Juárez

Su pasión lo lleva a cumplir un reto

Roberto Prieto ha adaptado libros al braille para que personas con discapacidad visual aprendan un instrumento musical

Carlos Sánchez / El Diario de Juárez / Su modelo busca ser replicado en otras regiones del país como Chihuahua, Ciudad de México y Puebla
Carlos Sánchez / El Diario de Juárez / El maestro muestra los libros adaptados al sistema de lenguaje braille
Carlos Sánchez / El Diario de Juárez / Es docente de la licenciatura en música de la UACJ

Eduardo Lara
El Diario de Juárez

lunes, 21 septiembre 2020 | 10:35

Dominar un instrumento musical puede ser complicado para muchas personas, aprender a tocarlo y leer sus partituras implica horas e incluso años de esfuerzo y dedicación. Sin embargo, el reto se vuelve aún más grande cuando la persona carece del sentido de la vista y su aprendizaje parece una misión imposible. Este desafío lo asumió Roberto Prieto desde hace siete años.

La pasión por la música ha llevado al fronterizo a ser docente de la licenciatura en Música en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y actualmente es coordinador del proyecto de enseñanza musical en el Centro de Estudios para Invidentes A.C. (CEIAC), desde donde ha desarrollado libros adaptados al sistema de lenguaje Braille para que niños y jóvenes con discapacidad visual aprendan a dominar un instrumento.

Desde el 2013 a la fecha, Roberto ha adaptado e imprimido tres libros de partituras con el sistema de lectoescritura basado en símbolos para cada letra o número combinando 6 puntos en relieve, para facilitar la enseñanza y aprendizaje de la música en personas invidentes en la frontera, modelo que busca ser replicado en otras regiones del país como Chihuahua, Ciudad de México y Puebla.

“Yo soy músico profesional, además de diseñador gráfico, hice las dos licenciaturas al mismo tiempo, y al terminar mis estudios tenía que presentar un proyecto de investigación, así que me dediqué a indagar sobre la educación musical, y como parte de mi tesis en diseño propuse la elaboración de libros para enseñar a personas ciegas a leer y escribir partituras, así fue como empezó todo”, comparte.

Desde las instalaciones del Ceiac, Roberto cuenta cómo su pasión por la enseñanza y la música, lo llevaron a participar en diferentes actividades para difundir esta disciplina en beneficio de la comunidad juarense, sobre todo, en niños y jóvenes.

“Además de las clases en el centro, también imparto clases en la licenciatura en música de la UACJ, y en orquestas sinfónicas juveniles e infantiles, además de que junto con otra asociación civil organizo una orquesta en la primaria Nueva Generación”, comenta.

“También tengo un cuarteto de música clásica y hacemos conciertos didácticos, así que tengo la oportunidad gracias a Dios de llevar la disciplina musical a diferentes facetas, todo en beneficio de la comunidad”, agrega.

A lo largo de la plática, Roberto explica que el primer volumen que imprimió fue en el año 2014, el cual le facilitó la enseñanza a los alumnos ante la falta de material de ese tipo en la ciudad.

En el 2016, a través de una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), continuó con sus estudios de maestría en procesos creativos, lo que lo llevó a imprimir el volumen dos; el libro presentaba retos más grandes como la conformación de duetos y repertorio orquestal.

Para el 2018 imprime el volumen tres, en el que abarca otros aspectos como la manera de escribir partituras y otros arreglos para explotar el potencial del estudiante.

“Es un proyecto de alto impacto social, porque empecé a diseñar mis propios libros para que los alumnos pudieran leer la música en braille y ejecutar instrumentos como piano, violín, acordeón, guitarra, entre otros. Fue todo un reto generar estos materiales, todo es fabricación mía, no se enviaron a ninguna imprenta o editorial”, explica.

En los últimos siete años, el proyecto de enseñanza musical en el centro ha tenido tal impacto que de cuatro estudiantes con los que empezó el programa, hoy cuentan con un total de 22, además de seis profesores.

“Ahora me encuentro estudiando mi doctorado, y este es mi tema de investigación, quiero seguir ayudando a estos jóvenes y a la comunidad a través de la música”, comentó.

El Diario (ED).- ¿Qué ha sido lo más complicado que has tenido que enfrentar para lograr tu objetivo?

