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Juárez

‘Escuchaba los casquillos rodar por el techo’

Relata pasante de Medicina momentos de terror durante una noche en la Sierra

Alejandra Gómez / El Diario de Juárez

domingo, 24 julio 2022 | 06:00

José Luis González / Cortesía

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Ciudad Juárez.— En noviembre de 2017, las amenazas de posibles enfrentamientos armados entre grupos criminales, provocaron que médicos pasantes de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) que realizaban su servicio social en San José Babícora, un poblado de Gómez Farías, solicitaran ser sacados del lugar, pero únicamente fueron escondidos dentro de una casa en la que fueron testigos de una balacera.

“Eran alrededor de las 11 cuando escuchamos disparos que provenían de la entrada a La Martha y que posteriormente se acercaron tanto hasta situarnos completamente en medio de todo. Los disparos eran tan estruendosos que sentíamos que prácticamente estaban fuera de la casa”, contó Claudia, quien aún conserva algunos de los casquillos que se esparcieron por el suelo en que ella y tres de sus compañeros se refugiaron. 

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Era la noche de un martes 7 de noviembre de 2017 cuando a las afueras de San José Babícora Claudia y otra pasante de medicina se encontraron de frente con un grupo de camionetas en las que viajaban hombres armados, una situación que después de ocho meses de servicio social en la zona habían sido obligados a normalizar, por lo que únicamente se resguardaron en el interior de una casa de Gómez Farías. 

La situación cambió cuando recibieron una llamada en la que les advirtieron que habría un enfrentamiento en Peña Blanca, una localidad cercana, la cual probablemente continuaría en la zona donde se encontraban, fue entonces cuando decidieron apagar las luces y no hacer ruido, pero los disparos no tardaron en hacerse presentes y no tuvieron más opción que agruparse en medio de la sala. 

‘Nadie decía nada para 

no meterse en problemas’

Durante los primeros meses de su servicio social, en una plaza ofertada por la Secretaría de Salud, Claudia y sus compañeros aprendieron a lidiar con el contexto de violencia del municipio: “Habían decapitado a alguien de mi localidad, pero no me enteré hasta que lo estaban velando atrás de mi clínica, a veces desaparecían a personas, a veces en el panteón hacían una fosa y ahí enterraban los cuerpos, pero nadie decía nada para no meterse en problemas”, contó. 

Con el tiempo incluso normalizó retenes en la carretera rumbo a San José Babícora, hechos por hombres armados vestidos con ropa tipo militar, en los que constantemente le pedían sus datos, también aprendió que debía evitar salir de noche de la clínica y que había determinadas personas de la localidad con las que era mejor no relacionarse. 

Soportaron las burlas

Fue a mediados de mayo cuando por primera vez se registró la amenaza de un enfrentamiento entre civiles armados en Ignacio Zaragoza, localidad cercana a Gómez Farías, y fue también la primera vez en que personal de la Secretaría de Salud les preguntó si querían ser retirados del lugar, pero al no sentirse en peligro y al no querer dejar a los pobladores sin atención médica decidieron quedarse. 

“Se burlaban mucho, nos decían ‘Si llegan a buscarlos escóndanse en el baño. No le vayan a hacer como su compañero que se fue y hasta se encadenó a la Rectoría’. Se burlaban de él porque tenía miedo de regresar al servicio social y había hecho una huelga de hambre porque temía por su vida”, dijo Claudia, en alusión de Antonio Muñoz, un pasante de medicina de la UACJ que en 2015 fue testigo de un enfrentamiento mientras hacía su servicio social en el Centro de Salud El Provenir.

Antonio vio el levantamiento de una persona por miembros de un grupo criminal y hombre herido tirado sobre la carretera Camargo-Jiménez, al ser el único médico de la zona no tuvo otra opción más que salir a atenderlo. Una vez afuera, elementos policiacos se hicieron presentes y quisieron detenerlo por haber grabado la escena con su teléfono celular, pero los vecinos del lugar impidieron que se lo llevaran.

Se escondió en la vivienda de una vecina del sector, desde su interior vio cómo el Ejército Mexicano arribó a la zona y retiró los casquillos que estaban esparcidos por el suelo, además de hombres en vehículos polarizados que fueron a buscarlo a su departamento –a un costado la clínica–, por lo que decidió correr al monte y buscar ayuda. Tras una huelga, Antonio logró ser reubicado a Ciudad Juárez.

Escondidos bajo la cama

Fue a partir de septiembre de 2017 cuando Claudia y sus compañeros solicitaron ser sacados de San José Babícora porque comenzaron a quemar casas en el sector y cada vez que les advertían de una balacera se veían obligados a encerrarse dentro de su unidad médica o incluso en las casas de algunos vecinos, fue entonces cuando los llevaron a Gómez Farías. 

“Mis compañeras se escondieron abajo de la cama y nosotros permanecimos todo el tiempo enroscados en el colchón con la cabeza agachada, hicieron una pausa de un par de minutos que aprovechamos para bajar el segundo colchón y que las doctoras no estuvieran completamente en el suelo”, contó Claudia sobre la noche del 7 de noviembre. 

Todavía recuerda que escuchaban los casquillos rodar por el techo y veían chispas entrar por las ventanas cuando las balas golpeaban con las rejas, su temor era tan grande que a veces pensaban que los ruidos eran de granadas y que de un momento a otro explotaría el lugar, por lo que se cuestionaban qué harían si el techo les caía encima o si alguien entraba a buscarlos.

“Todos nos encontrábamos en una situación de gran ansiedad, no sabíamos si entrarían a la casa y averiguarían que estábamos ahí, no sabíamos si saldríamos heridos, si nos llevarían e incluso la situación se volvió más histérica debido a que algunos compañeros empezaron a hiperventilar, otros a pedir que todos se callaran”, recordó. 

Durante la madrugada quemaron la casa enseguida de donde se encontraban, por lo que usaron cobijas para tapar los orificios debajo de la puerta para impedir que el humo entrara y los asfixiara, después decidieron esconderse dentro del baño esperar a que todo terminara. Fue hasta las 6:00 de la mañana en que los disparos cesaron y otra pasante fue a buscarlos. 

Con sus propios medios

Al salir de la casa en que se refugiaron fueron testigos de los daños registrados durante la noche: había negocios y casas quemadas, otras viviendas totalmente balaceadas, y la desaparición del doctor Blas Juan Godínez, quien daba servicio en el hospital de Gómez Farías. Fue entonces cuando se les permitió retirarse y con sus propios medios regresaron a Ciudad Juárez. 

La situación provocó protestas por parte de los pasantes de medicina quienes exigieron a autoridades educativas y de salud garantizarles seguridad durante la prestación de su servicio social en sectores con altos índices delictivos, por lo que el entonces rector de la UACJ, el fiscal general y el secretario de Salud se comprometieron a no volver a ofertar una plaza en Gómez Farías u otro foco de violencia. 

A cinco años de aquel día, a los médicos pasantes de la UACJ se les continúa ofertando por parte de la Secretaría de Salud una plaza en Gómez Farías e incluso es la opción que actualmente se les brindó a quienes rechazaron iniciar su de servicio social el próximo primero de agosto en el Centro Avanzado de Salud (CAS), de Miguel Ahumada.

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