Juárez

Hacen de Juárez vía de escape de la violencia

Migrantes dejan por temor sus lugares de origen y buscan aquí un camino hacia EU

David Cruz/El Diario de Juárez
David Cruz/El Diario de Juárez
David Cruz/El Diario de Juárez
David Cruz/El Diario de Juárez

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

viernes, 27 septiembre 2019 | 10:09

Ciudad Juárez— De Ciudad Juárez Pedro sólo había escuchado que era una ciudad muy peligrosa, pero la violencia que se vive en la zona de Tierra Caliente, en el estado de Michoacán, lo hizo convertir a esta frontera en su camino de escape hacia Estados Unidos.

Como él, entre mil 400 y mil 700 migrantes mexicanos, permanecen postrados junto a los tres principales puentes internacionales entre Juárez y El Paso, desde principios de septiembre, según estimaciones de Gobierno del Estado.

Con más de 700 personas, el puente Zaragoza-Ysleta se ha convertido en el mayor campamento de connacionales en espera de que toque su turno para solicitar el asilo político al Gobierno de Donald Trump.

Ahí los propios connacionales se han organizado para mantener el orden, la limpieza, seguridad y salud, apoyados por los tres niveles de gobierno, organizaciones civiles, Cruz Roja y grupos religiosos.

La rutina que han adoptado los mexicanos, principalmente de Michoacán, Zacatecas y Guerrero, comienza aproximadamente a las 8:30 de la mañana, con el pase de lista por parte de los encargados, quienes cada dos o tres días reasignan los números de espera, conforme a la autorización de cruces que permiten todos los días los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).

Ayer, alrededor de las 9:00 de la mañana terminó el pase de lista: 187 familias, pero ya había cuatro más listas para anotar su nombre y teléfono.

“En promedio son cuatro personas por familia, pero hay familias de dos, de tres, de cinco, de nueve, de 12”, dijo uno de los encargados, quien calculó que hasta entonces había entre 750 y 800 personas.

“Hoy (ayer) en la madrugada dejaron pasar a siete familias, pero ya llegaron otras, unas se han regresado, otras intentan cruzar pero hay vigilancia para que nadie se brinque la lista”, explicaron los migrantes.

Todos duermen sobre colchonetas que les fueron prestadas, ellos mismos compraron lonas y casas de campaña para protegerse del sol y para resguardarse durante las noches de la inseguridad, aunque todos, como Pedro de 23 años, aseguran que temen más a la violencia de los grupos criminales en sus estados que a la inseguridad en esta frontera.

Con el pase de lista, comienzan a despertar, durante la noche no todos duermen, sobre todo a quienes ya casi les toca el turno de pasar, ya que a veces los agentes de CBP les dan acceso durante la madrugada, y después de hasta 15 días de espera, nadie quiere perder la oportunidad de cruzar hacia el llamado sueño americano.

“El pueblo está muy feo, los muchachos no saben ni agarrar ni una pistola y a huevo tiene que ir a pelear, se los quieren llevar”, dijo otra mujer proveniente de Tierra Caliente, una región del país que comprende parte de Michoacán, Guerrero y el Estado de México, y que colinda con Colima, Jalisco y Morelos.

Religiosos los ayudan

“Mi hijo estaba trabajando en el corte de limón y así como estaba de espaldas lo golpearon, lo dejaron mal de todo un lado del cuerpo y así como está querían que fuera a pelear para defender el pueblo… Allá está muy feo”, aseguró la michoacana quien ya tiene ocho días durmiendo a una cuadra del puente internacional, después de haber salido con su esposo de 53 años y su hijo de 33 a escondidas de su pueblo.

Como ella, cada familia cuenta una historia diferente, pero similar; en todas existe el miedo a la violencia, una violencia que aseguran en Juárez no han sentido, ya que contrario a ello, en esta frontera han encontrado el apoyo de la comunidad para alimentarse e incluso bañarse, como es el caso del templo Salmo 27, ubicado a una cuadra de su campamento.

Después del pase de lista, comienza la fila para bañarse en el templo cristiano, donde sólo se cuenta con una regadera, por lo que se les da prioridad a los que tienen más tiempo de espera o que están a punto de cruzar. 

“Nosotros decidimos apoyarlos hace tres semanas, porque vimos la situación en la que estaban y el de allá arriba (Dios) nos tocó el corazón… Aquí pueden bañarse, lavar y tienen un lugar seguro donde cargar su celular o donde recrearse”, comentó Celia Aparicio, una de las encargadas del lugar.

Aunque para parte de la comida los propios migrantes se cooperan, el lugar necesita todo tipo de alimentos, pañales, leche, ropa y juguetes para los niños, dijo quien pidió el apoyo de la comunidad a través del celular de El Paso 915-2757518.

Más de la mitad son niños

Según estimaciones de Protección Civil del Estado, el 60 por ciento de los migrantes en los tres puentes internacionales son menores de edad, como el hermano de Pedro, de 14 años, quien se tuvo que salir de la secundaria para poder venir a Juárez en buscar del refugio estadounidense.

“Allá no se puede estar, al día siguiente que nos vinimos se llevaron a tres muchachos y ya no se supo nada de ellos, nosotros nos vinimos el sábado”, dijo Pedro, quien vivía en la frontera con Jalisco.

Pedro y su mamá pudieron poner a salvo a su hermano de los grupos delictivos que operan en aquella región, pero no a sus hermanas y a sus sobrinos, cuyos esposos no tuvieron dinero para huir, aseguró.

“Nos gastamos como 10 mil pesos en venir hasta acá, fueron 500 pesos a Apatzingán, luego 2 mil 76 pesos del autobús hasta Guadalajara, mil 600 pesos de cada uno del avión de Guadalajara para acá y 390 del taxi del aeropuerto a aquí. Para pagar tuve que vender dos motos que tenía, trabajé como un año para comprar cada una, pero mis hermanas no tuvieron para venir, se quedaron allá con 3 hijos, una con 2 y otra con 4; sus maridos uno trabaja en el corte de limón, otro es albañil y otro en una panadería, ellas tiene”, lamentó el michoacano.

Ayer, al igual que los de Paso del Norte y Córdova, los mexicanos que esperan junto al puente Zaragoza fueron visitados por el director de la Casa del Migrante de Ciudad Juárez, Javier Calvillo, y por el obispo de Juárez, José Guadalupe Torres Campos, quienes destacaron que “no se trata sólo de migrantes”, sino de una cuestión humanitaria.

Por la tarde, la persona de la misma Casa del Migrante les repartieron en los tres puentes 800 porciones de comida, hecha por militares de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

“A veces nos traen burritos, ayer (miércoles) nos trajeron morisqueta (arroz con leche)”, comentó Pedro, quien se dijo agradecido con los juarenses, y también resignado a permanecer al menos 15 días en Juárez.

Los connacionales también destacaron el apoyo de la Cruz Roja y de la Policía, quienes los han vigilado y los han apoyado en los dos casos que les ha picado un alacrán a una adolescente de 14 años y a un niño de siete.

Por la tarde unos recogen la ropa que lavaron en la mañana, otros lavan; los niños juegan, los jóvenes hacen grupos, los adultos se cuentan sus historias unos a otros. Todos esperan que pase pronto el sol, que anochezca y vuelva a amanecer, para que avance la lista de espera y les toque el turno de salir de un país del que huyen para lograr el llamado sueño americano, en el que buscan, más que trabajo, la permanencia de su vida.