Roberto Prieto (RP).- “Uno de los principales retos es que los jóvenes no ven, y tienes que valerte de muchas otras herramientas que no son visuales, así que no puedes usar una partitura convencional, tienes que ser muy descriptivo. Además de que este tipo de materiales no son muy accesibles y en el caso de Juárez no encontré nada que pudiera comprar o tener a la mano para apoyarme, es por eso que tomé la decisión de fabricar mis propios libros y hacerlos accesibles para los niños”.

“El no encontrar los materiales no me detuvo, afortunadamente he podido compartir este conocimiento para que puedan replicarse en México, Puebla y otras regiones del país, para que a través de ellos se puedan cerrar estas brechas comunicativas, porque la disciplina musical es muy benéfica para los niños y con esto los podemos acercar aún más”, dice.

“Antes de empezar el proyecto, fui a otra asociación y me cerraron las puertas, el motivo fue que no querían que un universitario fuera a experimentar, al final llegué al Ceiac y la directora nos dio la oportunidad. En un principio todo fue como voluntario, no recibía ningún pago y cuando hubo resultados pudimos comenzar a fondear los proyectos a través de becas y otros organismos para comprar los instrumentos, pagar a los maestros y fue así como el programa fue muy cobijado”, recuerda.

Nuestro entrevistado relata que además de música, el centro enseña a los alumnos actividades como el correcto uso del bastón para desplazarse, lectura de braille, entre otras para que puedan valerse por sí mismos, todo sin costo alguno o con recuperaciones simbólicas.

“Por medio de la asociación se le dan sus libros y todas las herramientas para potencializar su talento, cada instrumento es un mundo, a lo que me dedico es a diseñar y buscar adecuaciones para suplir la parte visual. En el Ceiac se atienden a niños desde 1 año en adelante, así como personas adultas; en mi caso, el estudiante más joven tiene 5 años, mientras que el más grande tiene 25, dos de mis alumnos incluso ya entraron a la universidad a estudiar su licenciatura en música”, explica.

“Enserio que los ciegos tienen un súper poder, porque su oído es muy fino, pueden identificar las notas súper rápido, y ¿qué pasó?, que los jóvenes descubrieron su talento y empezaron a interesarse más en la música. En la universidad apenas se está empezando a enseñar con estos materiales, precisamente a raíz de la llegada de estos dos estudiantes y la idea es generar espacios más inclusivos para ellos”, dice entusiasta.

Roberto agrega que ha comenzado a diseñar señalética especial en braille para la UACJ, con la intención de ofrecer a los estudiantes espacios donde puedan desplazarse sin barrera alguna.

Mientras que en la asociación han adquirido una impresora especial para seguir elaborando material para los alumnos, aparato que sería el más sofisticado de su tipo en la ciudad.

ED.- ¿Cuál sería tu mayor satisfacción con los resultados de tu trabajo?

RP.- “El aplicar uno de los ejemplos que me enseñó mi mamá; ella es profesora jubilada, y siempre me dijo que todo tu esfuerzo debe ayudar a los demás, es una gran satisfacción que por medio de los estudios que tengo puedo verlos reflejados en conocimiento práctico para alguien que lo necesita, los niños ciegos son personas vulnerables porque incluso en las escuelas, los apartan porque no saben cómo enseñarles”, confía.

“Ha sido bien difícil desde conseguir el dinero, la impresora, los maestros; es mucha gestión para obtener los fondos través de la asociación, y la motivación más grande es ver cómo se benefician otras personas (...)  tengo una alumna de 8 años que toca el cello y ella me decía que estaba bien contenta porque sabía hacer algo que su mamá no, ella una niña que a la que toda la vida otros le hacían todo, y el hecho de que por este proyecto ella pudiera hacer algo en lo que destaca, su autoestima, su seguridad se elevó y eso es lo que nos gusta hacer, generar verdaderos cambios en estos niños”, comparte.

“Es un trabajo arduo, pero comentarios como estos hacen que me vaya a la cama tranquilo, son muchos años de sacrificio, de estudiar y hacer proyectos de investigación, pero al final del día me alegra saber que todo es para que tengamos una mejor comunidad. Con sólo decir que en la universidad hay dos alumnos ciegos que salieron de este programa me llena de orgullo y satisfacción porque descubrieron su potencial gracias a este proyecto que inicié hace 7 años”, explica.

ED.- ¿Qué mensaje le darías a todos los lectores después de compartir tu historia?

RP.- “Sólo que seamos más empáticos e inclusivos, que brindemos espacios más accesibles para personas con alguna discapacidad y hagamos valer sus derechos, simplemente que los consideremos como parte de nuestra sociedad”, puntualiza.

elara@redaccion.diario.com.mx