Juárez

Se aferran ‘botelleros’ a su oficio

Roberto Martínez y Luis Cortines mantienen a sus familias vendiendo materiales reciclables al kilo

Omar Morales / El Diario de Juárez / Casas de la colonia Ricardo Flores Magón, donde varias personas se dedican a ese trabajo
Omar Morales / El Diario de Juárez / Carro en el que recorren las calles en busca de artículos

Luis Carlos Cano
El Diario de Juárez

sábado, 16 enero 2021 | 12:18

Desde muy temprano, Roberto Martínez y Luis Cortines se alistan y tras colocarle cada quien la guarnición a sus caballos, los atan al carro con el que se van a recorrer las calles en distintas colonias buscando artículos usados, sobre todo los que tienen metales, para después ir a venderlos a los establecimientos que los reciclan.

Después de una jornada de trabajo de 10 a 12 horas diarias, ellos, como otras personas más que comúnmente son conocidos como los del “fierro viejo”, regresan a sus casas, situadas en la colonia Ricardo Flores Magón y otras cercanas en la zona poniente de la ciudad, a las faldas de la Sierra de Juárez, en donde viven la mayoría de quienes se dedican a este oficio.

“Aquí estamos casi todos los que andamos en los carros buscando cosas usadas, pero reciclables, para venderlas en el mercado de Los Cerrajeros o en cualquier otro sitio donde compran materiales, si nos queda en el camino cuando venimos de regreso”, dijo Cortines.

“Todo lo que logramos juntar en el recorrido, lo vendemos al kilo, donde reciclan materiales y de eso es lo que vivimos, con eso mantenemos a nuestras familias”, indica Roberto.

Explican que después de una jornada laboral de al menos 10 horas recorriendo calles en distintos puntos de la ciudad, llegan a las empresas que se dedican a los procesos de reciclaje o que envían los materiales a otras ciudades y ahí venden lo que colectan: aires, refrigeradores, estufas, lavadoras y todo lo que les pueda dejar una ganancia.

“Pero no es mucho lo que nos dan, a veces tenemos que llevar mucho material para ganar entre 150 y 200 pesos por día, y con eso tenemos que mantener a la familia y comprar algo de pastura para el caballo”, comentan Luis y Roberto.

Asimismo, dicen que son alrededor de 20 personas las que se dedican a este oficio, que viven en la colonia Ricardo Flores Magón, al poniente de la avenida De los Aztecas, un sector de la ciudad que aunque tiene algunas calles pavimentadas, se encuentra entre cerros y ellos viven en la orilla del barrio, ya que por tener los caballos con los que jalan los carros, no pueden estar en medio de donde hay más viviendas.

“Yo antes vivía más cerca, pero la colonia fue creciendo y llegaron más gentes a donde estaba; con el tiempo empezaron a quejarse de que el caballo olía feo y que su excremento apestaba aún más, por lo que nos obligaron a salir a las orillas de la ciudad y aquí vivimos, nos cambiamos casi todos para este lugar, primero unos y después lo hicieron otros, además de otros que viven en Anapra”, dice Luis.

Incluso, dicen que en la anterior administración municipal de Armando Cabada les propusieron que ya no usaran carros jalados por caballos y les ofrecieron créditos para comprar una motocicleta con espacio para carga, pero el proyecto no los convenció porque era muy caro, 50 mil pesos y además se quedaban sin el animal.

Ahora, estos comerciantes de fierro viejo habitan en una parte de lo que antes era la Hacienda El Chaparral, propiedad de la que aún quedan algunas paredes, lo que fue una alberca y un obelisco que tiene el nombre de lo que fue esa residencia, con fecha del 17 de mayo de 1969.

“Sabemos que esa hacienda funcionaba en la década de 1970, pero cuando nosotros llegamos ya estaba abandonada, no tenemos mucho tiempo aquí, antes la gente la usaba como basurero; para hacer los cuartos donde vivimos limpiamos toda la basura que había, al menos ahora ya no tiran desperdicios como antes”, expresa Cortines.

Roberto y Luis dicen que como ellos, el resto de la gente que se dedica a juntar materiales para vender, están conscientes de que algún día tendrán que cambiar de vehículo, pero no creen que sea en corto tiempo, ya que no es mucho lo que ganan.

Además de eso, dice Luis, el caballo no sólo nos ayuda a trabajar, es nuestro compañero de labores, por eso lo tratamos lo mejor que podemos, aunque hay algunos que los maltratan, pero son pocos los que hacen eso, nosotros sí los cuidamos. (Luis Carlos Cano C. / El Diario) 

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