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Juárez

A 2 años y medio...

Historias de vida, detrás de la enfermedad por Covid-19

Cientos de casos fueron con un común denominador: jóvenes contagiaban a los padres o abuelos bajo la ignorancia… Todo aquello parece haberse olvidado

Colaboración Especial para El Diario

miércoles, 27 julio 2022 | 06:00

Archivo / El Diario de Juárez | Oficinas de Gobierno eran constantemente sanitizadas para cortar posibles contagios Archivo / El Diario de Juárez | Médicos en el Hospital 66 del IMSS, designado para dar atención a pacientes afectados por el virus Archivo / El Diario de Juárez | Con la llegada de la vacuna vino también la esperanza

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Los primeros casos de Covid-19 grave en la ciudad, se dieron entre abril y mayo del 2020. 

Una simple y cotidiana reunión familiar, para celebrar la llegada de los hijos que vivían en Estados Unidos llevó al hospital a media familia de los ahí reunidos; algunos fallecieron, otros quedaron con muchas secuelas. 

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Dicha situación se empezó a repetir por todas partes durante meses; el personal de salud vimos cómo llegaban y llegaban pacientes graves, intubarlos era un riesgo para todos, ya que los equipos de protección personal eran una improvisación. Lentes, que se empañan y no dejan ver, cubrebocas talla chica, overoles, o demasiado grandes o demasiado pequeños, gel y antisépticos siendo “huachicoleados” al por mayor, guantes de mala calidad y un largo etcétera de faltantes tanto de medicamentos e insumos, como también de personal humano.

Las nuevas contrataciones y condiciones laborales de aquel entonces eran muy inciertas y sospechosas, ya que carecían de sustento legal y en pocas palabras todo se resumía a que si el trabajador, recientemente contratado para la pandemia (héroes de la salud) fallecía, se le daría un seguro de vida a su familia por 1 millón de pesos, claro, además del más sentido pésame.

La primera ola se caracterizó por una bola de experimentos y situaciones desesperadas de los cuales nada funciono. La población más afectada fue la de la tercera edad.

Era una enfermedad nueva, teníamos que enfrentarnos a un enemigo invisible, poderoso y cruel.

La única cosa cierta en ese entonces era que habíamos sido rebasados, no teníamos suficientes hospitales, ni médicos ni enfermeras.

Durante los meses críticos de la pandemia vimos solidaridad de algunos y mucho egoísmo de otros. Por un lado, mucha gente no creía en el “virus chino” pero si veían en el camión o en la calle alguien vestido de enfermera o médico, lo bañaban con baldazos de cloro, jabón, detergentes, etc. 

Al personal de salud que tenía su hogar dentro de un edificio (multifamiliar) los vecinos no los dejaban entrar por miedo al contagio. Así pues, cuando la gente estaba sana, lo último a quien querían ver, era a un médico o enfermera(o), ahhh!, pero al enfermarse de Covid todo era diferente, hasta exigían la rápida atención, siendo que la fila era muy larga y lenta.

El personal de salud de primera línea vivió momentos muy difíciles, pero lo más difícil de todo era llegar a casa después de la jornada laboral, tener miedo de entrar y contagiar a los suyos, decirles a sus hijos no me abracen, no me besen era algo muy complicado de entender.

También hubo gente muy humana, que nos llevaba comida y cubrebocas y muchas cosas más, que nos apoyaba moral y con muchos detalles; gracias a todos ellos.

Fueron muchas vidas, las que desafortunadamente se perdieron, muchas de ellas totalmente prevenibles. 

En una ocasión me tocó recibir muy grave a una señora de 60 y tantos años, que necesitaba ventilación mecánica, todo esto en uno de los picos máximos de la pandemia en Chihuahua. Los hospitales estaban al máximo de su capacidad. No había suficiente oxígeno, ventiladores, sedantes, etc. La paciente se estaba ahogando, debido a una neumonía grave, ocasionada por el Covid, su hijo me suplicaba que le consiguiera un ventilador, lo cual era imposible en ese momento; fueron 3 días de sufrimiento para él y su madre. Se le permitió entrar a verla antes de morir y recuerdo como la madre con respiración agónica le decía a su hijo que no se preocupara, que no había sido su culpa irse a Cancún con su novia días previos. La paciente finalmente falleció, el hijo y la novia fueron los culpables del contagio. Después me enteré que el padre del muchacho también fallecería de Covid, dejándolo huérfano y solo, ya que era hijo único.

Otro caso similar fue el de una joven de 18 años que el día 31 de diciembre del 2020 decide ir a una fiesta con motivo del año nuevo. Al salir de la reunión ella y sus amigos sufren un accidente automovilístico en la madrugada, por lo cual es trasladada a un hospital por presentar fracturas en diferentes partes de su cuerpo, a su ingreso se realiza prueba Covid dando positiva a la misma, al interrogar a la paciente, ella me dice que ya tenía varios días sin olfato y gusto, además de fiebre y dolores musculares. A lo cual yo le pregunte, ¿que por qué no se había realizado la prueba de Covid? Ella me respondido que no lo quiso hacer porque no la hubieran dejado ir a la fiesta.

