Juárez

Lengua de señas, su forma de vida

Originario de Guyana y con nacionalidad venezolana, Rubén es el intérprete del Municipio de Juárez

Carlos Sánchez / El Diario de Juárez / Hace la seña de ‘frontera’
Carlos Sánchez / El Diario de Juárez / Rubén Efraín Gauthier tiene 35 años de edad

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

viernes, 18 septiembre 2020 | 12:22

A los seis años, de camino de la escuela a su casa, Rubén conoció un lenguaje que se convertiría no solamente en su mayor pasión, sino también en su forma de vida: la lengua de señas; una profesión que le permite crear un mundo más equitativo para las personas sordas.

Rubén Efraín Gauthier tiene 35 años de edad, es originario de Guyana, tiene la nacionalidad venezolana y desde hace poco más de un mes es el intérprete de lengua de señas del Municipio de Juárez.

El pedagogo con título de Intérprete y un posgrado en Sociolingüística de la Interpretación, domina oralmente el inglés, el francés, el portugués y el español, además de que habla pero no escribe el criollo-haitiano; mientras que en lengua de señas domina la mexicana, venezolana, guyanesa, estadounidense, brasileña, colombiana, francesa y las señas internacionales. 

“Sucinto”, como le dicen de cariño sus amigos, no sólo se dedica a interpretar, sino que guarda el estilo personal de quien habla, incluyendo el tono de voz, la velocidad y características como si se tratara de una mujer, un hombre o un niño. 

Es originario de Guyana, pero a los seis años llegó a Venezuela, donde más tarde se nacionalizó, y donde todos los días al ir de la escuela a su casa pasaba por una plaza donde veía que un grupo de personas se comunicaban a señas, lo que llamaba su atención. 

“Primero fue la sorpresa de ¿qué será esto?, pero hay una mala costumbre de que los niños ven eso y se burlan de ellos, les avientan cosas. Entonces ellos pensaron que yo iba a ser un niño así, que me iba a burlar de ellos. Y en ese momento me rechazan, pero yo, curioso, niño, seguí yendo y yendo y yendo, hasta que me conocieron”, recordó al explicar que en Venezuela los sordos se reúnen después del trabajo para poder comunicarse en lengua de señas.

Aunque al principio no fue fácil explicarles que quería aprender, al ver su insistencia uno de quienes se reunían le llamó y comenzó a enseñarle a deletrear el abecedario con las manos, “de la forma de educación no correcta”, sin embargo así aprendió.

“Uno de ellos me llamó, como pudo me dijo que le copiara, desde la ‘a’ con el puño cerrado con el dedo al lado, no atravesando los otros lados, sino a lado; hasta la ‘z’, dibujando la z con el dedo índice en el aire. Y eso fue lo primero que yo aprendí, pero yo no entendía nada. Yo recuerdo que fui muy emocionado a mi casa y le enseñé a mi mamá ‘mami, mira lo que aprendí’. Mi mamá me dijo ‘¿qué es eso?’, y yo le dije ‘no sé’. Yo no sabía qué era”, narró recordando con alegría.

Después aprendió a interpretar con señas, así como el código lingüístico, hasta que a los 11 años descubrió que era a lo que se quería dedicar toda su vida, cuando al tener que comunicarse con otras personas, los integrantes del grupo de sordos se dieron cuenta que entre ellos había un niño que los podía ayudar.

“Ellos se reunían cerca de mi casa, en Antimano, Caracas. Y los sordos tenían que ir al hospital a hacer consultas y entonces decían ‘hay un niño que está aprendiendo lengua de señas y sabe hacerlo muy bien, ¿por qué no nos acompaña como intérprete?’, entonces me llevaban, le pedían permiso a mi mamá. Y yo pensaba que estaba paseando, y no, realmente estaba interpretando, les decía que tenían qué comer, qué medicamentos se tenían que tomar a tales o cuales horas. Yo ahí ya estaba haciendo prácticas de interpretación”, relató quien descubrió así su vocación. 

Un camino largo

Además de Guyana y Venezuela, Rubén ha vivido en Estados Unidos, Brasil, Ecuador y Colombia, después llegó a México, a Cancún, de donde se trasladó a Monterrey y luego vivió por más de un año en Puebla, donde colaboraba en una televisora, con la presidencia, era perito intérprete en el Juzgado Quinto de Puebla y en el Instituto Electoral del Estado. 

Tras ser contactado por el Municipio de Juárez, Rubén llegó a esta frontera hace poco más de 30 días, donde ha descubierto palabras nuevas y donde busca aprender otras a través de Internet y conversaciones de fronterizos.

“Tal vez mi color de piel les llama la atención y me preguntan si soy migrante, si soy de Cuba”, dijo al tocar su piel mulata. 

Rubén se ha especializado en tres contextos de interpretación, que son el educativo, el cultural y el político, este último con diversas ramas como la economía y la judicial. 

Para el joven sudamericano, lo más difícil de su trabajo es que algunas veces la comunidad sorda cree que él es quien está diciendo las cosas, por lo que busca explicarles que él solamente es un intérprete, que busca comunicar lo que los demás dicen tal cual, sin cambiar palabras, pese a lo que sea su opinión. 

Pero también disfruta sentir que está haciendo un mundo más igualitario para las personas sordas, confesó. 

“Ciudad Juárez tiene la necesidad de conocer sobre la comunidad sorda, que comprendan que no les gusta que les digan sordomudos. Son sordos. Y debemos quitar de nuestro vocabulario la palabra ‘normal’, porque no hay nada normal y es una palabra que creo discrimina”, destacó el intérprete.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hasta el 2015 vivían en Chihuahua 21 mil 478 personas con algún tipo de discapacidad auditiva. 

Currículum

- Pedagogo con título de Intérprete y un posgrado en Sociolingüística de la Interpretación 

- Domina oralmente el inglés, el francés, el portugués y el español

- Habla pero no escribe el criollo-haitiano

-Domina las señas mexicanas, venezolanas, guyanesas, estadounidenses, brasileñas, colombianas, francesas e internacionales

- Colaboró en una televisora en Monterrey

- Perito intérprete en el Juzgado Quinto de Puebla y en el Instituto Electoral de ese Estado

- Intérprete en el Municipio de Ciudad Juárez