Juárez

Especial: Niños juarenses, ‘enojados con la vida’

Niños juarenses, ‘enojados con la vida’

El Diario
miércoles, 06 marzo 2019 | 06:00
Rey Jauregui

Inmersos en una violencia estructural, los niños de Ciudad Juárez están creciendo “muy enojados con la vida y con la sociedad”, mientras que sus padres mantienen largas jornadas de trabajo y el Estado una deuda histórica con ellos, alertó la Red por la Infancia.

En una ciudad donde continúan los homicidios, sin lugares dónde jugar y principalmente hijos de jefas de familia, los “focos rojos” se encuentran principalmente entre los niños y adolescentes del norponiente, comentó Catalina Castillo, directora de la Organización Popular Independiente (OPI).

La OPI atiende actualmente a 435 menores de 4 a 15 años de edad durante las tardes, en su programa Extra Clase, donde trabaja con ellos con promotores, entrenadores de futbol y maestros de danza con perspectivas de derechos humanos, psicosociales y educación para la paz.

“Una de las cosas que nosotros hemos venido trabajando es más la lógica de la mitigación del daño, que tiene que ver con que todas las actividades que se generan tienen una perspectiva psicosocial”, explicó Castillo Castañeda.

Aunque la organización tiene 28 años trabajando, en 2014 comenzó su programa Extra Clase, con 172 menores que eran cuidados en las llamadas por ellos mismos “Casitas de Juego”, dos horas y media diarias durante las tardes; la cifra ya se multiplicó y enfocó en el norponiente de la ciudad.

El programa actualmente se lleva a cabo en las colonias Felipe Ángeles, Gustavo Díaz Ordaz y Anapra, esta última desde 2018, donde se atiende a 23 niños, debido a que se detectó la necesidad de estos espacios.

La activista destacó que “los niños están muy enojados con la vida, están muy enojados con la sociedad, hay una deuda histórica de la sociedad y del Estado con los niños y ya se están viendo los focos rojos que se necesitan estudiar muy bien desde enfoques psicosociales”.

Dijo que esto lo detectan sobre todo cuando ingresa un nuevo niño al programa, ya que por lo general llegan “rebeldes y enojados, van un día y luego no van, están como en una lucha interna entre todas las reglas que se ponen al interior de las actividades, y que son parte de la metodología del trabajo de la organización”.

Y es que al jugar futbol se trabaja la sana convivencia, la convivencia para la paz, la reconciliación, el trabajo en equipo, respetar las reglas y todo lo que conlleva la convivencia entre niños y niñas, a lo cual sufren para adaptarse los menores.

“Es que todos los niños de Juárez son víctimas de la violencia, y la violencia estructural en su máxima expresión está en el poniente de Ciudad Juárez, y en ese sentido nosotros como organización nos estamos enfocando a hacer trabajo en el poniente. Esa es una línea institucional, ya no nos vamos a salir del territorio porque hay muchas necesidades, es una zona que se ha quedado olvidada”.

La mayoría de los padres trabajan en la industria maquiladora, por lo que permanecen muchas horas lejos de sus hijos, con bajos sueldos, pero con la necesidad de subsistir, apuntó.

Se trata además de menores que son terceras o cuartas generaciones de un ciclo de violencia en la ciudad.

Como respuesta, la OPI destaca la presencia del adulto como una parte esencial en el desarrollo psicosocial de los menores. 

“Hemos estado generando perfiles de atención psicosocial con perspectivas de derechos de infancia y educación para la paz, para la atención directa. Un entrenador debe tener estas capacidades y habilidades”, explicó su directora.

Entre promotoras, cuidadoras, entrenadores de futbol y maestros de danza, actualmente trabajan con los menores 32 adultos acompañadores, mientras que quienes participan son capacitados por 10 formadores en perspectivas de derechos humanos, psicosociales y educación para la paz.

“Los adultos tienen una responsabilidad con los niños, pero también el Estado ha sido ausente, entonces la ausencia de un Estado y el déficit de adultos acompañadores, porque los adultos estamos volcados al trabajo, a la sobrevivencia, entonces hemos dejado muchas ausencias de niños y niñas, y el Estado ausente en las políticas públicas, en el derecho a la educación, en tener tiempo libre en actividades recreativas”, apuntó.

Para la activista, quienes pueden salvar a los niños son adultos modeladores, que pueden sanar o subsanar, como anclajes.

“Si las escuelas pudieran hacer intervenciones psicosociales y de intervención sobre todo a los niños y niñas con situaciones de mucha violencia, no que los saque y los corran o los expulsen, sino que realmente generen todo un equipo interdisciplinario en cada una de las escuelas, para la atención de estos niños y que no solamente se lo dejen a los maestros, los maestros están completamente rebasados y muy cansados de la vida del aula”.

Y es que según un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en 2015 había en Ciudad Juárez 85 mil 716 menores entre los 3 y los 17 años que no asistían a la escuela.

Cincuenta y cuatro mil 595 niños entre los 3 y los 5 años no iban a preescolar, 4 mil 798 niños de 6 a 11 años a la primaria, 5 mil 122 adolescentes de 12 a 14 años a secundaria y 21 mil 201 menores de 15 a 17 años no estaban en las aulas de nivel bachillerato o preparatoria.

Según la Encuesta Intercensal 2015 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), entonces había 14 mil 377 hogares en los que los niños comieron una sola vez al día o se fueron a la cama sin comer.


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