Juárez

‘Te buscaré siempre’, promesa de sus madres

Se han convertido hasta en investigadoras de la desaparición de sus hijas; luchan para evitar más casos

El Diario

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

domingo, 16 febrero 2020 | 10:39

Ciudad Juárez.- En la lucha contra el feminicidio, Juárez se ha convertido en la ciudad de las cruces rosas, un símbolo de identidad, denuncia, memoria y verdad ante la violencia contra las mujeres, cuyo rostro y voz han cobrado presencia a través de sus familias y activistas sociales. 

“Te buscaré siempre”, es la promesa que las madres le han hecho a sus hijas una y otra vez, convirtiéndose en las investigadoras de la desaparición, la trata y el feminicidio, pero también en quienes luchan para que otras familias no sufran la misma ausencia.

Desde hace casi 11 años Martha Rincón y José Luis Castillo se han dedicado a buscar a su hija, pero también a prevenir que otras menores desaparezcan. 

Esmeralda Castillo Rincón desapareció el 19 de mayo de 2009, a los 14 años de edad, cuando salió de su casa ubicada en la colonia Postal, en el norponiente de Juárez, para ir a la secundaria técnica 79.

La única certeza que tienen después de casi 11 años es que en 2012 fueron encontrados 10 centímetros de su pie izquierdo en medio del Arroyo El Navajo, en la Sierra del Valle de Juárez. Y aunque ellos mismos han recorrido kilómetros del desierto juarense y han encontrado más restos óseos de otras mujeres, ninguno ha sido identificado como de su hija.

“Cada vez es más triste, cada vez se me hace más pesado, cada vez me entra más desesperación de no saber dónde está ella, de que no hay ninguna investigación, que están pasando los años y no hay nada. Ya es mucho el cansancio, ya es mucho a veces el desánimo que entra de no saber dónde está ella, de que no haya respuesta. Pero vamos a seguir en la lucha hasta que mi padre Dios nos lo permita”, aseguró Martha el pasado 28 de diciembre, cuando partieron un pastel en el Centro de la ciudad para celebrar los 25 años del nacimiento de su hija.

Martha y José Luis imparten talleres de prevención en secundarias de la ciudad, donde narran a los estudiantes la historia de su hija y les dan una serie de recomendaciones.

Como ellos, otros padres se han refugiado en la literatura, su voz y otros recursos gráficos para llamar la atención de los juarenses y de las autoridades locales, estatales y nacionales, para pedir ayudar en su búsqueda con vida o justicia por su asesinato. 

Estos trabajos de prevención, rastreos e investigación “son muy peligrosos, pero ellos lo van a seguir haciendo porque algo les aporta en lo más hondo de su propia vida, les da poder de seguir, y en muchas ocasiones tienen más información para entender que es algo que no se va a resolver mañana, porque además no es nada más su historia, son tantas. Y eso a la vez les da fuerza, resiliencia”, explicó el investigador Alfredo Limas Hernández.

Dan voz a sus hijas

Para el director del Observatorio de Violencia Social y de Género de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), las madres desarrollado otro tipo de habilidades y se han vuelto agentes de investigación, pero también agentes políticos. 

“Las madres han formado una agencia defensora de derechos humanos, son sujetas y grupos que saben que se enfrentan a algo más que la sola desaparición o el asesinato de un familiar. Por un lado, tienen una capacidad que las fortalece desde su condición de víctimas de la violencia, para continuar, para buscar a su hija. Y también como sujetas políticas cerca de otras familias víctimas, se acompañan y se entienden, pueden hacerse próximas, cercanas a quienes están en los primeros meses de una experiencia similar”, destacó Limas Hernández. 

Las familias han encontrado sus propias herramientas, capacidades y aptitudes para enfrentar otros retos. Se vuelven resilientes, poderosas, solidarias y de mucha dignidad, a pesar de las circunstancias de victimización, subrayó.

