Juárez
Especial (Parte 2 de 3)

Video y audio: Navajo, historial de contradicciones

Un testigo protegido fue el elemento más importante en el ‘juicio del siglo’ por el asesinato de 11 mujeres; sin embargo, en cada declaración fue cambiando su versión

El Diario de Juárez

Araly Castañón / Blanca Carmona / El Diario

domingo, 08 diciembre 2019 | 09:57

Ciudad Juárez.- En una revisión de al menos cuatro declaraciones ante el Ministerio Público antes del “juicio histórico” por el caso arroyo El Navajo en el 2015, se detectaron 24 irregularidades o contradicciones del “testigo estrella” en este proceso, un menor de edad identificado con las iniciales LJRL, alias “El Güero”.

Entrevista al testigo estrella de identidad reservada e iniciales LJRL, alias “El Güero

Este testigo protegido fue el elemento más importante de la investigación porque reveló toda la supuesta operación del secuestro e identificó a los responsables de la trata y homicidio de 11 mujeres, cuyos cuerpos se localizaron entre 2011 y 2012 en el arroyo El Navajo, en el Valle de Juárez.

Su madre declaró que a los 14 años su hijo predicaba la palabra de Dios y fue hasta los 15 años que “empezó a portarse mal” porque comenzó a trabajar para una mujer que vendía cigarros americanos de contrabando en el Centro de Ciudad Juárez.

La mujer –identificada con las iniciales MPEA- hizo esta declaración ante agentes del Ministerio Público el 2 de abril del 2013, cuatro días después de que su hijo, de entonces 17 años, fuera detenido por la Policía municipal con 48 envoltorios de mariguana en el Centro Histórico.

“Mi hijo estudió la primaria nada más, luego como a los 14 años se dedicó a predicar la Biblia para la Iglesia de Dios de la Profecía”, dijo la mujer en un testimonial que forma parte del expediente de investigación de Andrea Guerrero Venzor, unas de las víctimas.

Agregó que cuando su hijo tenía 15 años le preguntó por qué dejó de predicar, ya que su pareja sentimental era pastor. “Mamá, estoy haciendo cosas malas, por eso ya no voy a la iglesia”, fue su respuesta, relató la madre del “testigo estrella”.

En cambio, la declaración de “El Güero” ante agentes del Ministerio Público fue que de los 8 a los 11 años servía como anzuelo para secuestrar a mujeres en el Centro de la ciudad, y que entre los 13 y  los 15 trabajaba para la banda criminal “Los Aztecas”, dedicada a la distribución de drogas, trata de blancas y homicidio.

En los expedientes del Ministerio Público para la carpeta de investigación 2104-2112 se establece que el menor fue detenido por la Policía municipal el 2 de abril del 2013 en la zona Centro con 48 envoltorios de hierba verde, al parecer mariguana.

“El Güero” dijo a la Policía que sabía de la muerte de una mujer a quien le apodaban “La Gata”, y sin conocer más detalles del caso, los agentes de la unidad de menores infractores lo refirieron a la Unidad de Homicidios de Mujeres, ya que podría estar relacionado con la desaparición y muerte de Andrea Guerrero Venzor, Deisy Ramírez Muñoz e Idali Juache Laguna, establece un informe policial elaborado el 3 de abril por agentes del Ministerio Público.

En su primera declaración registrada el 4 de abril del 2013, el menor habla de la muerte de “La Gata” y reconoce el cuerpo de otra mujer: “Las dos distribuían droga en los bares del Centro, pero se robaron un maletín de puros billetes de 20 dólares; es como 'El Lágrimas' y 'El Poncho' las mataron”, dijo.

Recordó que esos hechos sucedieron entre 2008 y 2009, cuando él tenía entre 12 y 13 años.

También informó de la muerte de otras dos mujeres jóvenes, de quienes dijo igualmente que distribuían droga en el primer cuadro de la ciudad: “A ellas les habíamos entregado como 40 globos para vender en el Saussure, 40 globos de heroína”.

A ellas las metieron a un hotel de la avenida 16 de Septiembre, las sacaron en bolsas negras y las tiraron al viaducto Díaz Ordaz, una arteria cercana al Centro de la ciudad.

El asesinato de Nancy Gómez Farías, de 19 años, y el de Jusalet Alejandra de la Cruz Lucio, de 16, ocurrió el 12 de agosto del 2011. 

