Juárez

Paga ‘favor’ a la ‘Niña Blanca’ con una capilla

Fue desahuciado y prometió que si vivía le haría una iglesia a la Santa Muerte

El Diario de Juárez

lunes, 06 diciembre 2021 | 12:45

Carlos Sánchez / El Diario de Juárez | Benito Argandoña Zavala afuera de la capilla que edificó Carlos Sánchez / El Diario de Juárez | Los anillos que lleva consigo Carlos Sánchez / El Diario de Juárez | Benito posa con algunas de las imágenes Carlos Sánchez / El Diario de Juárez | El altar personal en el que destaca un cuadro tallado con cráneos, además de la imagen de un demonio, y en el piso un pentagrama con algunas velas encendidas Carlos Sánchez / El Diario de Juárez | Otro de los lugares en el recinto

Ciudad Juárez.— Cada domingo en punto del mediodía, Benito Argandoña Zavala se coloca en el centro de su capilla y reza una oración con la que inicia el culto a la Santa Muerte. 

A su alrededor, cuatro columnas de concreto que semejan esta efigie esquelética, con ropajes que la cubren desde el cráneo, se erigen unos cuatro metros del suelo hasta el techo de la primera planta, antes del inicio de una bóveda. Afuera, un par de figuras similares esperan solamente que también se les coloquen manos y las guadañas. 

“Le hice la promesa a ella: que si ella me daba vida, yo le ponía una iglesia”, comentó Argandoña en entrevista. 

Ubicada en la calle Calandria, al sur de la carretera a Casas Grandes, la instalación es la segunda Iglesia y Santuario a la “Niña Blanca”, una extensión de la que hace diez años empezó a ofrecer también este tipo de servicio en el bulevar Óscar Flores, entre las calles Cerro de la Colina y Cerro de las Cruces.

La sede en el extremo sur de Juárez fue fundada por Argandoña en diciembre de 2017, luego de que consiguió un terreno en la colonia Granjas del Desierto y, con las ofrendas de otros fieles, empezó a construir el templo.

En el interior, domina el fondo una efigie de madera sobre un altar de piedra y de cemento. A un costado, otro contiene decenas de imágenes de la misma figura, como una de latón a la que Argandoña llama “Josefina”, y otra más de madera que porta el vestido de la fiesta de quinceañera de su hija, que es también devota. 

Argandoña, de 48 años, contó que es originario de San Francisco del Oro, Chihuahua, y que llegó a Juárez a los 10 años con su familia, para instalarse en la colonia Fronteriza. Trabajando en la construcción por años, vivió también en Estados Unidos y fue mientras se encontraba enfermo y desahuciado en El Paso, agregó, agobiado por problemas familiares y una operación en la espalda, cuando decidió hacer la promesa de ser fiel a la Santa Muerte.

Encontrado ayer viernes en su capilla mientras realizaba trabajo de mecánica, Argandoña portaba, además, una cadena al cuello con un dije de la que llama “Niña Blanca”, así como diversos anillos con la misma imagen y uno de un demonio al que se refiere como “el padrino”.

En su iglesia, insistió, cada domingo él celebra la lectura de un “rosario”, haya o no haya asistentes; en ocasiones hay cinco pero en otras más de 20.

“Vienen mecánicos, albañiles, plomeros, electricistas, de todo”, comentó.

Vinculado regularmente con las personas que se dedican a actividades ilícitas o que portan armas de fuego, el culto a la Santa Muerte ha contado desde hace años con diferentes instalaciones en Ciudad Juárez, que todavía es el segundo municipio más violento de México. 

De acuerdo con los archivos periodísticos, en 2010 operaba en la avenida Manuel Gómez Morín otro también denominado “santuario” por quien lo dirigía entonces, Yolanda Salazar.

“Hay mucho amarillismo, porque si yo me pongo un tatuaje de la Santa Muerte, y a mí ya cuando me toca me encuentran en la esquina, o aquí vienen y me ven el tatuaje de la Santa Muerte, (dicen) ‘oh, pues ¿cómo no? Era un delincuente’”, comentó Argandoña.

“Es muy fácil criticar. Hay otras personas que sí pues andan en sus cosas, muchos se las ponen porque aceptan que el día de mañana todos vamos a morir, pero no por traer una línea o un ‘placazo’ de la Santa Muerte somos delincuentes”, agregó.

En una habitación al fondo de la nave, donde hay diez sillas de madera, el devoto tiene un altar personal en el que destaca un cuadro tallado con cráneos, la “Niña Blanca” y la imagen de un demonio. Enfrente, sobre el suelo, hay una estrella de cinco picos y veladoras encendidas. Son ofrendas, explicó, que hace por quienes piden trabajos para “abrir caminos”, para hacer curaciones u otros propósitos.

“Es el padrino”, explicó. “Lo bueno y lo malo. Es como una decisión personal, uno trae aquí el bien y el mal en un lado. La decisión es espontánea, ya dirige usted a dónde irse, si a hacer lo bueno o lo malo”, agregó.

La historia

• Argandoña tiene 48 años

• Es originario de San Francisco del Oro, Chihuahua

• Llegó a Juárez a los 10 años con su familia, para instalarse en la colonia Fronteriza

• Trabajó en la construcción por años

• Vivió también en Estados Unidos

• Un día se enfermo y quedó desahuciado en El Paso

• Agobiado por problemas familiares y una operación en la espalda, decidió hacer la promesa de ser fiel a la Santa Muerte

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