Cientos de historias similares fueron el común denominador: veíamos cómo los jóvenes contagiaban a los padres o abuelos, siempre bajo la ignorancia y el egoísmo. Pero todo aquello parece haberse olvidado.

En aquellas “épocas” añorábamos una respuesta correcta ante esta temible enfermedad, deseábamos una vacuna o un medicamento, como nunca antes habíamos añorado algo en medicina.

El mundo estaba en jaque, la información era cambiante, y lo que un día parecía una verdad, al día siguiente se convertía en una mentira 

Usábamos antibióticos, antiparasitarios, antipiojos… veíamos gente haciendo negocio con dióxido de cloro. También recuerdo que se defendía el uso de antimaláricos, antiácidos y una larga lista de ocurrencias jamás imaginadas.

Llegó una luz en el camino cuando se descubrió que el uso de la dexametasona en pacientes con neumonía grave y por ende problemas de oxigenación, les ayudaba mucho y salvaba más o menos uno de cada 4 pacientes. Esto abrió el paso a que la gente pensara –equívocamente– que la dexametasona o cualquier otro tipo de esteroides estaría indicado en cualquier fase de la enfermedad, pero no era ni es así.

El uso de esteroides en etapas tempranas o para prevenir la enfermad, sólo complicaba más a los pacientes, así pues, muchas personas se murieron por usar dexametasona de manera equivocada y en dosis erróneas.

Por un lado nos enfrentábamos a una enfermedad compleja, y por otro a la sobreinformación de las redes sociales; veíamos cómo el paciente grave había recibido por parte de familiares y “amigos” un montón de medicinas y remedios caseros, naturistas y hierbas, que sólo le provocaron una baja de defensas, haciendo que la enfermedad se complicara aún más. 

¿Pero hoy, a casi 3 años de la pandemia, las cosas son diferentes?

En cierto sentido sí. Ya tenemos una vacuna, que, si bien no evita que te enfermes, sí evita que te mueras por Covid. 

Desde que se empezó la vacunación, hemos visto muchísima menos gente necesitando un hospital o un ventilador, las empresas que surten oxígeno ya no tienen aquel desabasto de hace 18 meses, donde un tanque valía más que el oro. Actualmente las únicas personas graves, son las no vacunadas o con esquemas de vacunación incompletos. Y claro, también las personas con enfermedades inmunocomprometedoras. 

Actualmente se cuenta con medicamentos específicos antivirales, que han modificado el curso de la enfermedad, el problema es el costo tan elevado de los mismos y su difícil obtención. 

De la misma manera hay fármacos de la familia de los anticuerpos monoclonales que pueden ser de mucha ayuda, pero sólo en ciertos momentos de la enfermedad.

Ya sabemos la fisiopatología de este virus, por lo tanto, ya sobra decirlo. Los antibióticos nunca han servido para los virus, la ivermectina, la hidroxicloroquina y el dióxido de cloro, sólo ocasionaron más problemas de los que ya teníamos.

El uso de esteroides (dexametasona) sólo se debe de dar en las etapas antes mencionadas.

El síndrome post Covid –también llamado Covid largo– puede presentar:

• Problemas de concentración 

• Insomnio

• Pérdida de memoria 

• Caída de cabello

• Cansancio crónico

• Dolores musculares 

• Problemas de articulaciones

• Pérdida de piezas dentales

• Infartos

• Coágulos en piernas, pulmón y cerebro 

• Convulsiones 

En resumen:

• La enfermedad Covid-19 no se ha terminado, al parecer ya pasó lo peor. Pero ante un virus tan cambiante, no podemos asegurar nada.

• Durante los picos de alto contagio, debemos evitar exponernos al virus, tomando medidas preventivas.

• Vacunarnos cada vez que nos toque hacerlo. No debemos sentirnos superiores a los científicos formales ni a la ciencia, sólo porque algún “hijo de vecino” dice que las vacunas tienen microchips.

• No existen medicamentos preventivos que eviten la enfermedad por Covid. ¡NO los usen!

• El uso de cubrebocas jamás ha matado a nadie, ¡el Covid sí!

• Las secuelas del Covid pueden ser largas y hasta permanentes y han ocasionado más problemas que la propia enfermedad primaria.

• No se exponga intencionalmente al Covid, es una enfermedad impredecible.

• No sea egoísta, si estamos cursando con síntomas de Covid, no vayamos a la fiesta, al trabajo, al supermercado, etc. Y menos si sabemos que es Covid.

• Esta pandemia “no nos cayó como anillo al dedo”.

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