‘Son lo que quieren ser’

En Chihuahua existen alrededor de 90 personas que han logrado cambiar su identidad y género legalmente, 23 de ellas en Ciudad Juárez

Hérika Martínez Prado/
El Diario
martes, 13 agosto 2019 | 06:00

Cuando Deborah y Daniel sostuvieron por primera vez en sus manos un documento oficial con su nueva identidad sexogenérica, tuvieron un sentimiento en común la felicidad de finalmente haber logrado “ser lo que quieren ser”, así describen ellos las lágrimas y la emoción que sintieron al ser reconocidos oficialmente con otro sexo.

Ambos han servido como precedente para otros hombres y mujeres transgénero en Ciudad Juárez. Ella fue parte de las 47 organizaciones del país que lograron la Ley de Identidad en la Ciudad de México, mientras que él fue el primer juarense trans que obtuvo legalmente el cambio de nombre en el Registro Civil de Chihuahua, el 20 de agosto del año pasado, a través de un amparo.

De acuerdo con el presidente del Centro Humanístico de Estudios Relacionados con la Orientación Sexual A.C. (Cheros), Luis Mendoza Padillas, actualmente existen en Chihuahua alrededor de 90 personas que han logrado cambiar su identidad y género legalmente, 23 de ellas en Ciudad Juárez; “pero la cifra no representa ni el 3 por ciento de las mujeres y los hombres trans que viven en el estado”.

Cheros ha apoyado de manera gratuita a 60 trans que han logrado modificar su identidad a través de un amparo en el Estado, entre ellos un menor de edad. Y alrededor de 50 personas más, 20 de ellas en esta frontera, se encuentran apenas en el trámite.

Los otros 30 casos que ya lo han conseguido, ha sido a través de la vía civil en el Estado, por medio de abogados particulares, aproximadamente en ocho en esta frontera.


CONTRA LA TRANSFOBIA

Deborah Álvarez Fernández nació en Gómez Palacio, Durango siendo hombre, pero siempre sintió que dentro de su cuerpo había una mujer, por lo que hace 16 años fundó el Colectivo Fanny de Mujeres Transgénero de Ciudad Juárez, a través del cual lucha contra la transfobia y la falta de políticas públicas.

“Yo fui una de las primeras personas que cambió sus documentos hace cuatro años. Fue sentir que soy yo, esa es mi experiencia al haber adquirido los documentos, pero en la práctica es otro rollo, desgraciadamente no contamos con las políticas públicas que beneficien o que ayuden o que protejan a las personas trans”, lamentó la activista al denunciar la transfobia que existe en la ciudad. 

Después de luchar desde 2008 para exigir los derechos de los transgénero, en 2015 logró su cambio de identidad en la Ciudad de México.

“Toda mi vida he sido trans y me dio mucha alegría pensar que ya soy yo… lloré, un día antes estaba llorando porque yo sabía que al día siguiente ya era mi cambio, estaba llore y llore en la noche, hablándole a todos mis amigos, porque ese es un sueño; ser tú”, narró.

Pero “ser ella” jurídicamente no le bastó para frenar la discriminación, ya que para una mujer trans sólo hay tres caminos “o das show, o cortas el cabello o ejerces trabajo sexual”, demandó.


UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Daniel Leonardo García Salinas es historiador, y fue el primer juarense transgénero que logró el cambio de identidad en el estado. Él nació el 19 de septiembre de 1985 en Ciudad Juárez, pero en su nueva acta fue registrado el 20 de agosto del año pasado en la ciudad de Chihuahua.

Su trámite tardó seis meses, aunque actualmente el tiempo estimado es de dos, según los datos de Cheros, la organización que lo apoyó en el proceso de amparo.

“A finales de julio se dio la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a mi favor declarando inconstitucional que me negaran el trámite y el 20 de agosto me emite el acta el Gobierno del Estado”, recordó quien eligió llamarse Daniel Leonardo para que las iniciales concordaran con los nombres que tenía como mujer y no tuviera mayores problemas al tener que cambiar su firma, su Registro Federal de Contribuyente (RFC) o su Clave Única de Registro de Población (CURP), donde lo único que cambió fue su sexo.

Por ser el primer juarense en lograr el amparo, tuvo que hacer su proceso en la ciudad de Chihuahua, mientras que el resto ha llevado el trámite en esta ciudad.

Lograr el cambio oficial de su nombre y leerlo por primera vez en su acta de nacimiento lo llenó de emoción, era una segunda oportunidad de vida, de la vida que él quería y que hasta entonces le había sido negada, ya que un mes antes había perdido su trabajo a causa de la discriminación. 

Al ver su acta “estaba todo nervioso, estaba risa y risa; parecía niño chiquito. No lo podía creer y más porque llega en el momento justo de que había perdido mi empleo, caí en una depresión, tenía ideas suicidas, estaba yo muy mal emocionalmente y cuando llega lo de mi cambio de nombre fue como maravilloso porque me dio esa oportunidad de salir adelante”, narró.

Daniel creyó que en ese momento había terminado su lucha por ser quien quería ser, sin embargo “en realidad comenzaba, porque la siguiente odisea es ‘ok, ya tengo un acta y ¿ahora qué hago?’. La siguiente lucha fue comenzar a cambiar documentos”.

El primer paso fue tramitar su credencial de elector, donde la funcionaria casi lo acusó de falsificar documentos, debido a que a diferencia de la Ciudad de México, en Chihuahua las actas no llevan “notas marginales” evidenciando el cambio de nombre y género. 

También modificó todo su historial académico, desde los certificados de primaria y secundaria hasta en la universidad. Pero Daniel se encontró con otra barrera: no tenía historial laboral, lo que logró con su nueva identidad.

A casi un año de “volver a nacer”, Daniel asegura que ahora para él es “mucho más sencillo vivir, simplemente; ir a todos lados y ser reconocido con la identidad con la que yo me identificó. En mi caso esto ha sido una segunda oportunidad”, aseguró quien actualmente se somete también a un proceso hormonal que le permitirá engrosar la voz, generar vellosidad, disminuir la grasa de los pechos, desaparecer la menstruación y aumentar su musculatura.

Según datos de Cheros, las edades principales de quienes deciden cambiar de identidad y género se encuentran entre los 22 y 30 años, y muchos son estudiantes o profesionistas, como médicos, ingenieros y abogados, quienes no pueden desarrollarse profesionalmente porque su imagen no correspondía con su identidad jurídica.