Poliplaza: historias de negligencia y muerte

Empleados municipales señalan falta de capacidad del personal médico y malos diagnósticos que han derivado incluso en decesos

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El Diario de Juárez
jueves, 10 octubre 2019 | 07:55
Staff/El Diario de Juárez | El policía Gilberto García (recuadro) denunció que su esposa falleció en el hospital por ‘claras omisiones médicas’

Ciudad Juárez— Empleados del Municipio y sus familiares señalan a personal de Poliplaza Médica por una serie de presuntas negligencias que se habrían traducido en defunciones de sus seres queridos o los dejarían con secuelas físicas graves.

Todas las acusaciones fueron documentadas por El Diario.

En los testimonios aseguran que existe falta de capacidad del personal médico y enfermeras, malos diagnósticos, tardanza de entre tres y seis meses en citas con especialistas, falta de humanidad, medicinas genéricas e intervenciones quirúrgicas y tratamientos erróneos que pondrían actualmente en un estado crítico la salud de los pacientes.


DEFICIENCIAS SE TRADUCEN EN MUERTES

Para este reportaje El Diario solicitó la opinión del coordinador médico, enlace entre Poliplaza y el Municipio, doctor Norberto Perea, pero rechazó acceder a una entrevista.

Para el Municipio es de “gran preocupación” el incremento de las quejas “y deberemos actuar rápidamente”, dijo por su parte la directora de Salud municipal, Daphne Santana Fernández.

Explicó que han sido implementadas varias medidas en la relación de la alcaldía con Poliplaza por indicaciones del presidente municipal Armando Cabada, pero la situación no ha mejorado y deberán ser tomadas rápido otras acciones en bien de los trabajadores y sus familias.

Según datos oficiales, el Ayuntamiento paga cada mes más de 14 millones de pesos a Poliplaza para la atención de enfermedades y emergencias médicas de los empleados municipales y sus familias directas.

Los casos aquí presentados van desde pacientes a quienes las enfermeras de ese hospital dejan sin aseo por varias horas después de defecar, falta de pañales y gasas, omisiones graves como olvidar abrir el tanque de oxígeno a personas en estado crítico con las mascarillas instaladas obstruyendo su respiración, hasta prácticas equívocas en cirugías con efectos fatales.

Extienden también recetas medicinales que no corresponden con los síntomas de los pacientes, según los expedientes detectados y la versión de los afectados.

Desde hace ocho años, en julio del 2011, Poliplaza Médica celebró un contrato con el Municipio para dar consulta de primer nivel, servicios de hospitalización y quirófanos, consulta con médicos especialistas y el surtido de medicinas para poco más de 26 mil personas que tienen derecho a la atención de esta prestación, entre 8 mil trabajadores y sus familias, según el acuerdo.

El contrato por medio del cual se subrogaron los servicios médicos municipales fue aprobado por el Cabildo y tiene una vigencia de 15 años.

De acuerdo con personal de Trabajo Social del hospital, cada año son más las deficiencias en la prestación de este servicio al Municipio, pero en los últimos meses se ha agudizado y traducido en defunciones.


SE SOLIDARIZAN FAMILIARES

Los casos que a continuación se presentan son narrados por familiares de pacientes que se conocieron el pasado mes de agosto en la sala de Terapia Intensiva del referido hospital, en el que sus parientes fallecieron.

Existe coincidencia en la versión de los entrevistados de la posible existencia de un virus en el quirófano que habría complicado la salud de sus seres queridos, con las mortales consecuencias.

Jesús Pinales Rodríguez, empleado del Departamento de Limpia, sería el único sobreviviente de cuatro pacientes cuyos familiares se conocieron en el hospital y se solidarizaron unos con otros en el proceso.

Todos observaron deficiencias en el servicio y graves omisiones del personal médico y enfermeras, según denunciaron.

Griselda Karina Salazar Soto, de 28 años y madre de dos niños de 8 y 2 años, falleció el pasado 11 de agosto y su problema de salud inicialmente se había tratado como una simple deshidratación, de acuerdo con su marido, el policía municipal Gilberto García.

Raúl Valadez, de 54 años, empleado de Control de Tráfico, padecía de hidrocefalia. Luego de tres horas de haber sido operado le declararon muerte cerebral y 40 días después de estar hospitalizado lo dieron de alta en esa misma condición.