En ambos casos las mujeres se dedicaban a vender droga, aseguró “El Güero”, y ellas nunca fueron reportadas como desaparecidas.

Luego de hablar de la muerte de esas cuatro mujeres que conocía como distribuidoras de droga en el Centro de la ciudad, el menor continúo su declaración ante los ministeriales para reconocer a 8 de las víctimas del arroyo El Navajo.

Diligentemente dijo quién levantó a cada una de ellas en la zona Centro, entre los años 2009 y 2011.

Ahí fue donde empezó la historia de LJRL, quien tras ser detenido con droga fue identificando a mujeres que años atrás desaparecieron y sus cuerpos fueron encontrados en el arroyo El Navajo.

Cambia su versión

Antes del primer juicio, en abril del 2015, “El Güero” rindió al menos cuatro declaraciones en el 2013 ante autoridades de la Fiscalía General del Estado (FGE), en las que fue cambiando su versión, lo cual quedó registrado en los expedientes de las investigaciones de El Navajo.

Llegó al punto en que identificó a las 11 víctimas del arroyo El Navajo. Al principio dijo que los integrantes de su grupo “Los Aztecas” y él levantaron a las mujeres, y después ya no, sólo se refiere a “ellos”.

También agregó implicados que al principio no mencionó y cambió versiones de los sujetos que “levantaron” a las mujeres. Identificó a través de fotografías a acusados que en un inicio no reconoció, y a otros que ya había identificado, después no lo hizo.

A uno de los implicados, Jesús Damián Pérez Ortega, “El Patachú”, supuesto integrante de la banda en la que estaba, lo señala como secuestrador de mujeres, cuando en las fechas en que las víctimas desaparecieron estaba en prisión por traslado de droga.

En un juicio oral posterior afirmó que policías municipales lo torturaron para que confesara, y después lo negó.

Además, al principio declaró que los otros integrantes del grupo al que pertenecía sólo eran ‘halcones’ en el Centro, y en el juicio aseguró que se dedicaban a la distribución de drogas, homicidio, trata de blancas y extorsión.

También en su primera declaración establece que vendía heroína en el primer cuadro de la ciudad y que él era la mano derecha de “El Pifas”, el jefe de la banda de Los Aztecas a la que pertenecía.

Afirmó que “El Pifas” manejaba todo en el Centro y cuando no estaba él recibía el dinero y lo entregaba a un muchacho a quien le decían “El Negro”.

 “Al jefe del Pifas no lo conocemos ni sabemos cómo le dicen o cómo se llama. Cuando El Pifas no está yo he hablado con él, pero yo le digo patrón”, dijo LJRL en un testimonio levantado el 4 de abril del 2013 a las 11:20 horas por agentes del Ministerio Público.

Dos años después, en el primer juicio oral del caso arroyo El Navajo, afirmó que “El Pifas” era el líder de Los Aztecas, y que “El Patachú” era su mano derecha.

Al finalizar el “juicio histórico” sobre las 11 víctimas, el “testigo estrella” fue trasladado a otra ciudad para su protección. En el primer semestre del 2016 fue ubicado y se le realizó una entrevista.

A pesar de haber sido el elemento clave para la FGE en el primer proceso de El Navajo, “El Güero” vivía en una colonia de clase media baja. 

Explicó que el lugar donde vivía era una “tiendita” donde vendían drogas y el dueño lo había golpeado con un martillo mientras dormía.

Reveló que él andaba mal, que consumía ‘cristal’ y que tenía dos días “limpio”, es decir sin usar drogas, pero que estaba sintiendo “la malilla”, malestar que sienten los adictos cuando dejan de consumir.

Aseguró que en el juicio los investigadores del Ministerio Público no le pidieron contar ninguna mentira para acomodar los hechos y que lo único que le instruyeron fue que dijera fue que no le habían ofrecido dinero para declarar.

El “testigo estrella” repitió casi la misma historia que dijo en las audiencias y en varias ocasiones aseguró que no mintió ni a los fiscales ni en esa ocasión.

La confesión de “El Güero” fue una de las pruebas definitivas para que el Tribunal de Juicio Oral que llevó el caso sentenciara a 697 años y seis meses de cárcel a cinco hombres hallados culpables de prostituir y asesinar a 11 mujeres secuestradas en la zona Centro en los años 2009 y 2010, cuyos restos óseos se localizaron posteriormente en el arroyo El Navajo, en el Valle de Juárez.

