Juárez

Escuelas, no tan seguras

Cada año se registran en promedio 36 agresiones sexuales contra menores en centros educativos

Alejandra Gómez
El Diario de Juárez

viernes, 17 septiembre 2021 | 10:44

La primera vez que su maestro la besó sin su consentimiento, Elena decidió callar. Creyó firmemente que por encima de su palabra estaba la de aquel hombre que ante la mirada de los demás era una buena persona y que, sobre todo, la amenazaba con reprobarla en una difícil materia. Hasta que un día, dentro del mismo salón de clases en que le enseñó matemáticas, la tomó por el cuello, le levantó la falda de su uniforme y la violó.

Antes de que la pandemia por Covid-19 provocara el cierre de las escuelas de todos los niveles educativos, los centros escolares eran uno de los espacios en los que se registraban casos de agresión sexual en contra de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA), un lugar en que las y los estudiantes quedan bajo el cuidado de sus docentes y que –frente al número de ataques ocurridos al interior del hogar– es considerado como un sitio seguro.  

A nivel estatal, cada año se denuncian oficialmente un promedio de 36 casos de violencia sexual en contra de NNA que fueron agredidos en el interior de planteles educativos de nivel básico y medio superior: de enero del 2012 a julio del 2021 se interpusieron 324 denuncias por abuso sexual, violación y hostigamiento sexual, de acuerdo con datos que la Fiscalía General del Estado (FGE).

Además, en Ciudad Juárez, de enero del 2016 a marzo del 2020 –mes en que a consecuencia de la pandemia se cerraron las escuelas– fueron abiertas 50 carpetas de investigación por casos de abuso sexual y violación en contra de NNA registrados en las instalaciones de centros escolares, según cifras de la Dirección de Estadística Criminal de la FGE publicadas por el Observatorio Ciudadano de Ficosec. 

A sus 16 años, Elena tuvo que enfrentarse a un sistema de justicia revictimizante que, después de dos años de proceso, solicitó la imposición de una pena mínima de prisión –14 años y un mes– por los delitos de abuso sexual agravado y violación agravada en contra de su maestro de nivel medio superior, a pesar de que durante el juicio se comprobó que el acusado aprovechó su condición de autoridad y el ambiente de confianza en que se relacionaba. 

Durante el juicio, uno de los principales argumentos en la teoría del caso que presentó la defensa del acusado fue que no podía castigarse su conducta porque había procedido con normalidad, es decir, que la agresión sexual fue consecuencia del actuar de Elena y no de él, e incluso señaló que debía desestimarse su acusación porque era común que en las escuelas las alumnas denunciaran a sus docentes por despecho y no por ataques reales. 

“Desacreditar a la víctima, decir que ella es la que está provocando, que ella lo está buscando, que ella quiere un beneficio, ocurre muchísimo incluso con niñas y niños, donde la defensa utiliza argumentos que quitan la responsabilidad a la agresión que comete la persona adulta”, dijo Lydia Cordero, directora de Casa Amiga y especialista en violencia familiar y sexual, quien señaló que la mayoría de las agresiones sexuales en el interior de las escuelas se cometen en contra de adolescentes y adultas jóvenes.  

Los primeros acercamientos que el profesor tuvo con Elena fueron por medio de elogios hacia su apariencia física. Con el tiempo aprovechó la cercanía para tocar su cuerpo de manera cariñosa, es decir, rozar sus manos o recargar su cabeza en ella; sin embargo, ella no pudo evitar su incomodidad cuando a cambio de no entregar una actividad escolar le pidió darle un beso y, a pesar de su negativa, la besó.  

Elena confesó la situación a una compañera de clases, quien la convenció de no contarlo porque únicamente provocaría su desacreditación porque creían que por encima de su palabra estaba la de su profesor, por ello decidió callarlo y continuar asistiendo a sus clases como si nada hubiera pasado, lo que fue aprovechado por el docente para continuar el acoso sexual e incluso comenzar a tocarla de manera inapropiada. 

Finalmente, el 20 de mayo del 2019, entró a su salón de clases y dentro sólo se encontraba su maestro, quien la tomó por el cuello y la violentó sexualmente. Por temor, Elena decidió callar una vez más. Sin embargo, un día escuchó a otra estudiante hablar con la directora del plantel y, entre lágrimas, contar una situación con el mismo docente, por lo que se armó de valor y escribió una carta donde confesó parte de lo sucedido. 

En consecuencia, la directora llamó a su mamá y ésta la llevó ante la Fiscalía Especializada de la Mujer (FEM) a interponer una denuncia pero, a pesar de contar con su apoyo, Elena decidió no declarar la violación sufrida y, en cambio, habló del acoso y abuso sexual. Fue hasta que la investigación avanzó cuando decidió contar todo lo que le pasó al interior de su salón de clases. 

“Aun con todo el viacrucis, el hecho se comprobó en juicio”, dijo el representante legal de Elena, luego de que la defensa apeló la sentencia dictada por el juez, lo que provocó el desánimo de la ahora joven de 18 años porque aún no se ha puesto fin a una historia que comenzó hace más de dos años dentro de su escuela preparatoria con el hostigamiento de su maestro de Matemáticas, el cual no tardó en convertirse en abuso sexual y, finalmente, en violación. 

El delito de violación lo comete quien por medio de la violencia física o moral introduce su miembro o cualquier otro elemento en el cuerpo de la víctima por vía vaginal, anal u oral y, además, comete el delito de abuso sexual quien ejecute en una persona, sin su consentimiento, o la obligue a ejecutar para sí o en otra persona, actos sexuales sin el propósito de llegar a la cópula, de acuerdo con lo establecido en los artículos 265 y 260 del Código Penal Federal, respectivamente. 