“Sabían que si me lo daban así se iba a morir y eso fue lo que sucedió… no podía ni abrir los ojos, pero representaba un gasto para ellos”, dijo Angélica Valadez, la hermana del fallecido.

Guadalupe Morales González, de 67 años, falleció el 16 de agosto pasado por secuelas de una operación intestinal con una infección que habría contraído en el hospital.

Sus familiares aseguran que la falta de higiene y cuidado personal de la paciente, así como una posible bacteria en el quirófano, son parte de “las negligencias médicas (que) mataron a mi madre”.

Jesús Pinales, el único sobreviviente en estos casos, recibió una mala atención luego de que el médico de primer contacto no le detectó piedras en su vesícula, por lo que tampoco ordenó de inmediato algún estudio ni programó operación en su momento.

“Necesitaba hacer historial clínico con citas previas y no estaba disponible el quirófano hasta un mes después”, según la razón justificada del médico. La misma patología provocó que se desarrollara una neumonía y ha permanecido grave más de dos meses, denunció su esposa, Paola Alvídrez.



LA ESPOSA DEL POLICÍA

Gilberto García, con seis años de servicio en la Secretaría de Seguridad Pública, quedó viudo y a cargo de sus dos hijos menores de edad luego de la muerte de su esposa Griselda Karina Soto Salazar, de 28 años.

Ella ingresó a Poliplaza el pasado 29 de junio a las 23:45 horas, según constancia hospitalaria, pero su esposo refirió que ese mismo día, sábado por la mañana, fue revisada en Poliplaza Diamante por una doctora de apellido Guzmán quien, de acuerdo con el coordinador médico del Municipio Norberto Perea, no tiene trabajo de planta y únicamente cumple suplencias los fines de semana.

La paciente presentó inicialmente mareos, dolor de cabeza y vómito, pero caminaba perfectamente tras ser atendida esa mañana, dice el agente.

La médico le diagnosticó en consulta un cuadro de deshidratación y le recetó loratadina, que se usa para aliviar en forma temporal los síntomas de la fiebre del heno (alergia al polen, polvo u otras sustancias en el aire) y otras alergias que incluyen estornudos, secreción nasal y picazón en los ojos, nariz y garganta.

En la misma receta se ordenó tomar metoclopramida, que se utiliza para tratar los síntomas de vaciado lento del estómago en las personas que se recuperan de ciertos tipos de cirugía, y para prevenir las náuseas y los vómitos en personas que son tratados con quimioterapia.

La receta incluía además metamizol sódico, que se utiliza para calmar el dolor agudo y en algunos casos la fiebre alta. En ocasiones se recomienda para un fuerte dolor de muelas, para disminuir un dolor postoperatorio o un cólico nefrítico, según datos médicos.

Pero García dijo que al llegar a su casa la mujer de 28 años perdió fuerzas, se recostó en su cama y horas después su voz se tornó gangosa. 

Con dificultades la llevó a emergencias, la hospitalizaron y murió el pasado 11 de agosto, tras un proceso en el que, para el esposo, hubo claras omisiones médicas.

“Ese primer día también le pusieron suero, pero la mandaron a su casa, donde horas después no podía ingerir nada, ni líquidos, y comenzó a perder fuerzas; no podía moverse en la cama”, recordó García.

Agregó: “Por la noche la llevé a Urgencias, me preguntaron qué tenía y yo les dije lo que la doctora Guzmán nos dijo de una supuesta deshidratación. Esta segunda vez nos dijeron que era una parálisis”.

“La internaron esa misma noche, ya no podía hablar ni mover la quijada, estaba completamente sin fuerzas. Le pusieron una mascarilla de oxígeno y comenzó a ponerse roja; yo le hablé a las enfermeras, les avisé que se estaba ahogando y una de ellas me dijo que se les había olvidado”, relató.

Otra deficiencia es que las enfermeras no la aseaban hasta varias horas después de que defecaba y, según García, comenzó a expulsar espuma por la boca y tenía que limpiarla con papel canela, del que se utiliza normalmente en baños públicos para secar las manos, ya que no había gasas esterilizadas.

Griselda Karina falleció a las 14:15 horas del 11 de agosto y el diagnóstico post mortem fue por choque séptico, neumonía asociada a ventilación mecánica y polirradioculoneuropatía idiopática. Gilberto García dijo que personal de enfermería le comentó que había un virus en el hospital que pudo contribuir con el padecimiento de su esposa.



