El diario
Título 42: El muro invisible de Estados Unidos

Expulsión de EU termina con su sueño

A pesar del riesgo que enfrentan al regresar a sus lugares de origen, las autoridades de la Unión Americana no permiten a los migrantes exponer motivos por los que buscan asilo

Hérika Martínez Prado / El Diario
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Tercera de tres partes


Fotos: Hérika Martínez Prado / El Diario


Mientras que Estados Unidos mantiene sus fronteras cerradas, cientos de familias centroamericanas que fueron expulsadas con engaños a México bajo el llamado Título 42, aguardan albergadas en Ciudad Juárez una oportunidad de asilo del Gobierno de Joe Biden.

“Por favor, que me escuchen, porque yo necesito que me escuchen con las pruebas de mi caso, no sólo por mí, sino por la seguridad de mis hijos. Porque si yo vuelvo a mi país no hay justicia, yo voy a morir y yo eso es lo que no quiero”, suplicó Dina al Gobierno estadounidense tras haber sido expulsada a esta frontera bajo el argumento de que significa un riesgo de propagación del Covid-19.

Al igual que Dina, Kate, Luis Javier, Isabel, Eilín y Laura aseguraron que las autoridades de Estados Unidos ni siquiera les dejaron explicar los motivos por los que buscan el asilo en su país, y que todos fueron expulsados con engaños.

La leyenda “Bienvenidos a México” y las letras blancas de “Cd. Juárez” que se leen sobre el llamado “Cerro Bola”, desde del puente internacional Lerdo-Stanton, son a diario el golpe de realidad de las familias centroamericanas que creían ir a un albergue dentro de Estados Unidos.

Al menos un centenar de personas que cruzaron la frontera por el Valle de Texas y fueron trasladadas en los llamados “vuelos paralelos” hasta El Paso son finalmente enviadas a Ciudad Juárez con engaños.

Se trata de unidades familiares, principalmente de madres solas con hijos pequeños, quienes “no saben a dónde están llegando, vienen con un impacto psicoemocional muy fuerte y están desubicadas”, informó Alex Rigol, coordinador en Ciudad Juárez de la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas (OIM).  

De acuerdo con el estudio denominado Matriz de Seguimiento de Desplazamiento “DTM Retornados a México bajo Título 42”, realizado por la OIM, entre los principales obstáculos de quienes son expulsados se encuentra la detención en Estados Unidos, en un 15 por ciento, debido a la falta de alimentos, la falta de servicios de salud, la confiscación de pertenencias, la retención de documentos, el maltrato que aseguran sufrir y la separación familiar.

De los mexicanos expulsados que fueron encuestados por Naciones Unidas, el 5 por ciento dijo haber sido separado de las personas con las que viajaba. De los mexicanos que dijeron haber sufrido separación, el 33 por ciento dijo viajar con su pareja, el 33 por ciento fue separado de sus sobrinos y el otro 33 por ciento de personas que no eran sus familiares.

Por su parte, de los extranjeros que sufrieron separaciones tras ser detenidos y expulsados a México, el 61 por ciento dijo que fue separado de uno o más hijos, el 19 por ciento de su pareja, el 10 por ciento de sus sobrinos, el 6 por ciento de personas que no eran familiares, el 13 por ciento de sus hermanos, el 10 por ciento de sus nietos, el 3 por ciento de sus padres y un 3 por ciento más de sus primos.

Otros de los obstáculos que los migrantes expulsados narraron a Naciones Unidas fueron los legales, ya que el 9 por ciento confesó su falta de conocimiento de los procesos migratorios, como la posibilidad de solicitar asilo.

“Yo esperaba que me dieran la oportunidad de expresarme porque yo traigo pruebas de todo de lo que pasó, y la verdad que cuando yo hablé con el oficial sólo me dijo que habían recibido un comunicado de que todos veníamos para fuera. Entonces le dije que me diera chance de hablarle a un abogado para que me ayudara y me dijo que no, que no se podía, que no había derecho a llamadas”, dijo Dina, tras huir con sus hijos de las pandillas de Honduras.

