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Juárez

Refuerzan carpas en el bordo del Bravo

Utilizan piedras, plásticos e hilos para que el viento no se lleve su frágil refugio

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez

martes, 15 noviembre 2022 | 06:00

Manuel Sáenz / El Diario de Juárez | La esperanza mantiene a venezolanos bajo el frío

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Ciudad Juárez.— Con piedras, plásticos e hilos, migrantes reforzaron ayer las cerca de 400 carpas que forman parte del campamento venezolano sobre el bordo del río Bravo debido a los vientos que se vivieron durante el ingreso del frente frío número 9 y a las bajas temperaturas, que muchos aseguraron que les impidieron dormir. 

“Mi esposa y yo no dormimos nada, pero los niños no se dieron cuenta, ellos durmieron”, narró durante la mañana un sudamericano mientras ataba su casa de campaña a unas piedras y a un poste de concreto, luego de que durante la madrugada el viento y la tierra los mantuvieron todo el tiempo en alerta junto a sus tres hijos de 2 y 7 años de edad. 

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Aunque los tres niveles de Gobierno les han ofrecido acudir a un albergue, muchos de los venezolanos permanecen frente a Estados Unidos debido a un falso rumor de que “en las noticias salió que esta semana nos pueden dejar entrar”, frase que repetían ayer las familias en las distintas carpas.

Otros, aunque saben que no existe un nuevo programa para ellos, esperan la oportunidad de un corredor humanitario para quienes se encuentran varados en la frontera, debido a que muchos no cumplen con los requisitos para ingresar a través del registro en línea que abrió Estados Unidos.

El Nuevo Proceso de Control Migratorio para Venezolanos, dado a conocer el 12 de octubre por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), indica que para ser elegibles, los venezolanos deben tener un patrocinador en Estados Unidos que les proporcione patrocinio económico y otro tipo de apoyo; aprobar rigurosas verificaciones e investigaciones biométricas y biográficas de seguridad nacional y seguridad pública; y completar los requisitos de vacunación y otros requisitos de salud pública.

En cambio, los venezolanos no son elegibles si se ha ordenado su deportación de los Estados Unidos en los últimos cinco años, han cruzado sin autorización entre puertos de entrada después de la fecha del anuncio, han ingresado de manera irregular a México o Panamá después de la fecha del anuncio, o son residentes permanentes o con ciudadanía doble de cualquier otro país que no sea Venezuela, o actualmente tienen estatus de refugiado en cualquier otro país; o si no han completado las vacunas y otros requisitos de salud pública, informó DHS. 

Estados Unidos también estableció además que los venezolanos no deben viajar a México para intentar cruzar la frontera, ya que quienes ingresen a través de sus fronteras terrestres serán expulsados bajo el Título 42, por lo que los venezolanos aprobados a través de este proceso serán autorizados, caso por caso, a viajar a Estados Unidos por vía aérea directamente a un puerto de entrada en el interior, aliviando así la presión en la frontera. Y, una vez en Estados Unidos, serán elegibles para solicitar autorización de empleo.

Cientos de adultos y decenas de menores forman parte del campamento venezolano que fue instalado junto al río Bravo, en donde Karolin, de 23 años, su hija de 5, y su primo con su esposa y sus hijos de 2 y 7 años, duermen desde hace 16 días. 

Para ellos, la madrugada de ayer había sido la más difícil, pues el viento con tierra ingresaba por la carpa, por lo que aunque los cuatro menores pudieron dormir, los tres adultos se tuvieron que mantener alerta. 

“Está todo lleno de tierra y ahorita estamos volviendo a acomodar otra vez”, narraron quienes salieron hace tres meses del estado de Zulia, Venezuela, ubicado a 4 mil 248 kilómetros de distancia de Ciudad Juárez. 

Ellos salieron desde agosto de su país, cuando Estados Unidos estaba recibiendo a los venezolanos como solicitantes de asilo, pero el 12 de octubre, cuando se anunció el nuevo programa, habían pasado la selva del Tapón del Darién y habían llegado a Costa Rica. 

Después de 10 días en Oaxaca, pudieron continuar su viaje hasta esta frontera, en donde decidieron esperar una oportunidad para ingresar a Estados Unidos, narraron. 

Aunque les han ofrecido albergue, los rumores que personas han llevado al campamento sobre que esta semana podría permitírseles la entrada al vecino país los mantienen a la intemperie. 

Otros permanecen en el campamento pese a las bajas temperaturas, después de haber vendido todas sus pertenencias en su país o de haber pedido prestado para hacer el viaje, por lo cual buscan permanecer el mayor tiempo posible a las puertas de Estados Unidos, en donde se resguardan del frío dentro de casas de campaña, cobijas, plásticos, sábanas térmicas y con fogatas.

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