Juárez

Un artesano de la fotografía

Desde hace 26 años el cuarto oscuro ha sido la ‘iglesia’ del también profesor de la UACH

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

jueves, 19 agosto 2021 | 13:08

Cortesía / Jorge Cuevas | El profesional viene de una familia de fotógrafos Cortesía / Jorge Cuevas | El maestro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UACH (izquierda) Cortesía / José Luis González | Por sus manos han pasado alrededor de 500 cámaras

El olor a químicos en medio de la oscuridad bajo una tenue luz roja, la elección del papel, la medición del tiempo exacto y el esfuerzo por lograr la mejor edición artesanal en el revelado de una fotografía análoga son desde hace 26 años “la iglesia” del juarense Alfonso de la Mora Jara. 

Proveniente de una familia dedicada al revelado fotográfico y la fotografía de estudio, a los cinco años ya trabajaba en el cuarto oscuro, lavando las fotografías infantiles a blanco y negro, en el estudio de su tía Zenaida de la Mora, aunque fue hasta los 20 años cuando comenzó a revelar, recordó el juarense de 49 años de edad, en marco del Día Internacional de la Fotografía. 

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el 19 de agosto se celebra el Día Mundial de la Fotografía en homenaje a la presentación de la patente del daguerrotipo (un dispositivo que permitía registrar imágenes a través de un procedimiento químico, del francés Louis Daguerre), en 1839.

“Empecemos por el que yo nunca he dicho que soy fotógrafo, ni me considero fotógrafo”, destacó De la Mora Jara, quien a los 23 años, por curiosidad, disparó su primera cámara, una Minolta, cuyo modelo no recuerda, pero dijo que por la época debió ser una X370, ya que eran muy comunes en los años 80. 

Aunque su familia se dedicaba al revelado y la fotografía de estudio, tanto de identificación como de sociales, a él no le gustaba tomar fotografías por encargo o por trabajo, sino por gusto. 

Por un tiempo buscó crear proyectos de series de fotografías artísticas, sin embargo, finalmente decidió enfocarse en la raíz de la edición de la fotografía análoga, de la cual nunca se ha despegado. 

“Sigo tomando fotos, pero es nada más por cuestión personal, por ilusión, porque a final de cuentas en mi caso que yo utilizo la fotografía química o análoga, como le dicen hoy en día, siempre existe esa incertidumbre cuando uno toma una fotografía de saber cómo habrá quedado, hasta que no se hace el proceso del revelado es cuando uno se da cuenta de qué fue lo que tomó y cómo lo tomó. Esa parte y ese proceso es el que más me gusta y por eso a veces todavía agarro una cámara, y siempre tengo cámaras cargadas con rollo, porque me entusiasma eso. Pero en el aspecto de yo creerme o forjarme como un fotógrafo… eso ya para mí ya está descartado”, explicó.

Como artesano de la fotografía, un reto para Alfonso es sacar el mayor provecho a las imágenes que otros han captado. 

“Con el trabajo ajeno (cuando las imágenes son capturadas por alguien más) no es la misma incertidumbre, no es la misma sensación, pero es algo que me gusta hacer. Yo leo a mi modo el negativo y a lo que yo lo leo le imprimo, entonces le doy cierto realce en ciertas áreas donde creo que eso es lo más importante, que es ahora lo que hacen con Photoshop, pero pues antes se hacía todo manual a base de jugar con la luz, un tanto con el químico y los tiempos del revelado”, relató quien ve el proceso como un trabajo artesanal y no como un acto de “magia”. 

El cuarto oscuro “para mí ha sido mi lugar de trabajo por ya más de la mitad de mi vida. Y para mí sí representa mucho, tanto los aromas de los químicos, que a veces han sido motivo de burla al decir que me pongo loco con eso… Para mí es como un espacio en el que se produce algo que puede ser muy bueno, en el que cambia totalmente el ambiente común del día a día, porque aquí es trabajar en la oscuridad, o a luz roja solamente, es un ambiente muy distinto. Es un lugar especial, para mí es como mi iglesia, ahí es en donde yo encuentro el camino para tratar de ser feliz y estar contento”, confesó.

Desde hace años también se dedica a la compra y venta de cámaras análogas, por lo que estima que han pasado por sus manos unas 500 cámaras, de distintas marcas, modelos y formatos, la mayoría de las cuales ha disparado. Una de las últimas fue una construida en 1883. 

“Pero para mí, más importante que la cámara es tener la habilidad de hacer una buena foto”, destacó el también maestro de fotografía. 

Maestro por accidente

Hace casi 15 años, al enfermar su papá, Alfonso de la Mora Gutiérrez, él tuvo que sustituirlo en las clases de Fotografía Análoga en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) a los alumnos de la carrera de Ciencias de Comunicación. 

Desde entonces ha combinado su trabajo en el laboratorio con la academia, donde se emociona cuando al enseñar a sus alumnos a revelar, descubre “chispazos” de muy buenas fotos, y cuando nota en sus primeras imágenes capturadas a alguien que tiene “buen ojo” o las ganas para hacer fotografía. 

Y aunque la pandemia cambió la forma de dar clases, al maestro le ilusiona que este semestre la UACH volverá a abrir las puertas de su laboratorio para enseñar a sus estudiantes la raíz de la fotografía. 

A las apps ‘les falta’

“Ahora hay tanta imagen, hay tantas imágenes y mucha gente está haciendo imágenes, pero yo no lo considero fotografía. Para mí la fotografía es cuando se lleva todo un proceso para hacer la imagen y tenerla en las manos, no que no esté de acuerdo, pero no me entusiasma y para mí no tiene tanta validez una imagen electrónica, porque siento que le falta”, comentó. 

La mutación de las cámaras análogas a las digitales y los celulares es “una especie de democratización de la imagen”, en la que para De la Mora Jara ya no debería de aplicar el término de fotografía, porque “cualquier persona puede capturar imágenes, y la facilidad que hay hoy en día con la tecnología, de poder capturar cientos o miles en un solo instante y de todas esas poder escoger una, a diferencia de cuando uno usa un equipo en el que hay sólo un cierto número de disparos y hay que ser cauteloso, esperar el momento, hacer los ajustes idóneos para que realmente saliera bien la imagen… lo cual también significaba una gran pérdida, porque (a veces) se perdía la información”, opinó. 

Señaló también que la aplicación digital de Instagram se ha convertido en una plataforma para difundir la fotografía química. 

Y aunque no existe en Ciudad Juárez un lugar en donde comprar rollos, y en El Paso sólo los comercializa un negocio, dijo que pueden adquirirse por Internet, ya que este es un buen momento para experimentar la fotografía tradicional en la ciudad.

“Que lo intenten, que lo prueben, va a ser una inversión, desde la compra de la cámara, el material, el proceso de revelado. Pero ahorita es el tiempo de experimentar”, recomendó a los jóvenes juarenses. 

hmrtinez@redaccion.diario.com.mx

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