Un 6 por ciento de los migrantes destacó a la OIM el maltrato por parte de las autoridades en el momento de su aprehensión, la retención de documentos o los sistemas de vigilancia.



‘Bienvenidos a México’

A Dina no le retuvieron sus documentos ni le quitaron su ropa, pero asegura que sufrieron malos tratos por parte de los agentes migratorios mientras permanecieron detenidos.

“Ellos no estaban muy alegres de que hubiéramos entrado todos, yo esperaba que me entrevistaran por mi caso, porque es grave, yo hui por mi vida, porque no quiero dejar huérfanos a mis hijos, pero ellos no me dieron la oportunidad de expresarme. No nos dejaron ni bañarnos como en cinco días, y había un oficial que nos maltrataba mucho a todos nosotros, porque decía que nosotros íbamos enfermos de Covid, y gracias a Dios ninguno estábamos enfermos”, aseguró.

Debido a las bajas temperaturas, las estaciones migratorias y los centros de detención de migrantes son conocidos como “hieleras”, y tras pasar entre dos y siete días en ellas, casi todos los niños que llegan a Juárez están enfermos y deshidratados, informó Rogelio Pinal, exdirector de Derechos Humanos del Municipio y quien hasta el 9 de septiembre coordinó el gimnasio municipal Enrique “Kiki” Romero, que abrió sus puertas el 5 de abril de 2021 para albergar a las familias expulsadas de Estados Unidos.

“Mis hijos no tenían suéter, mi hija (de 9 años) hasta el final consiguió ese, pero sí estaba temblando de frío. Y él (su hijo de 11 años) ya lloraba, que ya no quería seguir, que mejor lo sacaran. Tenía mucha tos y no había atención médica. Yo llegué ahí enferma, porque tenía tos, dolor de estómago, diarrea, y ya tenía (así) como nueve días antes de llegar ahí. Y pues hasta que me puse a llorar un oficial me llevó con la doctora, pero gracias a Dios no tenía Covid, y me dieron medicamento para controlar, porque todo lo que comía iba para afuera”, narró la centroamericana.

Dijo que aunque al principio le dijeron que todos serían sacados del país, después de cinco días los subieron a un avión sin decirles a dónde iban, por lo que muchos tenían la esperanza de ir con sus familiares dentro de Estados Unidos, pero al llegar al aeropuerto de El Paso los bajaron y les dijeron “hasta aquí nomás”.

“Al cruzar miré la bandera de México, entonces dije: ya estoy en México. Pero no nos explicaron nada, ellos no nos dieron ninguna explicación. La verdad (sí sentí miedo), porque al llegar a Migración pensé que íbamos a volver a pasar lo mismo que pasamos, estar detenidos, estar encerrados. Pero al mirar que los oficiales nos atendieron amablemente, nos dieron seguridad, nos sentaron… después nos ayudaron a los que veníamos enfermos, sentí cierto alivio”, aseguró.


Reciben maltrato

Después de escalar y bajar los más de 10 metros del muro fronterizo con su hijo de 8 años en la espalda, Kate Funes fue llevada las hieleras, donde ambos permanecieron seis días, y donde aseguró que también fueron víctimas de maltratos y discriminación.

“Mi hijo se me puso muy mal porque la temperatura es superbaja, y si uno se queja, de castigo le suben más (a la refrigeración). Es peor la cosa si uno se queja y lo tratan muy mal. Le dicen a uno: ‘¿A qué vienes?, ¿quién te trajo?, ¿te obligamos? No. Aguántate, no estás en tu país. Ignorantes’; así nos dicen”, afirmó.

Después de haber sido secuestrados y haberse contagiado de Covid-19 en Veracruz, Kate se quitaba su suéter para ponérselo a su hijo, pero aun así él le decía que le dolían los huesos.

