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Juárez

Segunda y última parte

Idioma, otro muro para migrantes

En el primer trimestre de 2022 han arribado a Juárez más de 150 personas de origen indígena tras ser expulsados de EU con el Título 42

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

miércoles, 27 abril 2022 | 07:18

Carlos Sánchez / El Diario de Juárez | Fátima aprendió el español dentro del albergue en donde fue acogida

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Ciudad Juárez.— “Cuando me preguntaron si venía por violencia yo me quedé callada, no supe qué decir, porque no hablaba el español y no entendí lo que me preguntaban; solo sabía pedir comida”, lamenta Fátima, una migrante indígena centroamericana quien llego a Ciudad Juárez tras haber sobrevivido a un intento de feminicidio por parte de su exmarido. 

Fátima, cuyo nombre fue cambiado por motivos de seguridad, huyó hace un año de Huehuetenango, Guatemala, después de haber sido atacada con un cuchillo en varias partes del cuerpo por el padre de su bebé, por lo que decidió huir hacia Estados Unidos, de donde fue expulsada bajo el Título 42, sin permitirle explicar los motivos de su migración. 

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Cuando cruzó la frontera, la mujer de entonces 22 años de edad, solo hablaba qánjob´al, una lengua mayense originaria de Guatemala, por lo que al ser devuelta a  Ciudad Juárez fue entrevistada por una organización de abogados que buscaba ayudarla a cruzar la frontera; sin embargo, el idioma se convirtió en la principal barrera. 

Fátima aprendió el español dentro del albergue en donde fue acogida, pero la única respuesta que obtiene ahora de los abogados es que “la frontera está cerrada”, lamentó al mostrar las cicatrices que su exesposo dejó en su cuello y sus piernas.

Andrea también proviene de una comunidad indígena de Guatemala, pero ella habla el k´iche mayense, aunque domina el español que aprendió en la escuela, de la que tuvo que salirse para huir del hombre que la violó y luego amenazó a toda su familia porque fue denunciado ante las autoridades. 

Solo durante el primer trimestre de 2022, han arribado más de 150 personas de origen indígena a Ciudad Juárez, tras ser expulsados de Estados Unidos bajo el Título 42, una política sanitaria bajo la cual los gobiernos de Donald Trump y Joe Biden expulsan de manera exprés a los migrantes, sin la oportunidad de solicitar asilo, con el argumento de que representan un riesgo para la propagación del Covid-19 entre su población.

Entre ellas se encuentran 22 mujeres de origen guatemalteco, provenientes de Huehuetenango, y 65 mexicanas, principalmente de Chiapas y Guerrero, informó Luis Dirvin García, coordinador del Centro de Atención Integral para Migrantes (CAIM), a donde acudieron en busca de ayuda. 

Fátima y Andrea permanecen en espera de que Estados Unidos dé fin al Título 42 y abra la frontera, debido a que las organizaciones de abogados no han destacado sus casos. 

“Yo salí por la violencia (…) a mí me violaron y es algo que a mí me obligó a venirme porque cuando yo toqué la ley (puso una denuncia), me dijeron de que iban a matar a mi familia, y pues allá en Guatemala no es como en Estados Unidos que se hace justicia, allá pues lo dejan ahí a ver qué pasa”, narró Andrea.

Después de cruzar México en tráileres y automóviles particulares, logró cruzar la frontera, pero sin poder exponer su caso ante las autoridades estadounidenses fue expulsada a México a través de Ciudad Juárez, en donde espera desde hace casi cuatro meses una oportunidad de asilo. 

“Le llamo a los abogados a ver si toman mi caso o no lo toman. Y pues aquí nada más estoy esperando a ver qué dice Dios. Pero como que no les interesa porque soy una señorita sola, no me toman mi edad ni nada, solo me preguntan que si vengo con niños”, narró Andrea, quien en septiembre cumplió 19 años. 

El mayor miedo de Fátima es que su exesposo la encuentre y le quite a su hija de un año y medio, como la amenazó, por lo que teme continuar en México, aseguró. 

“Al principio era cariñoso, pero cuando nos juntamos ya no, yo sufría violencia familiar. Y un día me atacó con un cuchillo y me defendí de lo que pude (…) hace poco me amenazó por teléfono, me dijo que me va encontrar, me va a matar y se va a llevar a mi niña”, narró la guatemalteca quien al llegar a Ciudad Juárez cruzó el río Bravo, pero a las pocas horas fue devuelta a México, por lo que, sin hablar español, pidió el apoyo de un albergue en el CAIM. 

La principal barrera para ella ha sido el idioma, aseguró, ya que además de perder la oportunidad con la organización que buscaba ayudarla, dice que todavía no puede explicar bien su historia. 

“Me cuesta entender y hablar, porque mi idioma, mi idioma es el qánjob´al, y voy aprendiendo un poco hablar español aquí. Cuando llegué al albergue solo sabía pedir comida. Y –todavía- batallo mucho, toda mi familia habla mi idioma”, dijo quien trabaja en Guatemala vendiendo frutas y verduras.

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