Sufrió como rescatista los peores años de Juárez

Adrián descubrió su vocación hace más de 2 décadas; hoy es jefe del departamento

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez
miércoles, 10 abril 2019 | 06:00
Rey R. Jáuregui / El Diario de Juárez

Ciudad Juárez— “Valorar la vida cada minuto” es la mayor enseñanza que le han dejado a Adrián Oswaldo Ramírez Hernández más de dos décadas de trabajo como rescatista en Ciudad Juárez, donde ha sido testigo de las etapas de mayor violencia en la historia reciente.

Hace 21 años Adrián estudiaba Psicología, pero un accidente automovilístico en el que fue atendido por paramédicos lo hizo descubrir su verdadera vocación, por lo que comenzó a laborar como voluntario en la Cruz Roja y luego en Rescate, donde actualmente es el jefe del departamento.

“Cuando empecé como voluntario mi mamá estaba muy nerviosa, me decía que ni creyera que ella me iba a planchar mis uniformes”, recordó quien a los 25 años decidió dedicarse a salvar vidas.

Adrián recuerda que su primer servicio en una ambulancia fue la atención a un hombre atropellado, con una fractura de fémur, en las calles Óscar Flores y Camino Viejo a San José.

“Las primeras veces tus compañeros te ayudan mucho, siempre tienes que pensar lo peor para estar preparado al momento de llegar”, confesó.

Además de diversos nacimientos, entre los hechos que más recuerda se encuentran las atenciones a niños, mujeres víctimas de violencia de género y trata de personas, y dos casos de camiones de pasajeros entre 2007 y 2008, uno al chocar con un camión que transportaba varillas y otro luego de explotar, con un saldo de 26 personas calcinadas.


Testigo de la mayor violencia

Adrián también ha sido testigo de los hechos más trágicos en la historia reciente de Ciudad Juárez, como el multihomicidio de Villas de Salvárcar, la explosión de la maquiladora Blueberry, las amenazas a los cuerpos de auxilio y hasta tener que forcejear con un herido de bala que trató de dispararle al atenderlo.

“En esa época tuvimos fuertes amenazas, nos tocó ver a mucha gente en agonía, heridos de arma de fuego… trataba de evitar llevar todo eso a la casa”, recordó el actual padre de dos hijos de nueve y 16 años de edad.

El 13 de marzo de 2010, el año de mayor violencia en la ciudad, él tenía permiso para estar en el hospital durante el nacimiento de su segundo hijo, y de ahí moverse a cualquier emergencia, por lo que después de ser padre por segunda vez tuvo que trasladarse a apoyar a los heridos de un ataque a balazos.

El hecho resultó ser un ataque diplomático a Estados Unidos, ya que las víctimas mortales fueron una empleada del Consulado en Ciudad Juárez y su esposo, un policía del contado de El Paso.

Ese mismo año, le tocó la masacre de Villas de Salvárcar, donde perdieron la vida 15 personas y 10 más resultaron heridas, pero cuando él llegó los heridos ya habían sido trasladados a hospitales por sus familiares.

En los años en los que Juárez fue considerada como la ciudad más violenta del mundo, también atendió el llamado del hallazgo de una mujer encontrada dentro de un contenedor de basura en el norponiente de la ciudad. 

“La dejaron viva todavía, pero murió varios días después”, recuerda luego de que la prensa internacional ha destacado a los cuerpos de rescate de esta frontera como los más capacitados a nivel mundial en casos de trauma, debido a las miles de atenciones a heridos de arma de fuego.

Pero en 2011, los cuerpos de rescate comenzaron a trabajar bajo amenaza, luego de que una ambulancia de Urge que trasladaba a un herido de bala en el fraccionamiento Riberas del Bravo, fuera interceptada por los sicarios para rematar a su víctima.

“Les perdonaron la vida a los paramédicos… después por la frecuencia nos amenazaban a todos. Una vez en un lesionado en la calle Morelia llegaron a disparar a todos, llegamos a atender la emergencia y cuando lo estábamos atendiendo abrieron fuego, arrastré al paciente hasta donde estaba la ambulancia para resguardarme y resguardarlo”, narró.

Para entonces, las ambulancias ya habían comenzado a trabajar bajo un protocolo de seguridad en las escenas del crimen, a donde ingresaban a atender a las víctimas hasta que la zona estaba acordonada y vigilada, sin embargo, ese día a los sicarios no les importó la presencia de la Policía Federal, la Policía Ministerial, el Ejército Mexicano y el grupo especial de Boinas Rojas de los militares, “se regresaron y abrieron fuego” aproximadamente a una cuadra de distancia.

Las amenazas nunca hicieron dudar a Adrián sobre su vocación, pero en 2010 sí creyó que moriría cuando acudió a atender a otro herido por arma de fuego dentro de un vehículo, en el cruce del bulevar Zaragoza y la calle José Reyes Estrada.

“Acudí a atender un lesionado por arma de fuego, tenía seis impactos de bala, en el abdomen y los brazos, pero había perdido mucha sangre y estaba ‘shokeado’; le estaba checando los signos vitales cuando sacó una escuadra de la guantera y quería dispararme, pensó que yo lo estaba atacando y tuve que forcejar con él para quitarle el arma”, recordó.

Él logró salvar su vida gracias a que los policías federales que resguardaban la escena del crimen lograron a ver la acción dentro del vehículo y le ayudaron a quitarle el arma.

“Esa vez sí pensé que me iba a matar”, confesó el jefe de Rescate, cuyos elementos mantienen actualmente el mismo protocolo de seguridad que entonces, debido al incremento de violencia registrado en la ciudad desde el año pasado.

Y aunque confesó que llegó un momento en el que se sentía agotado ante tanto trabajo, inseguridad y estrés, dijo que sus compañeros lo ayudaron a seguir laborando en la profesión que deja lesiones de columna vertebral como mayores estragos físicos.

El 24 de octubre de 2013 fue testigo de otro hecho trágico en la ciudad, la explosión de la maquiladora Blueberry, en la que murieron ocho personas y 21 más resultaron heridas.

“El riesgo de meterse a sacar a los heridos fue de los policías municipales, porque ellos fueron los primeros en llegar, sacaron a los heridos de las calderas, improvisaron las puertas como camillas para sacarlos; yo atendí a seis quemados, todavía estaban vivos, pero murieron”.

El espíritu de servicio, la vocación, el respeto a la comunidad y el amor al prójimo son las características de los paramédicos de Ciudad Juárez, destacó Adrián, quien siempre busca que su equipo de trabajo no pierda el sentido del asombro y el humanismo, a través de visitas a lugares como asilos, hospitales y niños con cáncer.

Actualmente el Departamento de Rescate cuenta con 54 elementos en Ciudad Juárez, entre ellos siete mujeres, y cuatro mujeres más en Samalayuca. 


Su vida como socorrista:

1998 – voluntario en Cruz Roja y Rescate

1998 – paramédico nivel básico en Rescate

2000 – paramédico nivel medio

2002 – sargento

2006 – teniente

2008 – capitán 

2017 – capitán primero

2018 – comandante / jefe del 

                Departamento de Rescate


Los hechos más sagrientos

• Multihomicidio de Villas de Salvárcar

• Explosión de la maquiladora Blueberry

• Amenazas a los cuerpos de auxilio

• Ataque a funcionarios del Consulado



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