LO DAN DE ALTA CON MUERTE CEREBRAL

El padecimiento de Raúl Valadez, de 54 años, empleado de Control de Tráfico municipal, fue repentino pero entró por su propio pie a Poliplaza Médica.

Tras una operación por hidrocefalia ya no despertó y lo declararon con muerte cerebral. Permaneció 40 días en terapia intensiva, lo pasaron a cuarto y de ahí a su casa, donde murió el mismo día en que lo trasladaron en ambulancia, hecho que fue cuestionado incluso por los paramédicos de Rescate por el estado en que lo recibían, dijo Angélica Valadez, hermana del paciente.

“Se querían deshacer de él, ya no me le querían hacer nada, a pesar que desde el principio pedimos estudios. Él entró con los ojos abiertos y después de la operación ya no volvió a despertar, estaba muy mal cuando me lo entregaron, no podía ni abrir los ojos; sabían que moriría. Los hago responsables y se los dije cuando me negaba a llevármelo”, comentó Angélica.

Agregó: “Me decían las enfermeras que yo debía aprender a moverlo, a quitar y poner el catéter que tenía como respirador y limpiar el líquido que salía de su cabeza, pero si ese día en que murió hubiera seguido en el hospital, nada le habría pasado”.

Angélica asegura que el personal del hospital le refirió que había un virus atacando a los pacientes en quirófano y en terapia intensiva. “Yo veía morir a los demás pacientes, estuvo muy raro todo eso”, apuntó.

Su hermano ingresó el 20 de junio y murió el 20 de septiembre, a unas cuantas horas de salir del nosocomio contra su voluntad y por disposición de los médicos y directivos, acusó la entrevistada.


'NEGLIGENCIAS MATARON A MI MADRE'

A las 6 de la tarde del 28 de junio ingresó a Poliplaza Médica Guadalupe Morales González, de 67 años, por una afectación intestinal.

Falleció el 16 de agosto en una cama de ese hospital por una neumonía nosocomial (infección adquirida durante la estancia en el hospital), tras ser atacada por una bacteria inmune a todos los antibióticos, aseguraron familiares de la paciente.

La mala atención que recibía la paciente obligó a sus familiares a contratar dos enfermeras particulares para su cuidado, quienes no tenían apoyo del personal auxiliar del hospital y llegaron a tener varios roces con otras enfermeras por las observaciones que hacían de manera constante, como era el solicitar el aseo de la paciente, según los allegados.

La mujer ingresó primero al área de Urgencias con dolor abdominal y vómitos frecuentes, pero fue hasta el tercer día que la pasaron internada a cuarto porque se determinó que tenía que ser operada del intestino delgado por obstrucción, según la versión de la familia.

Ese mismo día la operó el doctor José Yair Barbosa Santana, quien al día siguiente le detectó una infección. “Eso es más que una infección, más que pus”, dijo el personal de rayos X al realizarle un ultrasonido y un cultivo, aunque expresaron que no estaban avisados de esa orden.

La herida de la cirugía se infectó, por lo que Barbosa giró instrucciones el 4 de julio al personal de enfermería para que le hicieran dos curaciones por día a la paciente.

El trabajo recayó en las enfermeras particulares que había contratado la familia. Dos días después “la infección se estaba manifestando tanto que el cuarto tenía un olor muy desagradable, lo cual se le informó a la enfermera de nombre Cristi, a lo que contestó que ella no sabía nada y que le preguntara al doctor”, dijo un familiar de la paciente que pidió omitir sus datos personales.

La infección continuó avanzando y para la madrugada del 10 de julio Guadalupe empezó a manifestar mucha ansiedad y fiebre, contó el entrevistado.

Un día después ella evacuó líquido y al percatarse la enfermera particular pidió a la enfermera en turno que la cambiara, lo cual hizo hasta dos horas después, afirmó.

El 12 de julio los médicos acordaron ingresarla de nuevo a cirugía por el cuadro séptico que presentaba, por lo que requirieron a la familia sangre tipo O positivo.