Al paso de los días, meses, años de búsqueda, “desarrollan toda esa capacidad, toda esa fuerza, defender la dignidad a costa de mucha agonía, a costa de aprendizajes muy duros, de acosos y amenazas, a costa de la desolación, de a veces no tener consuelo de nadie. Se tienen que enfrentar, afrontar y desarrollar muchas capacidades con todas esas cicatrices, con todas esas dificultades en donde cada vez aprendes más de las miserias humanas, de las corrupciones políticas y del tamaño del mal y de la criminalidad. Eso es de repente para volverte loco, para perder toda esperanza”. 

Las madres de las víctimas de desaparición y feminicidio pagan con mucha tristeza cada día, lamentó Limas Hernández, quien las ha acompañado tras la ausencia de sus hijas.

Apuntó que cada vez hay una mayor conciencia de las dificultades, pero también de que lo que hacen es lo correcto, y eso les permite continuar a pesar de que a veces es “desesperante, desesperanzador y con mucha soledad”. 

“No ven señas de que algo cambie, ven señas de que lo que se hace no es suficiente, pero eso lamentablemente es una mayor conciencia de que ellas no son las responsables, de que no tuvieron la culpa, pero es algo que les robó la tranquilidad, la seguridad y la salud”, destacó el catedrático. 

Esas madres, acompañadas por personajes como el propio Limas Hernández, jurídicamente por organizaciones como la Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez y el Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social o en la exigencia de justicia por movimientos feministas como Hijas de su Maquilera Madre, son además quienes han dado voz a sus hijas. 

“Igualmente, reposicionan mediante las fotografías la imagen de quien no está físicamente en el espacio negativo de la civilización”, explica la investigadora de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), Julia Monárrez Fragoso, en su artículo “Feminicidio sexual sistémico: impunidad histórica constante en Ciudad Juárez, víctimas y perpetradores”.

“Las víctimas, tanto las desaparecidas como las asesinadas, aunque ya no pueden hablar, permanecen constantemente en el espacio público. Su voz silenciada cobra presencia con las otras víctimas: sus familiares, quienes reclaman el trato inhumano y el sitio al margen de la humanidad y la civilización que se les ha dado a sus mujeres. Desde la experiencia de sufrimiento social situada, por medio de las técnicas de la metodología de las oprimidas, hacen uno de su voz para reclamar la impunidad e injusticia”, explicó. 

Símbolos de denuncia

Y un apoyo a esas voces de reclamo contra el feminicidio han sido las cruces rosas que en el mundo identifican a “las muertas de Juárez”.

Dichas cruces “se han convertido en un símbolo muy poderoso para las madres, son un elemento de identidad, de denuncia, de memoria y verdad ante la violencia, frente a todo esto que es un sistema que tiene dimensiones estructurales de violencia de género en un entorno en donde cada vez hay más circunstancias de inseguridad humana y de violencia”, apuntó Limas Hernández.

Aunque a nivel público y en experiencia colectiva las cruces negras pintadas sobre un cuadro rosa en las calles de Juárez se pueden perder como otra imagen, además se han enfrentado a desdibujamientos, a los dichos oficiales de que no existía la violencia o que no era de esa magnitud. 

Sin embargo, tras más de dos décadas son un símbolo que pervivió esa memoria, que hoy es reconocido y respetado, y que es además una huella del dolor que ha vivido la ciudad. 

“Pero es necesario además transformar las condiciones de la vida social en el Centro de la ciudad, y construir una cultura cívica por la igualdad, por la dignidad. Será mucho más complicado porque lo que tenemos es una violencia feminicida que es estructural y que está anclada en las condiciones de producción de la vida social… tiene que ser una agenda apolítica, significa reconstruir mucho del Estado”, señaló el catedrático. 

Mientras tanto, las madres continúan investigando, exigiendo, llamando la atención de la comunidad y prometiéndoles a sus hijas un “te buscaré siempre”, en calendarios, paletas, playeras, postales, poemas y cartas, las cuales forman parte del acervo histórico y cultural sobre la violencia feminicida en Juárez “Entre Cruces”, de Limas Hernández.