“Ahí no les interesaba si estábamos bien o mal. Mi niño lloraba porque sólo nos dieron una sábana térmica, y el niño me decía que ya no soportaba, me decía que por qué eran tan malos. Y mi niño le dijo a una oficial que no soportaba el frío, que si le daba otra cobija de metal, y (la oficial) me dijo a mí: ‘señora, hágale entender a su hijo que la ignorante en traerlo fue usted, yo no le dije que se lo trajera’, y cerró la puerta”, recordó la madre, quien huyó de un intento de feminicidio por parte de su exesposo.

Dijo que cuando fueron trasladados a El Paso, se les dijo que iban a un albergue y que de ahí iban a hablar a su familia. Al llegar al aeropuerto fueron trasladados en camiones y luego encaminados hasta el puente internacional.

“Vimos que decía ‘Bienvenidos a Ciudad Juárez’; ya ahí ya sabíamos que no era algo normal, y vimos el cambio rotundo. El cambio era exagerado. Cuando llegamos exactamente al puente nos dijeron: ‘de aquí busquen la manera de irse para su país. Y si vuelven a entrar, a los que traen niños se los van a quitar’. No dieron oportunidad alguna de que nos explicaran algo”, recordó.

Llegar a México, “la verdad que sí es algo muy decepcionante, porque con sólo ver el puente la angustia te mata, porque no estás en tu país, porque no sabes si te van a dar la mano para ayudarte. Yo no sabía en dónde iba a dormir, mi hijo tenía hambre, tenía sueño, le dolía el cuerpo”, aseguró quien sintió angustia y miedo tras ser expulsada a más de mil 200 kilómetros de la frontera que ella conocía.

Sin más ropa que el delgado pantalón y la playera que llevaba puestos, a sus apenas 13 meses de nacido, el hijo de Laura López pasó cinco días en las llamadas hieleras, por lo que llegó a Ciudad Juárez enfermo de tos y el estómago.

“Estuvimos cinco días encerrados en la hielera y seis noches; sin ropa nos metieron, nosotros no teníamos nada. Mi hijo ya estaba bien malo y ya ahorita ya se está recuperando poco, porque ya ni caminar podía, ya no se podía parar, porque pasó como cuatro días sin comer (en Estados Unidos) y al llegar (a Juárez) ya no se le paraba nada en el estómago”, compartió.

Después de que una red de coyotes le hizo creer que con su hijo sería fácil lograr el asilo político, y que a cambio de 50 mil quetzales (129 mil pesos mexicanos) iría desde Guatemala hasta Estados Unidos, la llevaron con un prestamista, quien le prestó dicha cantidad pero le hizo firmar por el pago de un interés del 10 por ciento mensual.

Endeudada, expulsada del país en el que creyó que cambiaría su vida, y con su hijo recuperándose, la joven de 21 años de edad dijo que esperará en un albergue de esta frontera hasta que Estados Unidos le dé una oportunidad de asilo, para poder trabajar.



‘Nos engañaron los gringos’

Luis Javier también está decidido a esperar en Juárez una oportunidad de Biden, junto a su hija Cristy, de tres años de edad; mientras tanto, se encarga de ayudar a atender a otros migrantes en el gimnasio municipal “Kiki” Romero.

En el camino “la niña siempre me pregunta que cuándo íbamos a llegar, claro que me preguntaba, yo tengo una cuñada en Estados Unidos y (le decía que) ella iba con ella. Pero cuando cruzamos el río estuvimos detenidos dos días en unos lugares helados, en las hieleras, les dicen ellos. Luego nos subieron a un bus sin decirnos nada”, dijo el hondureño, quien dejó a su esposa y tres hijos más para ir a trabajar y poderles hacer una casa.

El comerciante centroamericano aseguró también que él y las más de 100 personas con las que fue expulsado a Ciudad Juárez fueron enviados a México con engaños.

