Galería: Así se vivió la 'cacería' de la Guardia Nacional vs migrantes

Aproximadamente a medio día, el grupo de nicaragüenses conformado por dos mujeres, dos hombres y tres niñas, llegó corriendo hasta el río Bravo

Hérika Martínez Prado/
El Diario
lunes, 24 junio 2019 | 20:24

Ciudad Juárez- La contención del Gobierno mexicano para que los migrantes no crucen hacia Estados Unidos en el bordo del río Bravo, se ha convertido en una “cacería” que separa a familias, cuando unos logran cruzar y otros no, como ocurrió el fin de semana con un grupo de nicaragüenses.

 Después de que el gobierno de José Daniel Ortega Saavedra, en Nicaragua marcara su casa con la leyenda “terroristas” por manifestarse contra él, la familia salió huyendo hace más de un mes de su país pero al llegar a esta frontera solo parte de ellos pudieron cruzar.

 “Llegamos hace una semana, pero nos daba miedo (cruzar la frontera), no hallábamos qué hacer”, comentó una de las mujeres tras ser detenida por la Guardia Nacional antes de poder cruzar el río internacional para solicitar el asilo político en Estados Unidos.

Aproximadamente a medio día, el grupo de nicaragüenses conformado por dos mujeres, dos hombres y tres niñas, llegó corriendo hasta el río Bravo, pero se encontraron con la presencia de los militares que desde el jueves forman parte oficialmente de la Guardia Nacional en la frontera norte.

 Los migrantes trataron de aprovechar que los castrenses estaban lejos, y bajaron corriendo el bordo de cemento frente al muro fronterizo, pero al observarlos también los militares corrieron armados tras ellos y lograron detener a dos mujeres.

 La niña de una de ellas, de aproximadamente 10 años, logró escapar y cruzar corriendo el río, pero al ver que su mamá había sido detenida por los militares decidió regresar con ella y fue ayudada por un militar para subir el bordo de concreto.

 La otra mujer, de 33 años, que no pudo escapar de los militares mexicanos que cuidan la frontera dijo que su esposo sí pudo cruzar a Estados Unidos, junto a sus hijas de nueve y seis años de edad, así como el hijo de su esposo, quien estudiaba medicina en Nicaragua.

 Su marido fue el primero en bajar el bordo con su hija de seis años en los brazos pero no fue alcanzado, mientras que el universitario y la niña de nueve años cruzaron corriendo mientras su mamá era detenida.

 “Traigo una carta del obispo”, argumentaba la mujer a los castrenses, quienes las entregaron al Instituto Nacional de Migración (Inami), mientras la otra mujer besaba en la frente a su hija, quien lloraba junto a los agentes migratorios y de la Guardia Nacional.