a la basura”, confesó quien después de haber viajado 25 días solo con su hijo, pagó 300 dólares a un coyote en Reynosa para que lo cruzara a McAllen. 

“No sé a dónde ir. No conozco yo acá (…) como 48 horas estuve encerrado, yo pensé que me iban a apoyar, porque en Honduras está bien dura la cosa, en Honduras hay una crisis económicamente tremenda, y más todo lo que pasó en Honduras, el huracán, más los problemas… todo eso me ha aterrado bastante y tomé la decisión de salir del país”, narró mientras lloraba, intentando que su hijo recargado en su pecho no notara sus lágrimas. 

De acuerdo con un agente estadounidense, la mayor cantidad de expulsiones ocurrió el jueves pasado, cuando arribaron hasta las oficinas de la Patrulla Fronteriza, ubicadas junto al puente internacional, cinco camiones con migrantes trasladados del aeropuerto de El Paso.

Aunque varios integrantes del grupo de centroamericanos aseguraron que viajaron 400 personas en los aviones, el agente dijo que serían 250 los expulsados a Ciudad Juárez ese día.

“Todos ellos son del grupo de nosotros, todos, sacaron más de 400 personas, no es justo que nos mientan… miren los brazaletes, cinco días en los cuartos fríos (estaciones de la Patrulla Fronteriza) y luego nos sacan por aquí que a arreglar papeles, y luego migración de aquí nos tira para este lado. Nosotros no somos de este lado, nos agarran en Reynosa y de Reynosa nos tiran para acá y luego nos avientan para Juárez, no es posible… los niños no han comido desde ayer”, gritaba la hondureña Jenny Zavala, mientras más padres con niños eran enviados a México.

La mujer le reclamó llorando al Gobierno de Biden por qué los engañaron y en lugar de enviarlos a su país los dejaron en Juárez. 

“Si ya no hay oportunidad le deberían de decir a uno: ya no tienen oportunidad, se terminó la oportunidad. Sacan a la gente engañada”, pidió quien viajó con su hijo de seis años desde Brownsville hasta El Paso. 

De acuerdo con el coordinador de Coespo, al menos la mitad de las personas enviadas por Estados Unidos son niños menores de ocho años acompañados por su mamá o su papá, en algunos casos por ambos.

“Estamos viendo un flujo similar al de 2019, pero ahora no son cubanos solos, son familias. En otro tiempo lo que llegaban eran muchos adultos, sobre todo muchas personas de Cuba, y ahorita lo que estamos recibiendo son muchas personas de Centroamérica, muchas personas con niños pequeños, menores de ocho años, por eso estamos triplemente preocupados”, destacó. 

El Título 42 se ha convertido en un desafío para Juárez y para los propios migrantes, quienes llegan muy angustiados y sin saber que están siendo enviados a México, señaló el coordinador de Coespo.

“Esta fue una situación de la que se tomó razón por parte de los gobiernos federales, y definitivamente no obstante a ello es aquí, localmente, en donde terminamos enfrentando las consecuencias de estas situaciones”, apuntó Enrique Valenzuela, de Coespo. 

‘Yo vengo huyendo de mi país porque mataron a mi hermano’, relata Darlyn Manuel, de 25 años, mientras sostiene a su hijo de tres, con quien viajó durante 25 días para llegar a Reynosa, Tamaulipas y luego cruzar a McAllen 


Suma Juárez 5 espacios filtro 

Hasta hace unas semanas, los 18 espacios que albergan a migrantes en Juárez contaban con unas mil personas, mientras que el miércoles ya sumaban cerca de mil 500, y los cuatro áreas filtro para prevenir la propagación de Covid-19 se encontraban saturados. 

Por ello, desde el jueves el hotel filtro, coordinado por la OIM y la Organización Mundial para las Migraciones, disminuyó su tiempo de aislamiento de 14 a siete días, con la aplicación de una prueba Covid durante el séptimo día. 

“Nos preocupa la prevención del Covid y evitar cualquier situación que esté relacionada con la afectación en la movilidad entre la frontera para las personas locales, para los transportistas, para los empresarios”, informó el coordinador local de la OIM, Alex Rigol.

“Vamos a incrementar esta capacidad (de 200) a más de 400 personas por mes, garantizando así que todas las personas que están llegando a Ciudad Juárez, que desean acceder a un albergue, puedan hacerlo en mayor número, mayor rapidez y siguiendo los protocolos de salud. La idea es que podamos aplicarle a cualquier persona que quiera ingresar a un alojamiento temporal de la ciudad una prueba PCR después de los siete días de cuarentena”, explicó. 

De acuerdo con los propios migrantes, durante su estancia en el vecino país no se les aplica una prueba de Covid, ni se les proporciona atención médica pese a que algunos niños llegan con tos y deshidratación.

Hasta el jueves, las lágrimas de los padres y los rostros de cansancio se terminaban por un momento, cuando en las oficinas del CAIM activistas les repartían pizza, agua, fruta y galletas, para que pudieran calmar el hambre que aseguraban tenían desde una noche antes.

Desde el viernes 19 de marzo, la ciudad cuenta además con un protocolo de recepción de migrantes, ya que desde ese día elementos de Grupo Beta del Instituto Nacional de Migración (INM) reciben a los extranjeros en el cruce, les dan cubrebocas, les toman la temperatura y le entregan a los niños un paquete con granolas y un snack de frutas. 

Después, son trasladados a las oficinas del CAIM, en Coespo, o al área de Atención a Migrantes de Derechos Humanos del Municipio, para ser trasladados a un albergue filtro, en el que según lo que se les informó pueden permanecer desde una hasta seis noches. 

“No tenemos un número exacto (de los expulsados), porque la autoridad americana únicamente pone a las personas de este lado del puente y muchos de ellos se van por otro rumbo. Estamos tratando de hacer el contacto, por conducto de Migración se está llevando a cabo esa tarea, que ellos nos digan en qué horarios van a pasar las personas para poder nosotros estar más organizados en cuanto a los traslados y recibir a estas personas”, informó Rogelio Pinal, director de Derechos Humanos del Municipio de Juárez. 

“No es momento de acercarse a la frontera, no es momento porque están siendo retornados. Y hay traficantes de personas y hay coyotes que les han engañado haciéndoles creer que como ya están pasando quienes se encontraban bajo el MPP, que ya también se les va abrir la puerta de par en par, pero no es cierto. No sabemos en qué momento va ocurrir esto. No sabemos si se va a levantar el llamado Título 42 en 15 días o en 15 meses”, destacó a su vez el director de Coespo.