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Juárez

‘La pequeña Venezuela’, a la orilla del río Bravo

Alrededor de mil sudamericanos esperan en el bordo con la esperanza de que EU abra la frontera y así puedan cumplir sus sueños

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez

jueves, 10 noviembre 2022 | 06:00

Manuel Sáenz / El Diario de Juárez | Son 327 carpas las que están instaladas en el lugar

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Ciudad Juárez.— Con la esperanza de poder acceder a un corredor humanitario, cerca de mil 300 migrantes venezolanos permanecen actualmente en Ciudad Juárez, unos mil de los cuales conforman ya “la pequeña Venezuela”, que acampa sobre el bordo del río Bravo.

A 5 mil kilómetros de distancia de su país, y apenas a unos metros de la nación con la que sueñan, aproximadamente 900 adultos y decenas de menores viven a la intemperie, dentro de pequeñas casas de campaña o en carpas construidas con cobijas y plásticos, que tratan de unir lo más que pueden para protegerse de las bajas temperaturas que se registran en la ciudad. 

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Mientras algunos han conseguido trabajo en negocios de la zona Centro, otros venden dulces y chicles en los semáforos cercanos al bordo, unos han montado ahí mismo sus propios negocios de barbería, y otros más permanecen en el campamento en busca de trabajo o en espera de poder cruzar la frontera junto a sus familias.

Fogatas improvisadas para cocinar, cantos venezolanos y música mexicana, papalotes con los colores de su país, e incluso una perrita venezolana, forman parte de “la pequeña Venezuela”, que cada vez suma a más personas, de las que algunas tuvieron que vender todo para poder salir de su país.

Cientos de ellos forman parte de los cerca de 2 mil 200 venezolanos que fueron expulsados de Estados Unidos entre el 12 de octubre y el 4 de noviembre a Ciudad Juárez, pero también se han sumado cientos que han arribado después de haber sido expulsados a otras fronteras o que vienen del sur con la intención de acercarse más a Estados Unidos, cuyo Gobierno anunció el pasado 12 de octubre un nuevo programa para los migrantes de dicha nacionalidad. 

Cerraron la puerta el 12 de octubre

Después de recibir a miles de venezolanos sin la aplicación del Título 42, bajo el cual son expulsados con el argumento de que los migrantes representan un “grave riesgo” para la propagación del Covid-19 entre su población, el 12 de octubre el secretario de Seguridad Nacional (DHS), Alejandro N. Mayorkas, informó que Estados Unidos aceptará a 24 mil venezolanos, pero sólo será vía aérea y tras un registro previo.

La medida establece además que para poder ser recibidos deben contar un patrocinador económico que sea residente o ciudadano estadounidense, que tengan pasaporte de su país, que hayan entrado a México antes de ese día y que no hayan ingresado de manera irregular a Estados Unidos en los últimos cinco años. 

“Ahí no nos preguntaron nada, no nos pidieron la dirección de nadie. Nosotros tenemos la dirección, el número de teléfono al que iban a llamar”, lamentó Alfredo Villegas, quien tuvo que vender su casa y el camión que manejaba en su país para poder llegar a Estados Unidos junto a su esposa embarazada y sus dos hijos de 10 y 12 años de edad. 

Por eso, todas sus esperanzas permanecen puestas en el campamento ubicado junto al río Bravo, explicó quien comparte carpa con otra madre con niños. 

Después de un acuerdo con el Gobierno federal mexicano, el funcionario estadounidense argumentó que el nuevo programa permitiría reducir la cantidad de personas que llegan a través de la frontera con México, “y crear un proceso más ordenado y seguro para las personas que huyen de la crisis humanitaria y económica en Venezuela”; sin embargo, por el Sector El Paso, aunque los cruces irregulares disminuyeron de un promedio de 2 mil 100 personas a 790, el fin de semana pasado incrementaron a mil 500. 

Se cuidan entre ellos

No obstante, esta semana los habitantes del campamento levantaron una señal de alerta entre ellos para que no crucen el río Bravo, que en Estados Unidos es llamado río Grande, pues los venezolanos que cruzan por Ciudad Juárez están siendo expulsados por la Patrulla Fronteriza a través de otras fronteras mexicanas, como Tijuana y Piedras Negras, de donde algunos son trasladados a la Ciudad de México y de ahí a Tabasco. 

Isagle, de 30 años de edad, quien llegó a Ciudad Juárez la tarde del domingo con su esposo de 33 y su hija de 4 años, narró que una amiga de ella se entregó a los agentes de la Patrulla Fronteriza del Sector El Paso el domingo 30 de octubre y que el viernes 4 de noviembre fue expulsada a Tijuana con sus dos hijos, mientras que su esposo permanece detenido en Estados Unidos. 

“Lo que preocupa es que unos no tenemos economía, y es mucho el esfuerzo que uno ha hecho para llegar aquí como para que uno vaya a entrar y que lo devuelvan a uno, eso da miedo. A mí me costó demasiado”, dijo después de dos meses de travesía. 

Por ello, la familia decidió sumarse al campamento, en el que hay ya más de 327 carpas, añadidas a las que se encuentran en el puente peatonal que lleva de la avenida Heroico Colegio Militar hacia el bordo del río Bravo, a la altura del llamado “Puente Negro”. 

Con el apoyo de la comunidad de Juárez y El Paso, de las propias carpas, cobijas, ropa, comida y actividades tanto religiosas como de esparcimiento para los niños, los sudamericanos han logrado mantenerse en el campamento, cuyos migrantes tienen que pagar 25 pesos para bañarse en hoteles cercanos.

En señal de paz

Desde el domingo, algunas de las carpas lucen con banderas blancas en señal de paz, mientras los venezolanos mantienen concentraciones con cartulinas, playeras y las banderas de su país contra el Título 42, frente a Estados Unidos.

“El clima va cambiando y (Chihuahua) es un estado violento, no está el ambiente favorable en la seguridad para ellos, ya se han registrado secuestros. Hay que hacer conciencia, porque son casos muy tremendos, muy dolorosos”, dijo el sacerdote Francisco Javier Calvillo, director de la Casa del Migrante de Ciudad Juárez. 

El sacerdote lamentó que el Gobierno federal mexicano haya aceptado que Estados Unidos expulsara a los venezolanos. 

Dijo que las casas del migrante en el país se han planteado cómo hablar con la embajada de Venezuela y organizaciones internacionales para que intercedan por ellos ante los gobiernos de México y Estados Unidos. 

“Pero nosotros somos humanitarios, a nosotros no nos van a tomar en cuenta o no nos van a pelar. ¿Cómo hacerle nosotros para poder llegar a la embajada de Venezuela o al Consulado en México de Venezuela y decir: cómo podemos hacerle si juntos nos unimos para que ustedes puedan subir a organizaciones internacionales con más poder, con más voz?. Y que en un momento le digan a Estados Unidos o que le digan a México: ‘oye, ya estuvo bueno, el clima es muy diferente, ya se han documentado casos de secuestros’”, señaló. 

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