Juárez

Tercer rastreo ciudadano

‘Esto es como buscar una aguja en un pajar’

Familiares de personas desaparecidas y activistas, recorrieron las dunas y la Sierra de Samalayuca

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

viernes, 18 junio 2021 | 08:22

Fernando Méndez / El Diario de Juárez | La búsqueda se realizó en aproximadamente a seis kilómetros del retén militar Fernando Méndez / El Diario de Juárez Fernando Méndez / El Diario de Juárez

Ciudad Juárez— Las ampollas en las manos de Manuel Favela apenas sanaron desde el último rastreo en el que participó hace unas semanas, pero el anhelo por encontrar a su hijo y a otros desaparecidos lo hace seguir caminando en medio del desierto.

“Esto es como buscar una aguja en un pajar, es casi imposible encontrar algo aquí; pero tenemos que encontrarlo, tenemos que encontrarlos”, dijo a quien el 2 de octubre de 2012 le cambió la vida, cuando su hijo Adrián Favela Márquez, de entonces 28 años de edad, fue “levantado” de su vivienda por agentes ministeriales.

Manuel y su esposa, María de Jesús Márquez, forman parte del Colectivo de Familias Unidas por la Verdad y la Justicia, el cual es asesorado por el Centro de Derechos Humanos Paso del Norte (CDHPN), quienes ayer encabezaron un rastreo en el desierto de Samalayuca, apoyados por la Comisión Estatal de Búsqueda (CEB) y peritos de Servicios Periciales.

Protegidos de los hasta 36 grados centígrados que se registraron ayer, y equipados con palas y varillas, los familiares de hombres desaparecidos y activistas recorrieron distintos puntos entre las Dunas y la Sierra de Samalayuca, acompañados del personal de la Fiscalía General del Estado (FGE), el cual acudió con cuatrimotos, un georradar, un dron y dos binomios caninos, en busca de restos humanos. 

El tercer rastreo ciudadano que realizan en conjunto durante 2021 se llevó a cabo aproximadamente a seis kilómetros del retén militar conocido como Precos, mientras que el primero fue a la altura del “Cerro del Caballo” en la carretera a Casas Grandes y el segundo en el Valle de Juárez. 

“La gente tiene que saber que esto pasa. Lo que sucede es que no se da uno cuenta de esto hasta que no le pasan las cosas; yo estaba igual, no sabía ni qué rollo. Yo sí me daba cuenta de que desaparecían chavos, pero decía ‘anda mal’. Y es lo que dice la gente, dice: anda mal. Entonces, aunque anden mal, no tiene nadie derecho a privarlos de la libertad ni de la vida. Y aunque anden mal, nosotros no juzgamos a las personas. Pero obviamente a mí me consta que mi hijo no andaba mal, no nada más a los que andan mal les pasa, y es lo que queremos: concientizar a la gente de ello”, destacó el hombre de 62 años de edad. 

Adrián trabajaba en el área de mantenimiento en Walmart de El Paso, ciudad en donde vivía con sus papás, pero una semana antes se había casado su hermana y él le estaba ayudado en reparaciones de su casa. El miércoles 3 de octubre se tenía que presentar a su trabajo, pero la madrugada del martes 2 lo ‘levantaron’ de su vivienda.

“Nosotros estábamos en El Paso, yo tenía que salir de la ciudad, tenía que ir a trabajar el martes. Mi esposa habló con él el lunes, le dijo que cerrara la casa y le dio todos los consejos de una mamá. Y el martes a las 6:00 de la mañana me habló mi hermana, que alguien se había metido a la casa. Yo pospuse el trabajo que iba a hacer y nos vinimos acá, ya no había nadie, nomás puros destrozos, quebraron el candado del barandal, quebraron puertas; mi hermana vive enseguida, vive sola, y también le quebraron la puerta y se metieron”, recordó Favela. 

Tras la desaparición de su hijo, sus padres regresaron a Juárez para comenzar a buscarlo. Manuel trabajaba en la construcción, y pidió cuatro meses y medio de descanso, pero luego se les acabó el dinero y tuvo que regresar a su trabajo. 

“Ahorita ya tengo todo lo que va de la pandemia sin trabajar. Luego, se vinieron los rastreos y me quedé para acompañar a mi esposa, porque me interesa encontrar a mi hijo y a más gente; nos interesa, pues. A toda la gente nos debe interesar, pero nada más a nosotros que nos pasó”, aseguró. 

De acuerdo con los testigos, Adrián fue sacado de su vivienda y ‘levantado’ por policías ministeriales junto a Adriel Alonso Ávila Barrios, de 30 años de edad, pero sobre la investigación, el padre asegura que no hay ningún avance, y aunque hubo quien les informó que los vio dentro de las instalaciones de la FGE, después se retractó por temor a sufrir represalias. 

