Juárez

Están enfermeras al borde del colapso

Empleada del Issste se dice decepcionada al ver que su sacrificio y el de sus colegas no es valorado por parte de la sociedad

Alejandro Vargas
El Diario de Juárez

martes, 23 junio 2020 | 06:00

Ciudad Juárez— No estoy segura si el Covid-19 colapsará al Sistema de Salud, pero lo que sí puedo asegurar es que al personal de Salud está colapsándole el sistema nervioso”, asegura María Prieto Ochoa, de 52 años, enfermera en el hospital del Issste: “nuestras emociones están confusas”, destaca.

Su función no es menos importante que la de un médico, ya que se encargan, entre otras labores, de procurar que sus compañeros que ingresan al área Covid-19 se coloquen sus trajes quirúrgicos de forma correcta, evitándoles riegos de contagio, para que sigan auxiliando.

“Tuvimos que separarnos mi esposo y yo porque él tiene muchos factores de riesgo, y de por sí el riesgo lo tengo yo por estar ahí. Nos vemos una o dos veces a la semana, pero él, mi familia, me dicen ‘quiero que me abraces’ y no puedo… desgraciadamente, no podemos”, narra.

Al ver que su sacrificio y el de sus colegas no es valorado por parte de la sociedad, se dice decepcionada, ya que al salir de su turno se encuentra personas por doquier, aun en fase de dispersión epidémica, y sin protección; urge empatía.

“Les digo ‘póngase cubrebocas’ y dicen… ‘no es cierto’, ah, y otros me dicen ‘ya no vamos porque los están matando’, haz de cuenta que me echaron un balde de agua helada”, señala, y al mismo tiempo se contesta: “Los invito a que vivan la impotencia de no poder hacer más por una persona que está en cama porque no hay tratamiento específico, aunque se hace el máximo”.

Vio morir al primer 

paciente Covid

Junto a sus compañeras, recuerda, fue testigo de la defunción del primer paciente Covid-19 en Juárez; “fue un llorar”, menciona, al ver todos los cambios que aquel hombre, que describe como “cercano a sus 50 años” presentó al enfermar del padecimiento que hasta ayer sumaba 2 mil 058 casos acumulados, de los cuales 447 han dejado esta existencia.

“Fue un llorar, porque estábamos viendo que el paciente estaba muriendo, y lo más triste de todo fue ver todos los cambios físicos que el paciente presentó, y se pregunta una ¿por qué mueren de esa manera?, ¿por qué es algo tan feo?, ya se le dio todo lo que se puede ofertar, ya no se puede hacer gran cosa, más que darle calidad de vida (en los últimos momentos)”, dice. 

Destaca que, con otro paciente, le tocó ver a la esposa cómo llegó, y lo más triste, indica, es hablar con ellos, con los familiares, y decirles “No queda otra más que pedirle a Dios que haga su voluntad porque no sabemos qué va a pasar”, o cuando se trata de adultos mayores, “cuando los llevan sus hijos, decirles ‘saben qué, despídanse de ellos porque no sabemos cuándo los vayan a ver”.

Su consuelo, además de con su familia, de la que está retirada, y del respaldo de sus directivos, lo encuentra en los recuperados, que han sido –según el Estado– 398 en la frontera, de los cuales una gran parte han salido sanos del Issste, por esfuerzos y sacrificios como ella y sus colegas, quienes apelan a la empatía de la sociedad, para quedarse en casa o en caso de no poder por urgencia, para que utilicen tapabocas y mantengan su distancia. De este modo, dice, valdrán la pena los esfuerzos.

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