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Juárez

Se convierten en artesanos de la paz

Personas a partir de los 17 años trabajan en encuentros, campamentos, talleres y diplomados

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez

jueves, 08 septiembre 2022 | 06:00

Tomada de Facebook

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Ciudad Juárez.— De la desesperanza de la violencia a la construcción de la paz, jóvenes juarenses forman parte de la Red Juvenil Ignaciana (RJI) y del Centro de Espiritualidad San Francisco Javier (Cejavi) de la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús. 

La RJI promueve la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, mientras que el Cejavi es una propuesta de articulación y formación juvenil del equipo de Vocaciones y Juventudes Jesuitas México, la cual actualmente está integrada por parroquias, colegios, universidades jesuitas y grupos juveniles interesados en el carisma ignaciano.

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Su misión es acompañar, formar y articular los procesos juveniles de manera que se fortalezca su identificación con Cristo y se exprese en una elección vocacional con compromiso con la fe y la justicia.

Alejandro Durán, hermano del juarense César Gonzalo Durán, desaparecido el 19 de julio de 2011 en Cuauhtémoc, y coordinador del Colectivo de Familias Unidas por la Verdad y la Justicia, es integrante de la Red Juvenil Ignaciana en Ciudad Juárez, por lo que a través de sus redes sociales habló sobre “¿cómo tener esperanza en medio de tanto sufrimiento en un México?”

“Es urgente volver a nuestra humanidad, porque es precisamente ahí en donde está la respuesta. Dios está en nuestras acciones… en nuestra decisión de acompañar a quien sufre. Percibe, hay quien sana desde la escucha, hay quien camina exigiendo justicia, hay quien da su vida para generar cambios estructurales. Hay que discernir cómo ser artesanos de la paz”, destacó el juarense. 

Dijo que “ante los estragos de tantos hechos violentos, como los asesinatos de nuestros hermanos jesuitas en Cerocahui, es comprensible que nos preguntemos en dónde está Dios, ¿dónde está?, cuando hay más de 100 mil personas desaparecidas, cuando las estadísticas de abuso infantil son aberrantes y los homicidios no cesan”.

Por ello, el activista invitó a los jóvenes de esta frontera a “mirar, tocar y acompañar a las víctimas”. Y destacó la falta de oportunidades, el daño en el tejido social y la cosificación del hombre y la mujer, como casos de la violencia social. 

Explicó que a través de encuentros, campamentos, talleres y diplomados en ambos grupos jóvenes desde los 17 años de edad trabajan por la paz. 

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