“Ellos (la Fiscalía) duraron mucho para reconocer que habían sido ellos, luego aceptaron, pero no pueden investigarse ellos mismos (…) Yo creía en la Fiscalía, pero me di cuenta demasiado tarde de que nos manejaban con puras mentiras. Y nosotros, pues estábamos creyendo. Yo confié en personas respetables, entre comillas, y de hecho yo les entregué evidencias y ellos mismos se encargaron de desaparecerlas, y estoy hablando de personas muy respetables. Y todo eso, pues, es bueno que la gente lo sepa, yo duré dos meses confiando… hasta que me abrieron los ojos”, lamentó mientras rastreaba el desierto de Juárez. 

Cubierto con una pashmina y una gorra, el padre protegía también su mano derecha con un guante y enrollaba constantemente una bolsa negra de plástico en la parte superior de una varilla doblada en forma de bastón, todavía con las marcas de las llagas que le quedaron en la palma derecha después del rastreo de mayo pasado en el Valle de Juárez.

“Se tiene que enterrar la varilla fácilmente en un cuadrante en donde se vea la tierra removida; yo busco hasta dónde se entierra la varilla (hasta qué profundidad), si está diferente el terreno; ahí parece que un animal removió (la tierra), pero aquí hay material ajeno (otro tipo de piedras) y sospecha uno”, explicó.

“La otra vez encontré un hueso, una falange, así caminando lo vi semienterrado, lo empecé a mover y era un huesito”, relató mientras la varilla se hundía fácilmente, por lo que peritos y agentes de la CEB acordonaron el área y utilizaron un georradar para verificar el cuadrante y luego mostrarle que no había una fosa ahí. 

“Parece que es una madriguera, pero es mejor descartar”, dijo quien en la búsqueda de su hijo ha sido capacitado para realizar rastreos, y ha acudido a la Ciudad de México, Chihuahua, Cuauhtémoc y Jiménez.

En 2019, los padres de Adrián fueron también a París, ya que su madre recibió el premio de los derechos humanos 2018 de la Fundación Acción de Cristianos por la Abolición de la Tortura (ACAT Francia) por la dignidad humana, el cual se le otorgó por su valor y su perseverancia para buscar a su hijo, víctima de desaparición forzada. 

“Mi hijo era servidor de la iglesia, él prestaba sus servicios en pastoral penitenciaria. Mi hijo no andaba mal, y se comprobó, porque estos señores primero investigan si andaba mal, primero lo investigan a uno y después actúan. Todavía hasta la fecha muchos dudan, nos revictimizan, dicen: es que en algo andaba. Eso es lo primero que hace la gente que no tiene conciencia de esto, decir: es que andaba mal, es que la muchacha se fue con el novio”, lamentó el hombre. 

Y es que cuando desaparecen a un hijo o a un familiar “le cambian a uno la vida completamente, incluso hasta en la forma de ser de uno; se vuelve uno más desconfiado. Sí ha sido pesado... ha sido duro… (se siente) mucha impotencia”, confesó el padre al caminar de un lado a otro, en medio del desierto, en busca del segundo de sus tres hijos, quien el próximo lunes 21 de junio cumplirá 36 años de nacido. 

“La gente tiene que saber de esto, para que sepa que sí ocurre, para prevenir”, dijo al destacar también que hay personal de la CEB y peritos forenses de la Fiscalía que son muy empáticos con los familiares, pero también que existen investigadores que no realizan bien su trabajo. 

Carla Palacios Flores, acompañante de víctimas de desaparición y de tortura, y abogada del CDHPN, explicó que una de las principales complejidades de los rastreos es encontrarse con espacios privados, como ocurrió ayer en uno de los puntos que iban a ser explorados junto a las dunas de Samalayuca, el cual se encontró cercado. 

“Tenemos un punto que era de nuestro interés; sin embargo, como se encuentra cercado se tiene la presunción de que es una propiedad privada y no se puede acceder de manera tan simple, tiene que ser a través de una orden de cateo, y esto realmente es complejo”, explicó. 

Dijo que en otros casos similares se ha batallado para obtener una orden de cateo, y a veces cuando se obtiene también se batalla para que se les permita el acceso a los familiares de las víctimas de desaparición. 

“Siempre que hacemos una solicitud para un rastreo, la autoridad tiene que hacer una prospección del terreno para ver si es viable realizar una inspección en ese lugar, si realmente otras personas pueden ingresar de manera fácil para poder depositar algún cuerpo (…) lo que hemos tratado de hacer es detectar puntos en donde se han localizado a personas sin vida, a personas que se encontraban en calidad de desaparecidas. Queremos descartar que pudieran encontrarse más personas en estos puntos”, informó la acompañante de las familias en busca de sus hijos y hermanos. 

Según datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), de 2008 a la fecha permanecen 753 personas desaparecidas y no localizadas en Juárez, 631 hombres y 122 mujeres. 

hmartinez@redaccion.diario.com.mx

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