Juárez

Galería: ‘Toman’ adictos el hotel Juárez

Edificio abandonado se ha convertido en refugio para pedigüeños, limpiavidrios, payasos callejeros y malabaristas, quienes comparten la necesidad de consumir drogas

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El Diario de Juárez

lunes, 22 noviembre 2021 | 10:36

Staff / El Diario de Juárez | Una de las personas entrevistadas dentro del inmueble Staff / El Diario de Juárez Staff / El Diario de Juárez | La propiedad está a un lado de un cuartel militar abandonado Staff / El Diario de Juárez Staff / El Diario de Juárez Staff / El Diario de Juárez Staff / El Diario de Juárez Staff / El Diario de Juárez Staff / El Diario de Juárez Staff / El Diario de Juárez Staff / El Diario de Juárez

Ciudad Juárez.— Sobre la Avenida Lerdo, a un costado del cuartel vacío de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la pintura descascarada y los vidrios rotos de algunas ventanas muestran el abandono de lo que hace años funcionó como el Hotel Juárez.

Dentro, entre basura, grafiti y el penetrante olor a desechos humanos, J., estaba el pasado miércoles 17 en una habitación del fondo del primer piso. En un recorrido de este medio fue encontrado con una jeringa en la mano, parado de cara a la ventana que da al patio de la instalación militar. Vestía sólo el pantalón, portaba cubrebocas bajo la barbilla y accedió casi sin demora a que se tomaran fotografías mientras procedía con el objetivo de su presencia en ese deteriorado edificio. Se inyectó heroína en la parte interior de la muñeca izquierda, justo encima de un pequeño tatuaje en letra cursiva. Detrás de él, P., dejó su mochila sobre el suelo, se sentó y se preparó una pipa para fumar “piedra”. Con una mezcla de sorpresa e indiferencia, comentaron que se harían “famosos”. 

Era alrededor del mediodía en la instalación que ha sido tomada como lugar de consumo de sustancias ilícitas. Datos recabados con otros usuarios indican que casi una veintena de personas duermen, además, ahí y que compran sus dosis en un “punto” cercano. Uno de los entrevistados dijo requerir cinco pinchazos diarios de heroína; cada uno por un costo de 60 pesos.

“Primero nos sacaron de la casa aquélla (cuadras al norte del hotel), y luego nos fuimos al cine ése que lo cerraron, porque se cayó uno bien loco desde arriba y fue cuando vinimos a parar aquí”, comentó una persona entrevistada.

Pedigüeños, limpiavidrios, payasos callejeros, malabaristas y aun dos ciudadanos norteamericanos completan el resto del inquilinaje. La mayoría comparte la experiencia de no tener casa y la necesidad de consumir el opiáceo a diario.

La luz del sol se cuela por algunas ventanas y puertas del hotel vacío, iluminando en formas simétricas algunos puntos de los pasillos en penumbras. Hay heces acumuladas en los pisos, jeringas y, sobre todo, miles de botellas de plástico. En algunos puntos hay también ropa, como un pantalón en la escalera o sostenes en uno de los cuartos. 

Ubicado a cinco cuadras del cruce internacional Stanton-Lerdo, el hotel Juárez lleva más de una década abandonado. El cuartel militar contiguo, de acuerdo con los comerciantes de los negocios aledaños, se quedó sin actividades desde los años de la Operación Conjunta Chihuahua, entre 2008 y 2012, cuando fueron aquí desplegados miles de soldados con el supuesto argumento de combatir a la delincuencia organizada. En la fachada, en la que casi la mitad de los vidrios están rotos, sólo un letrero indica que la instalación de Sedena es propiedad federal y que el ingreso a la misma es considerado un delito. A unos metros, junto al extremo norte del hotel, está, además, el edificio municipal que alberga oficinas como la Dirección General de Desarrollo Urbano.

Aun así, el ingreso al hotel en ruinas por parte de quienes acuden a consumir sustancias ilícitas e incluso el suministro que reciben por parte de los narcomenudistas ocurre de manera casi abierta, como mencionaron personas entrevistadas en la zona.

“Nadie dice nada. La policía no los puede detener y los sueltan porque no pueden hacer nada con ellos. Es inacabable. Se atraviesan la calle, son cosas normales y ya mejor los deja uno”, se indicó en uno de los locales comerciales.

También los ocupantes del hotel se quejaron de la Policía municipal. “Saben que somos adictos y por eso nos meten y nos golpean”, dijo una de las personas cuyo testimonio fue tomado. 

“Apenas las costras se me están quitando de la cabeza, donde me pateaban así la cara los policías y me rebotaba en la pared”, agregó otro.

Los entrevistados señalaron que la autoridad también conoce dónde está “el punto”, o el lugar en que compran las drogas, pero que “está con ellos, porque cada rato los agarran y cada rato los sueltan; nomás (reciben) su cuotita para su coquita”.

De acuerdo con Adrián Sánchez, vocero de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM), en la ciudad hay varios inmuebles abandonados que son utilizados para el consumo de estupefacientes, por lo que la corporación se “mantiene atenta a este tipo de construcciones”.

Cuando se hacen las revisiones, dijo Sánchez, si se encuentra a alguien en posesión de sustancias ilícitas se le remite a la Fiscalía General del Estado (FGE) y, si se encuentran sólo en estado de intoxicación, se les detiene por falta administrativa. 

Pero los abusos por parte del personal policiaco, indicó el titular de la corporación, César Omar Muñoz, no están tolerados, por lo que convocó a quien sea víctima de alguna violación a sus derechos por parte de oficiales a que procuren tomar el número de las unidades con el fin de sustentar denuncias.

“La SSPM ahora está muy al pendiente de que se respeten los derechos del ciudadano sin importar si es indigente, un adicto, un abogado; se tienen que respetar los derechos de cualquier ciudadano; si alguien tiene esa información sustentada, que hagan la denuncia correspondiente para proceder contra los elementos”, pidió el funcionario.

Uno de los consumidores en la zona aledaña al hotel se dijo frustrado ante las agresiones: “yo a veces lloro de impotencia de no poder hacer nada, ¿a quién le digo? ¿A quién le comento?”.

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