Indagatoria sin sustento

El conocido “juicio del siglo” 267/14 por el caso arroyo El Navajo se desarrolló y juzgó básicamente con la declaración de un testigo protegido, una deficiente investigación por parte del Ministerio Público y falta de pruebas, entre otros, señalaron peritos especializados de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y un catedrático de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

La endeble investigación del caso se evidenció con falencias que un grupo de peritos especializados de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señaló en un reporte que en el 2015 entregó a la Fiscalía General del Estado, tales como que las líneas de averiguación parten exclusivamente de los testimoniales.

Los peritos coadyuvaron con la FGE en la investigación de este caso como parte de un convenio tras la sentencia del Campo Algodonero emitida por la CIDH en el 2009, por la muerte de Laura Berenice Ramos Monárrez, Esmeralda Herrera Monreal y Claudia Ivette González, cuyos cadáveres fueron encontrados en ese sitio en noviembre del 2001. 

Durante 51 días revisaron expedientes y carpetas de investigación del caso y al final emitieron un reporte y propusieron líneas de investigación.

Los cuatro especialistas de la Corte indicaron que en algunos expedientes no se incorporaron elementos de prueba objetivos que sostengan las declaraciones de los testigos.

En otros, las líneas de investigación son elaboradas a partir de información presentada por las familias, sin evaluar la pertinencia, calidad y fiabilidad de las fuentes y la información.

Además no se documenta claramente el proceso de evaluación de las fuentes y de la información obtenida, por ejemplo la verificación de datos provenientes de testimonios. También se señalan limitaciones técnicas en cuanto a la manera de tomar declaraciones o hacer entrevistas.

El catedrático de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) Alfredo Limas Hernández, coordinador del Observatorio de Violencia Social y de Género de esa institución e integrante de la Red Ciudadana de No Violencia, afirmó que el denominado “juicio del siglo” se realizó con “muchas faltas al debido proceso legal”, y por tanto la sentencia del Tribunal no tiene valor jurídico ni político.

“No hubo suficiente investigación de evidencias materiales, el trabajo forense o el trabajo pericial no fue realizado de manera adecuada”, expuso.

Dijo que el trabajo de la Fiscalía pudo haber sido más eficiente y el Tribunal omitió “cosas que un estudiante de Derecho sabría que son muy graves como para que puedan pasarse por alto”.

“Hay una serie de inconsistencias que haciendo un análisis conforme debido al proceso, falta un análisis técnico-jurídico, tanto de la Fiscalía como del Tribunal para acercarnos a la verdad histórica, porque la verdad histórica no la conocemos”, aseguró.

Para empezar, indicó, las investigaciones por las desapariciones de las mujeres nunca se realizaron de manera correcta, y la cuestión es que integraron “la teoría del caso” con muy pocos recursos forenses y de investigación.

En esa teoría del caso, la argumentación se funda en testimonios de un menor y de una víctima en los que de acuerdo con sentencias de otros jueces hay múltiples inconsistencias.

Y por último, las evidencias materiales no fueron investigadas de manera correcta, indicó Limas.

“Es una teoría del caso armada al vapor, sin suficientes recursos, está construida sobre dos testigos y en lo que yo conozco, antes de que un juez lo señale, esos testigos tienen testimonios con múltiples inconsistencias, incongruencias, contradicciones, y luego lo que sabemos es que hay evidencias materiales que no han sido investigadas de manera exhaustiva”, puntualizó.

Con todo esto, “cada día que pasa nos alejamos más de la justicia porque han pasado más de 10 años de las desapariciones del caso Valle de Juárez”.

Las discordancias

En una revisión de al menos cuatro declaraciones ante el Ministerio Público antes del “juicio histórico” por el caso arroyo El Navajo en el 2015, se detectaron 24 irregularidades o contradicciones de “El Güero”, “testigo estrella” en este proceso.

1.  La Madre de “El Güero” (MPEA) declara el 2 de abril de 2013: A los 14 años su hijo JLRL predicaba la palabra de Dios y fue hasta los 15 que “empezó a portarse mal” porque comenzó a trabajar para una mujer que vendía cigarros en el Centro de la ciudad, conocida como Lucy.

