Pide ayuda para salvar a Felipe

El menor lleva siete años con parálisis cerebral y los costos para mejorar su calidad de vida son elevados

Verónica Domínguez/
El Diario
martes, 09 abril 2019 | 06:00

Un paro respiratorio le causó a Felipe González Hurtado, de 8 años, una parálisis cerebral cuando apenas tenía un año de edad.

El menor celebraba su primera fiesta de aniversario junto a su familia y amigos que estaban felices porque había sanado de una bronquitis, pero luego de unas horas ya le costaba tomar aire, y tuvieron que trasladarlo a un hospital en donde terminó en una sala de emergencias.

“Lo llevamos al hospital, le diagnosticaron bronquitis asmática y le pusieron una inyección, pero al llegar a la casa batalló para respirar. Luego lo lleve a otra clínica en la que me dijeron que iba grave de bronquitis asmática, en cuestión de segundos el niño empezó a echar sangre por la boca y a ponerse morado y lo tuvieron que entubar”, recordó llorando Elizabeth Hurtado, madre de Felipe.

Pese a los diagnósticos fueron desalentadores, los médicos decidieron realizarle otras radiografías, en donde observaron que lo que obstruía su tráquea era una pila de un control del estéreo del carro, que ya estaba deshecha porque había soltado el ácido en el cuerpo.

“A partir de ahí nos cambió la vida en un segundo, porque nos dijeron ahí viene lo malo, el ácido podría perforarle el corazón o cualquier órgano; los doctores nos decían que no había nada que hacer, que el niños en cualquier momento iba a fallecer. Nosotros nos aferramos y empezamos a pedirle a Dios, yo le dije que me lo dejará como sea, que yo lo iba a sacarlo adelante”, platicó Elizabeth.

Luego de salir de la clínica, lo trasladaron al Hospital Infantil, en donde entró a terapia intensiva, y al realizarle una gastrectomía, la máquina de oxigeno no sirvió y Felipe sufrió un paro respiratorio que lo dejó en estado vegetal.

Estuvo internado por un mes, después le practicaron una traqueotomía y 15 días después lo dieron de alta, pero fue otra vez trasladado a un hospital privado debido al estado grave en el que se encontraba.

En ese nosocomio le dieron esperanzas de que volviera a caminar, pese a que tenía problemas de nutrición y neurológicos.

“Va la neuróloga y lo checa,  me dice que mi hijo va a volver caminar, ‘mire nada más cuántos reflejos tiene su niño’, me dijo. De ahí dije hay mucho por hacer, y no voy a parar hasta que logre caminar, no lo voy a ver en silla de ruedas ni postrado en una cama, y voy a luchar no sé cómo”, manifestó Elizabeth.

Desde el 2014,  Felipe fue atendido durante más de un año en la ciudad de Torreón y Monterey, pero al ver que no mejoraba, en el 2017 su madre localizó a un médico en el Hospital Infantil de la Ciudad de México, en donde decidió atenderlo.

A partir de esa fecha Felipe viaja cada tres meses para continuar con sus tratamientos y terapias. También fue atendido en el Creel de esa ciudad por un año.

“Fue con la ayuda de mi familia que hacía kermeses, rifas, boteos y actividades que yo pude empezar a pagar los gastos en el hospital, porque como mi hijo tenía seguro, el servicio era privado, pero gracias a la ayuda, mi hijo ha mejorado muchísimo”, agregó Elizabeth.

En ocasiones Felipe se desplaza con un andador, y es de la mano de su madre la que los sostiene para caminar.

“Estuvo en estado vegetal y salió, durante muchos años hemos trabajado y pedido apoyo, y gracias a eso ahora ya juega con el celular, y también lo subimos a la bicicleta”, platicó Elizabeth.

Para que su columna y sus piernas mejoren debe comprar unas férulas que tienen un costo de 9 mil pesos y continuar con un tratamiento que tiene un costo aproximado de mil 700 pesos semanales.

Además, su familia debe pagar cada dos meses un tratamiento que consiguió en Ecuador que tiene un costo de 100 dólares, y pagar dos terapias semanales que tienen un costo de mil 400 pesos.

También necesitan reunir cada tres meses la cantidad de 25 mil pesos para viajar a la Ciudad de México, para que continúe con sus tratamientos.

El padre de Felipe trabaja en una empresa maquiladora, por lo que con el sueldo que percibe es insuficiente para solventar todos los gastos de terapias, tratamientos y alimentación.

Para que Felipe continúe con su recuperación, su madre debe continuar realizando actividades, por lo que solicitó el apoyo de personas para organizar un boteo en los cruceros.

“Ya debemos hasta la casa, pronto nos la quitarán, todo lo hemos lo hemos dado por él, pero no importa si nos sacan de aquí, luego buscamos una tapia en donde vivir, lo más importante es que él se recupere y tenga una mejor calidad de vida”, mencionó Elizabeth.

Si usted quiere ayudar puede comunicarse al teléfono (656) 7-74-55-55, o acudir a la vivienda de la familia ubicada en el fraccionamiento Parajes de San Isidro, en la calle Volcán de Bárcena, 2503.



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