Narran malos tratos viajeros retornados

Tuvieron que dormir en piedras y comer sólo dos veces al día; la mayoría huía de la pobreza

Hérika Martínez Prado
El Diario
sábado, 06 abril 2019 | 06:00
Gabriel Cardona

Mujeres con niños que huyeron de la pobreza y el hambre en Centroamérica y luego cruzaron de manera ilegal para entregarse a la Patrulla Fronteriza son los perfiles de los migrantes que están siendo retornados de Estados Unidos para que esperen su proceso de asilo político en Ciudad Juárez, informó el director de la Casa del Migrante, Francisco Javier Calvillo.

El sacerdote explicó que se les hizo una entrevista para analizar las coincidencias en los casos de retorno y destacó las narraciones de lo que vivieron en Estados Unidos, basadas en el hambre, el frío y los malos tratos.

“Cuando la gente llega –al albergue– les comparte a los migrantes cómo les fue allá y es muy triste lo que comparten, les narran que durmieron en las piedras, abajo del puente, cómo batallaban para ir al baño, que les daban una o dos comidas y los levantaban en la madrugada para comer”, comentó. 

Tras escuchar esas historias y con siete meses de embarazo, Milvia de 28 años, dice querer regresarse a Guatemala, como se lo pide su esposo pero su familia le dice que ya ha sufrido demasiado para llegar hasta Juárez, que espere su turno en la lista.

“Van en el 7 mil 95, y yo tengo el 9 mil 699; ya tengo más de un mes en Juárez y yo me quiero ir, pero mi hermano me dice que no, que espere, que también el regreso será difícil, querían que me fuera ya con un coyote, pero no quiero, tengo miedo porque los que regresaron platican cómo estuvieron cuatro días en el pedrero, abajo del puente (Paso del Norte)”, comentó la migrante.

Dijo que se trata de mujeres con niños, quienes les aseguran que “las atendían mal y les recriminaban porqué cruzaron ilegalmente, que las levantaban a las 3 de la mañana a comer, que durante esos días no se pudieron bañar, ni peinar porque les quitaron todas sus pertenencias y que a veces los niños se hacían del baño porque tenían que esperar mucho tiempo para que las dejaran entrar”.

“Dicen que a los cubanos que se cruzan y no están en la lista los llevan amarrados de las manos –esposados–, que les gritan; yo no quiero eso”, comentó mientras se acariciaba el vientre.

Ella no era parte de una caravana, pero sí viajó hasta Juárez con un grupo guiado por un “coyote”, dice que a su familia le cobraron 4 mil dólares por traerla hasta Juárez, y a una amiga que viajó con su hijo le pidieron 9 mil dólares.

Milvia explicó que tuvo que huir de Guatemala porque hace 14 años mataron a su papá y a su hermano en la ciudad donde nació, a donde regresó hace meses con quien es su pareja desde hace dos años y quien al ser policía trató de investigar las muertes.

“Me amenazó una pandilla, y yo cambiaba de número y ellos me volvían a contactar, me decían que por qué andaba investigando la muerte de mi papá y mi hermano; no averiguamos nada, pero me dio mucho miedo porque a ese lugar hasta le decían El Rastro, porque mataban a medio mundo”, dijo quien decidió huir a Estados Unidos.

Aseguró que su esposo todos los días le llama y le ruega que regrese, que todo va a estar bien, que no le harán nada. Pero su familia le dice que espere, que ya está en la lista para cruzar a Estados Unidos y que en el albergue la ayudan con su embarazo.

Milvia llegó a la Casa el Migrante con llagas en el vientre, por lo que fue revisada por los doctores que apoyan a los migrantes y llevada a un hospital de la ciudad, donde le dijeron que tenía herpes.

Aunque todavía tiene daños en la piel, es vigilada por los médicos, al igual que por una nutrióloga, ya que por embarazo y la diferencia de ingredientes en la comida mexicana batalla para comer.

“Erika, la muchacha de la cocina, es muy buena, la nutrióloga también y hay una muchacha que me ayuda; por ellas estoy viva, si no yo creo que ya me hubiera muerto, porque batallo mucho para comer y todos los días nada más se me va en puro llorar, estoy muy deprimida”, dijo quien espera emocionada el nacimiento de su primera hija, Luisa Fernanda, el próximo 4 de junio.

“A los que han regresado dicen que estamos mejor aquí, que allá los tratan mal –en Estados Unidos–, eso me da miedo”, confesó.

El director de la Casa del Migrante cuestionó que las autoridades nacionales minimicen el fenómeno de retorno de centroamericanos, como parte de lo que las autoridades de Estados Unidos llaman Protocolo de Protección a Migrantes, diciendo que sólo serán unos pocos. “Yo no sé si la dignidad o la vida de una persona no sea valiosa para esperar a que sean 5 mil para poder actuar”, reclamó tras los más de 100 migrantes centroamericanos que ya fueron retornados por esta frontera y cuya parte se encuentra en el albergue católico.