Dos días después, “El Güero” (JLRL) narra: Desde los 8 hasta los 11 años servía como anzuelo para secuestrar a mujeres en el Centro, después se juntó con Los Aztecas y era ‘halcón’ y vendedor de droga. A los 13 años su jefe “El Pifas” le ordenó que levantará muchachas en el Centro, del 2009 al 2011, es decir, de los 13 a los 15 años.

2. El 3 de abril de 2013, JLRL reconoce a ocho de las 11 víctimas:

-Andrea Guerrero. La levantaron “El Patachú” y “El Piwi” por la dulcería El Loco, enfrente del mercado Cuauhtémoc; es hermana de una muchacha que vendía heroína.

-Deisy Ramírez. Era familiar de uno de los que trabajan con Los Aztecas de apodo “El Chaparro”. La levantó “El Koyac” y “El Patachú”.

-Idali Juache Laguna. La levanté juntó con “El Gallo” en el mercado Reforma, ya que andaba con un ‘azteca’ y se la entregamos a “El Pifas”.

-Jazmín Salazar Ponce. La levantaron “El Patachú”, “El Piwi” y “El Pifas” y se la entregaron a “El Koyak” y a “El Yeyo”.

-Jessica Leticia Peña García. La puso el de Botas Caporal. “El Patachú” y “El Piwi” la levantaron cerca de la Mina, ya la habían visto en el mercado Reforma donde venden discos, se las presentó un chavo al que le dicen “El Cholo”, que era boxeador.

-Jessica Terrazas Ortega. La levantamos “Piwi” y yo y se la entregamos a “El Koyac”; se la entregaron al Chaparro, Gabriel.

-Mónica Liliana Delgado Castillo. La levantaron “El Pifas” y “El Patachú” por donde está la pila de La Chaveña y se la entregaron a “El Pifas”.

-Perla Ivonne Aguirre González. Me la entregó César en la Ecotienda y yo se la di a “El Patachú”. Se le bañó al César, tenía dos meses que vendía droga para César, mientras trabajaba vendiendo hamburguesas por la calle.

3. El 4 de abril de 2013 identifica a las 11 víctimas:

4. Idali Juache Laguna: También trabaja con los Quiroz, que son puestos de ropa y anduvo saliendo con “El Patachú” y él la levanta. En la ANTERIOR declaración dijo que la levanta con “El Gallo” en el mercado Reforma.

5. Jazmín Salazar Ponce. Yo la levanté junto con “El Piwi” en la zona Centro enfrente del mercado Reforma. “El Piwi” la violó en el hotel y ya no sé más. ANTERIOR: La levantaron Patachú, Piwi y Pifas y se la entregaron a “El Koyak” y a “El Yeyo”.

6. Jessica Terrazas Ortega. A ella la levantó “El Pifas” y “El Koyac” en el mercado Reforma. ANTERIOR: La levantamos Piwi y yo y se la entregamos a “El Koyac”; se la entregaron al Chaparro, Gabriel.

7. Mónica Liliana Delgado. A ella la levantó “El Pifas” y “El Patachú” en el mercado Reforma; cuando la levantaron tenía el cabello rojo o castaño. 

ANTERIOR: La levantaron “El Pifas’ y “El Patachú” por donde 

está la pila de La Chaveña

8. Perla Ivonne Aguirre  González. A ella la levantó enfrente del mercado Cuauhtémoc o la tienda econotienda “El Pifas”, “El Patachú” y “El Piwi” y yo ya que iba manejando la camioneta Expedition negra, vidrios polarizados. Nos la entregó un señor al que le dicen “El Félix”, quien es canoso y tiene rango ya que empezó de vendedor y después nos llamaba por radio para ponernos a las muchachas y de volada subió a ‘azteca’. Supe que esta chava se le bañó a César con el dinero de la venta de droga, ya que tenía dos meses trabajando para él ya que tenía dos meses vendiendo hamburguesas por la calle. 

ANTERIOR: Me la entregó César en la Ecotienda y yo se la di a “El Patachú”.

En esta declaración reconoce a otras tres mujeres que antes no había mencionado:

Lizbeth Avilés García. A ella la levanté en compañía de “El Piwi” y “El Patachú” por donde está la pila de La Chaveña.

Guadalupe Pérez Montes. A ella la levantó “El Pifas” y “El Yeyo” en donde están las peluquería enfrente del mercado Reforma.