Las pruebas presentadas en el juicio hicieron al docente culpable de violación agravada y abuso sexual agravado porque, con un fin lascivo, tocó en repetidas ocasiones el cuerpo de su estudiante y empleó la fuerza física para penetrarla, además se valió de las condiciones específicas de su cargo porque en su papel de maestro poseía una posición de autoridad y confianza no sólo ante su estudiante, sino también ante los familiares de ésta, quienes confiaron su cuidado en el espacio escolar. 

Sin embargo, a pesar de que en el juicio se apeló a la perspectiva de género a fin de asegurar una sentencia adecuada y, por lo tanto, libre de cualquier estereotipo y prejuicio –que derivó en el análisis de la vulnerabilidad de Elena como estudiante–, el Ministerio Público solicitó una pena mínima de 14 años y un mes, contrario a la que el representante legal de la menor requirió, 43 años y dos meses. 

Uno de los elementos que favoreció la sentencia del acusado fue que Elena, de acuerdo con el análisis psicológico que se le realizó, presentó una afectación emocional moderada. Es decir, el daño psicológico que su docente le causó al abusarla sexualmente y violarla dentro de su salón de clases no fue grave y, por lo tanto, esto se consideró un parámetro favorable para él. 

“La violación, aunque una víctima sea dada de alta en terapia, es algo que se queda con ella. Podrá dejar de afectarle de la misma manera, poco a poco toma fuerza y aparte vive otros episodios en su vida que la cambian, pero es un daño que se queda para siempre. Una violación es un daño permanente”, dijo el representante legal de Elena, quien explicó que la valoración psicológica tiende a realizarse después de los hechos.

La catalogación del daño causado en la víctima por parte del Ministerio Público debería partir del hecho de que NNA interiorizan la violencia –en particular la sexual– de manera distinta a un adulto, por lo que no necesariamente externan un perfil victimológico en que se muestran inhabilitados para realizar sus funciones diarias y, además, al ser agredidos en un espacio de confianza por una persona cercana tienden a confundirse, explicó Lydia Cordero. 

Por lo anterior, los análisis psicológicos realizados a NNA víctimas de agresión sexual, dentro del espacio escolar o en algún otro lugar, no deberían ser superficiales y, en cambio, deberían realizarse exámenes terapéuticos profundos que busquen en otras escalas de su vida la afectación que haya tenido, porque en un primer momento puede normalizarla, minimizarla o, como mecanismo de defensa, actuar indiferente.

Además, por lo general, en el caso de la violencia sexual cometida dentro del espacio escolar –como también llega a suceder al interior del hogar– se registra un acercamiento paulatino entre el agresor y la víctima, en un ambiente de subordinación y confianza, por lo que la agresión no se registra de la misma manera ni causa el mismo efecto como cuando la perpetra un desconocido en la vía pública, por ejemplo. 

“Definitivamente hace falta muchísimo más en el tema de violencia sexual, y aún más en lo que contempla a NNA, para poder integrar mucho mejor estas carpetas de investigación y poder otorgar elementos más fuertes, científicos, psicológicos y sociológicos, que engrosen las carpetas en favor de las víctimas”, dijo Cordero. 

Sin embargo, a pesar de que el Ministerio Público solicitó la mínima sentencia y que fue dictada por la jueza a cargo, la defensa del maestro que violó y abusó sexualmente de Elena apeló la sentencia del Tribunal, por lo que la espera de justicia continúa vigente para la entonces estudiante de preparatoria que tenía 16 años cuando su profesor de Matemáticas amenazó con reprobarla y la persiguió al exterior de la escuela con el objetivo de hacerla callar. 

“Ellas reaccionaron tranquilas –Elena y su mamá–, pero la señora ya está muy cansada, el juicio fue muy pesado, tuvieron que testificar varias veces, y cuando notificaron la apelación continuaron tranquilas, ellas saben que se probó el juicio y que la juez apoyó la sentencia, que está valorando las pruebas”, dijo el representante legal, quien además explicó que el primer momento de tranquilidad para la familia fue cuando se dictó la medida cautelar de prisión preventiva para el profesor, en septiembre del 2019.

El caso de Elena pertenece a una de las 50 carpetas de investigación abiertas por los delitos de abuso sexual y violación en contra de NNA al interior de centros escolares desde enero de 2016 a marzo de 2020 en Ciudad Juárez, las cuales están dentro de un universo de 324 denuncias hechas a nivel estatal por los mismos delitos –aunado a hostigamiento sexual– desde enero del 2012 hasta julio del 2021, pues aunque la FGE no precisó si se trata de denuncias por actos cometidos con anterioridad, en algunas zonas serranas del estado hubo planteles que continuaron abiertos en la pandemia. 

Durante el período de confinamiento provocado por la pandemia, las escuelas de Ciudad Juárez –como espacio donde se comete la agresión sexual– desaparecieron de las estadísticas y, en cambio, la casa permaneció como el principal lugar: en el primer trimestre del 2020, por ejemplo, se abrieron seis carpetas de investigación por el delito de abuso sexual al interior de centros escolares y dos por violación, pero a partir del segundo trimestre la cifra permaneció en cero. 

Los planteles educativos fueron cerrados a nivel nacional el 23 de marzo del 2020 y abiertos de manera paulatina en el estado a partir del primero de junio; por ello, a partir de abril del año pasado las escuelas no aparecieron en las carpetas de investigación abiertas por la FGE, aunque desde ese mes hasta junio del 2021 se registraron 395 NNA abusados sexualmente y 311 NNA víctimas de violación en diferentes espacios de Ciudad Juárez. 

agomez@redaccion.diario.com.mx

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