Lleva 21 años de exigir justicia

Paula Flores recuerda el momento en que deasapareció Sagrario y la lucha que vino contra los feminicidios

Luz del Carmen Sosa/
El Diario de Juárez
miércoles, 17 abril 2019 | 06:00

Fue un Sábado de Gloria cuando Paula Flores Bonilla encargó a Dios a sus hijas e hijos. Era un 12 de abril de 1998, recuerda la mujer que lleva cubiertas sus manos con gotas de pintura en colores rosa y negro.

El 16 de abril desaparece María Sagrario, entonces de 17 años. Catorce días después (el 29) en los que pegó cuatro mil pesquisas para pedir información sobre el paradero de la adolescente, su cadáver en estado de descomposición fue localizado en el ejido Loma Blanca, al oriente de la ciudad.

En estos 21 años Paula se ha convertido en una activista social, focalizada no sólo en su lucha contra de los feminicidios en Juárez, también ha dedicado mucho de su tiempo en apoyar el desarrollo de su comunidad en Lomas de Poleo, a donde llegó a vivir proveniente del estado de Durango.

“Han sido 21 años de exigir justicia. Aunque las autoridades dicen que hay detenidos sé que el verdadero responsable sigue libre”, asegura la madre.

Cubre su cabello con una gorra que le protege los ojos del sol. Lleva una vieja camiseta blanca que lleva plasmado el rostro de María Sagrario y carga un bote de plástico con pintura rosa en una mano y en otra lleva un rodillo.

Está hincada en plena avenida Juárez donde pinta una cruz negra sobre una capa de pintura rosa, hoy referente mundial del  feminicidio, para conmemorar otro aniversario de la desaparición de su hija. 

Al fondo se observa el puente internacional Paso del Norte donde migrantes extranjeros esperan turno para pedir asilo político y los fronterizos pasan horas para cruzar a la ciudad de El Paso, Texas.

A Paula sólo la acompaña su hermana y luego un hombre se sumó por mera solidaridad.

Poco después llegaron otras activistas sociales.

“Me acuerdo ese sábado. Me hinqué ante Dios para entregarle a mis hijas Sagrario, Juana, Guadalupe, Alicia y Claudia. Se las entregué a Dios y le dije que me las protegiera, que me las cuidara… nunca pensé que a mi Sagrario me la iba a cuidar de esa manera, yo sé que mi hija está con Dios, yo se la entregué”, afirma entre sollozos.

Así recuerda ese 16 de abril de 1998:

“Ella se fue a trabajar a la maquiladora Capcom como siempre. Mi hijo la encaminó a la calle para que tomara la Ruta 10 con rumbo al Centro, donde tomaba la Ruta Central para dirigirse a la maquila. Ella salió de trabajar y desapareció”, dice.

En su desesperación, la madre le pedía a su esposo que la dejara ir a la planta a suplicar que la dejaran entrar a preguntar al personal qué sabía de su hija. 

Francisco Barrio Terrazas era gobernador de Chihuahua y a cargo de la entonces Procuraduría de Justicia del Estado estaba Arturo Chávez Chávez.

El 29 de abril, cuando la familia fue notificada del hallazgo del cadáver de Sagrario, la madre de familia irrumpió la reunión privada que sostenía el servidor público y de rodillas, rota por el dolor y entre lágrimas, Paula le pidió justicia a un procurador sorprendido y ajeno al drama familiar que vivían los González Flores.

“Pudimos abrir esa puerta y entrar sin permiso. Yo me le arrodillé y le pedí que buscaran a mi hija. Ahí le hice la pregunta si él tenía hijas y me contestó que sí, entonces le pedí que me comprendiera… no pasó nada”, resume.

Con el paso de los meses, Paula y otras madres de mujeres desaparecidas crearon el primer colectivo contra la desaparición de mujeres que nombraron Voces Sin Eco, justo como pasaba con sus reclamos.

Para 1999 las madres habían colocado cientos de pesquisas por toda la ciudad, las mismas que eran retiradas o dañadas.

En marzo de ese año, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, Guillermina González, hermana de Sagrario, decidió pintar las cruces negras sobre el fondo rosa para hacer visibles a las desaparecidas y asesinadas.

Y aunque las madres denunciaron que las cruces eran cubiertas, la mayoría de las veces intencionalmente para que la imagen de Juárez no fuera estigmatizada como “la ciudad de las muertas”, ahora, dice Paula, son un símbolo mundial de la lucha contra la violencia de la mujer.

“Gracias a esta cruz se ha tenido mucho eco a nivel mundial, es la voz de ellas. Todas las niñas que ha asesinado son representadas en esas cruces. Representan la impunidad, la vida de cada mujer que han terminado sin que se sepa quién y por qué”, explica.

Para Paula el caso de su hija aún no está resuelto y exige al gobernador que cese con la impunidad que prevalece en el caso de Sagrario. 


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