Beatriz Alejandra Hernández Trejo. A ella la levantó “El Patachú”, “El Piwi” y yo también manejé la troca cerca de un pasaje en el Centro que se llama Plaza Juárez y la pusimos a vender droga, pero como era de confianza de “El Pifas”, éste le soltó 23 huevos y se bañó con todo. Inventó que la habían asaltado, pero nadie le creyó y estaba prendidilla de la heroína y creo que ella tenía dos hijos a los cuales les mandaba dinero con “El Piwi” o con Ivonne, que vende cigarros enfrente del mercado Reforma.

9. El 25 de mayo de 2013, a casi dos meses de la anterior del 4 de abril. Misma declaración del 4 de abril del 2013 y agrega: Recuerdo que llegue a acompañar a “El Pifas” al hotel Club Verde que está por la calle Samaniego, ya que ahí hacían juntas los de La Línea y Los Aztecas, pero yo me quedaba afuera del hotel esperándolo y los empleados del hotel cerraban el hotel, nadie entraba ni salía.

10. Variación: En la identificación de Jessica Leticia Peña García. El señor dueño de botas El Caporal, quien siempre tiene anuncios donde solicita empleadas, a quien sé que le dicen “El Chino” y es un señor ya grande, y quien también trabaja con Los Aztecas entregándoles muchachas y con esto no le cobran cuotas, le entregó a esta muchacha a “El Pifas”, pero la fueron a recoger “El Patachú” y “El Piwi”, y a ella ya la habíamos visto antes.

11. Variación: Lizbeth Avilés García. La levantó “El Piwi” y “El Patachú”.

12. Variación: Mónica Liliana Delgado. A ella la levantó “El Piwi” y “El Patachú” y a ella la trajo trabajando un señor canoso alto, le dicen “El Félix”.

13. Variación: Perla Ivonne Aguirre González. Se la llevaron en una Expedition negra vidrios polarizados, mexicana de color negro, vidrios polarizados y se las entregó el señor a quien ya dije que le dicen “El Félix”.

14. Variación: Beatriz Alejandra Hernández Trejo. A ella la levantó “El Patachú” y “El Piwi” y ellos se la llevaron en una troca y la levantaron.

15. Cuando ellos levantaban muchachas en el Centro, entre ellos se informaban de eso, porque había personas que las ponían y como los conocían ellos tenían que tener cuidado con eso.

16. Además que a estas muchachas las llevaban a dormir a la vecindad que ya mencioné. (Primera vez que menciona esto). 

Desde chico trabajé con mi tío al cual le apodaban “El Poncho” y él trabaja para los de La Línea y el rango de mi tío dentro de la organización es el 66 y se dedicaban a levantar muchachas para ponerlas a prostituirse y vender droga. Menciona que en la mayoría de las ocasiones las levantaban enfrente del mercado Reforma o el mercado Cuauhtémoc, por lo que después 

17. las trasladaban al Hotel Verde y que en ocasiones se las vendían a los soldados o se las llevaban para Chihuahua. (En las declaraciones del 4 de abril no menciona el Hotel Verde)

18. En la declaración del 3 de abril del 2013 se le ponen varias fotografías, entre ellas a Adrián Arturo Roldan de la Cruz, alias “El Z1” y no lo identifica, sólo reconoce a: 

Jesús Hernández Martínez, alias “Chuy”. Era azteca, era halcón, era cobrador, estuvo detenido y luego salió, no lo he visto desde 2009.

Manuel Vital Anguiano. Vende dulces enfrente de la cárcel de piedra, es azteca, es halcón, hace una semana detuvieron a “El Patachú” los municipales y este hombre gordo le avisó a los jefes y “El Patachú” salió en media hora.

Gerardo Puentes Alba. Es azteca, cobra droga y vende.

Eduardo Sánchez Hermosillo. Era amigo de mi tío Poncho, lo llegué a ver en el Hotel Club Verde, era azteca, esto como en el 2009, 2010.

Rafael Mena. Como en el 2008 vendía semillas en la Juárez, era halcón de La Línea y no lo he vuelto a ver.

Reynaldo Hernández Campos. Era de La Línea, no sé qué haga actualmente. Se juntaba antes con mi tío Poncho en el 2009, 2010 a levantar muchachitas.

César Félix Romero Esparza. Se dedicaba a vender cintos en La Paz y la Mina, él es de La Línea, conocía y trabajaba con “El Chore” y con mi tío Poncho. Él se dedicaba a levantar chavalitas, él es el que me entregó a Perla Ivonne Aguirre porque se le había bañado con mercancía, ya que él la puso a vender heroína.