“A nosotros sólo nos dijeron: ‘ustedes van a una iglesia. Ustedes ahí van a dar la dirección de su familia para que los vengan a recoger’. Nos engañaron los gringos. Cuando ya cruzamos el puente, entonces ya miramos: Bienvenidos a México. Entonces nosotros imaginamos que cualquier cosa iba a suceder, ya nosotros nos dimos cuenta que veníamos de regreso. Nos decepcionamos, no es fácil”, lamentó el hombre, quien todos los días habla con su esposa por teléfono y le manda fotos de su hija, a quien otras migrantes y las propias trabajadoras del Municipio en el albergue le ayudan a peinar y a vestir.

Después de cruzar por el río Bravo, a la altura de la calle Oro, Isabel y su hijo de seis años pidieron apoyo para pasar la noche y fueron llevados al gimnasio “Kiki” Romero, el cual se ha convertido en un filtro para evitar un brote de Covid-19 en los albergues de la ciudad.

“Nomás me dijeron: ‘usted no va a ir a Guatemala, nomás esperen’. Así me dijeron a mi cuando me agarraron. ‘Nomás esperen la salida’. Así me dijeron, me mandaron, ‘nomás esperen la salida’. ‘La frontera está cerrada’. Y pedí ayuda para dormir”, dijo la guatemalteca cuya lengua materna es el man.

Sin dinero para regresar a su país, Isabel también aseguró que va a esperar en Juárez hasta que el Gobierno de Estados Unidos abra la frontera.


Varados en Juárez

Eilín y su familia también forman parte de los 3 mil migrantes que de acuerdo con el coordinador del Centro de Atención Integral para Migrantes (CAIM), Luis Dirvin García, permanecen actualmente en los más de 20 espacios de acogida que existen en Ciudad Juárez, con la esperanza de que el presidente Biden les otorgué una nueva oportunidad de ingresar a su país, al menos mil de los cuales son centroamericanos expulsados bajo el Título 42.

“Nosotros nos dimos cuenta que estábamos en México cuando vimos que decía ‘Bienvenidos a México’, y en un cerro decía ‘Ciudad Juárez’. Entonces todo mundo empezó a llorar, la verdad, porque es bien difícil, porque uno recorre un camino peligroso, se ven muchas cosas, se viven muchas cosas. Hay gente que le cuenta a uno que es difícil el camino, pero la verdad nunca le dicen a uno qué tan grande es el peligro y a lo que uno expone a sus hijos”, dijo la enfermera de 36 años de edad.

Después de huir de las amenazas que sufrió su esposo en Honduras, de vender todas sus pertenencias y sentir que su hijo podía morir en el camino por falta de oxígeno, Eilín y su familia se encuentran varados en Ciudad Juárez, desde donde también pidieron al Congreso de Estados Unidos y al Gobierno demócrata que les den una oportunidad de salvar su vida trabajar en el vecino país.

De acuerdo con la encuesta de la OIM, entre las principales dificultades con las que se encuentran los migrantes que son devueltos a México, el 5 por ciento mencionó la falta de recursos económicos y el 4 por ciento la inseguridad en México.

Mientras que en agosto en promedio el 20 por ciento del centenar de centroamericanos que eran recibidos por Grupo Beta daba positivo a Covid-19 al ingresar a México, durante septiembre la cifra se redujo al 10 por ciento, por lo que tienen que ser aislados hasta que logren vencer el virus, lo que significa un reto para los actores que apoyan el fenómeno migratorio en esta ciudad, informó el coordinador local de la OIM.  

El estudio de Naciones Unidas también destaca que el 67 por ciento de los mexicanos expulsados bajo el Título 42 quiere volver a Estados Unidos, el 23 por ciento quiere retornar a su lugar de origen, el 9 por ciento busca quedarse en la frontera y el 1 por ciento espera reubicarse en México.

En el caso de los extranjeros, el 92 por ciento quiere volver a cruzar a Estados Unidos para vivir allá, el 4 por ciento piensa quedarse en México y el 4 por ciento restante busca volver a su país.