“Estando yo en el área de Urgencias me contactó una de las enfermeras del hospital que traía en su mano un tubo de ensayo con la sangre de mi madre y me dio la muestra en propia mano, para que fuera a conseguirla al Banco Regional de Sangre, donde al llegar me dijeron que la muestra se había echado a perder, porque el traslado de la sangre tiene un protocolo que no se cumplió”, dijo el familiar.

Según el entrevistado hubo varios incidentes de mala atención que motivaron a que los familiares de la paciente solicitaran una junta con el área administrativa del hospital, la que estuvieron presentes los doctores Barbosa, Santini y Arnaud.

Ahí señalaron “las malas atenciones que se le dieron a la paciente, mismas que provocaron la infección y que no fueron tratadas a tiempo para controlarla, pero mi madre murió el 16 de agosto y me queda claro que fue por negligencia médica”, apuntó el familiar.


PRESUNTAS OMISIONES LO DEJAN GRAVE

Jesús Pinales Rodríguez, empleado de Limpia, tenía que generar consultas para justificar una cirugía de acuerdo con lo que el médico Adrián Guajardo le dijo desde el momento en que acudió a Poliplaza por problemas en la vesícula.

El diagnóstico fue tardío, así como la programación de su operación y actualmente el empleado municipal apenas puede ponerse de pie con un andador y bajó de peso drásticamente, contó su esposa Paola Álvarez.

Comentó que la tardanza en la atención primaria de la enfermedad de su esposo provocó que desarrollara neumonía y permaneció hospitalizado desde mediados de agosto. Una bacteria que supuestamente adquirió en el quirófano le afectó en riñones, hígado y el intestino.

Paola afirmó que todo comenzó con un diagnóstico equivocado y que la enfermedad de su marido pudo repararse con una simple cirugía, pero se complicó por la falta de capacidad de los médicos y de la Dirección del hospital, que encabeza el ginecólogo Enrique Soto Canales.

Antes de los dos meses de hospitalización, Pinales Rodríguez acudió con el doctor Guajardo, quien le diagnosticó lodo en la vesícula, pero le advirtió que “no había quirófano hasta el mes de octubre” (en un mes). 

La familia del paciente hizo arreglos para operarlo fuera de esa institución, pero los planes se vieron frustrados porque Pinales se puso grave dos días después de la consulta con el doctor Guajardo.

“Eres mago, en dos días te salieron piedras”, le dijo el médico al regresar el paciente a Urgencias, en donde le dieron prioridad a la cirugía aunque ya para entonces la misma patología le había provocado la neumonía.

Las complicaciones, principalmente en los pulmones y coágulos en el hígado, pospusieron la intervención quirúrgica nuevamente pero la vesícula ya estaba por reventar, dijo la esposa de Pinales.

“Cuando finalmente programaron la operación se me hizo muy raro que el doctor salió del quirófano varias veces a fumar. Su proceder me colmó y lo denuncié con el doctor Santini, responsable del hospital, quien me comentó después que ya habían corrido a Guajardo, pero yo lo seguí viendo varias veces trabajando porque mi marido duró hospitalizado dos meses”, indicó Paola.

Pinales Rodríguez fue dado de alta posteriormente, pero su estado de salud actual es delicado. “Ya camina con andador, no habla, tiene anemia y está muy débil y delgado. Un médico me dijo que había agarrado una bacteria en el quirófano, que tienen que cerrarlo por unos 15 días para acabar con esa bacteria, pero que no lo hacen”, dijo la esposa del paciente, también empleada del Municipio.


RECIBE HOSPITAL 14 MDP DEL ERARIO AL MES

Poliplaza Médica, con razón social Hospitales de Juárez S.A de C.V., se encuentra ubicada en la calle Pedro Rosales de León 7510 de esta ciudad en un edificio de consultorios especializados en el sector privado, donde un grupo de médicos dirigidos por Enrique Soto Canales, director general, conformaron el grupo hospitalario concentrando médicos de casi todas las especialidades. 

Durante la administración 2010-2013 el Ayuntamiento subrogó los servicios médicos municipales a este hospital, que actualmente recibe 14 millones de pesos al mes del erario por 22 consultas diarias a los trabajadores municipales y 20 con especialistas. 

Los principales responsables de ese hospital son, además de Soto Canales: Armando Santini Villar, director médico; Norberto Perea Álvarez, coordinador de Poliplaza Diamante: Rosa María Pineda, directora de aproximadamente 160 enfermeras, y Luis Deras, como representante.

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