19. Días después, el 11 de abril 2013, declara ante agentes del M.P.: De una lista de 41 personas no identifica a César Félix Romero Esparza, Manuel Vital Anguiano, Gerardo Puente Alba, Jesús Hernández Martínez, a quien en el ejercicio anterior reconoció. En esta ocasión sí identifica a Adrián Arturo Roldán de la Cruz, alias “El Z1”.

20. En el primer juicio, la defensora Jesenia Jáquez logró establecer que Jesús Damián Pérez Ortega, “El Patachú”, se encontraba a disposición del Juzgado Sexto de Distrito desde el 2005 por delitos contra la salud. Fue sentenciado a 10 años de prisión en el 2007 y obtuvo su libertad el 4 de diciembre del 2012, por lo tanto éste no pudo haber participado en los crímenes de las 11 mujeres que desaparecieron del Centro de la ciudad en el 2009 y 2012.

También la defensora dejó establecido que “El Patachú” se encontraba preso en un Cefereso en Monclova, Coahuila; en el Cefereso 9 Norte ubicado a la salida de Ciudad Juárez y en el Municipal de Juárez.

21. En su segunda declaración ante Ministerio Público asegura que “El Pifas” era su jefe y que él era su mano derecha. En el juicio declara que “El Pifas” era el jefe de Los Aztecas y que “El Patachú” era su mano derecha.

22. En las declaraciones del 3 y 4 de abril del 2013 señala a “El Piwi”, “El Patachú”, “El Koyac”, “El Yeyo”, “El Gera”, “El Cholo” y “El Erick” como halcones, y en el juicio oral asegura que en el grupo delictivo el papel que desempeñaba “El Koyac”, era distribuidor, homicidio y tratante de blancas. Mientras que “El Yeyo” y “El Piwi” eran además extorsionadores.

23. El 12 de septiembre del 2014 la Fiscalía General del Estado recoge un testimonial de JLRL, dentro de la carpeta de investigación 2104/2012. En esa ocasión reconoce en una fotografía a Fabiola Janeth Valenzuela Banda, quien desapareció el 23 de agosto del 2010, y asegura que era novia de “El Patachú” y se juntaba con el dueño del bar La Playa y un guardia del bar Al Buda. Sin embargo la muerte de Valenzuela Banda no se judicializó en el expediente del arroyo El Navajo.

24. En un segundo juicio, el 19 de agosto del 2015, por la muerte de Nancy Gómez Farías, de 19 años, y el de Jusalet Alejandra de la Cruz Lucio, de 16, LJRL declaró que el 2 de abril fue torturado por los policías municipales que lo detuvieron en el Centro de la ciudad. 

“Cuando llegamos al baño me quitaron la camiseta y el pantalón y me la volvieron a poner, nada más dejaron la parte de enfrente para arriba, me taparon la cabeza con la camiseta, y empezaron calentar un encendedor”, dijo.

Le quemaron los pezones, costillas, espalda y pecho. “Me repetían, no vas a hablar guey, no vas a hablar guey y yo les decía que no”.

Un policía le agarraba las manos y otro le daba “patadones” en el abdomen, espalda y en sus partes íntimas. Lo golpearon con el arma en las costillas, espaldas y piernas, y tres veces le pusieron una bolsa en la cabeza. “Y me hicieron tomar un vaso de agua con jabón de polvo Blanca Nieves, hasta recuerdo cómo era la bolsa de jabón”.

Los agentes querían arrancarle una confesión respecto a quién era su jefe, quién le entregaba la droga. 

El 29 de marzo del 2019, ante agentes de la Unidad Especializada contra el Servicio Público y el Adecuado Desarrollo de la Justicia, declaró que lo que había dicho en ese juicio del 2015 no era cierto, que no fue torturado. “Fue un tiro que me di con los policías municipales”.

Este trabajo periodístico es en colaboración con el Hub de Periodismo de Investigación de la Frontera Norte, un proyecto del International Center for Journalists en alianza con el Border Center for Journalists and Bloggers.

En la revisión de carpetas de investigación y sistematización de la información participaron: Adriana Acosta Domínguez, Ana Patricia Méndez García, Darian Larissa Pacheco y Leticia Castillo Ortega.