En dos años huyen mil adolescentes de sus casas

Dejan su hogar por conflictos familiares y encuentran en la calle más problemas, en algunas ocasiones por quienes les ayudan a escapar

Hérika Martínez
El Diario
lunes, 04 febrero 2019 | 06:00

Ciudad Juárez— Durante los últimos dos años, casi mil adolescentes de Ciudad Juárez han huido de sus casas debido a problemas familiares, adicciones, delitos sexuales, rebeldía o porque a través de las redes sociales son convencidas de fugarse, de acuerdo con la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género (FEM).

Según cifras oficiales, desde 1993 existen más de 110 mujeres con reporte de desaparición activo bajo el Protocolo Alba –20 de ellas de 2017 a la fecha– en cuyos casos una de las líneas de investigación es la trata de personas.

Sin embargo, entre enero de 2017 y enero de 2019 las autoridades registraron la desaparición y posterior localización de 976 mujeres, quienes confesaron que habían huido de sus casas, informó la vocera de la FEM, Silvia Nájera.

Dijo que en 2017 fueron reportadas como ausentes 515 mujeres, 449 en 2018 y 32 más durante enero de este año; de ellas, 508 fueron localizadas en 2017, 441 el año pasado y 27 en enero, mientras que la FEM continúa en la búsqueda de siete mujeres con reporte de desaparición de 2017, ocho de 2018 y cinco de este año. 


Se alejan de casa y son abusadas

En la mayoría de los casos son adolescentes entre los 12 y los 17 años, habitantes de fraccionamientos del suroriente de la ciudad, como son Parajes, Praderas, Haciendas, Riberas del Bravo y Castillo Peraza.

De acuerdo con la psicóloga Fiscalía de Género, Laura Castorena Aguilar, en la mayoría de los casos las adolescentes no quieren regresar a sus casas, por lo que hasta en un 50 por ciento vuelve a huir.

Explicó que una vez que son localizadas, los agentes del Ministerio Público las canalizan a Trabajo Social, donde se platica con los padres y con ellas por separado, y luego son reunidos, casi siempre frente a una psicóloga que sirve de mediadora y quien está presente a petición de las propias jovencitas, quienes temen la reacción que tendrán sus padres al verlas. 

Castorena Aguilar destacó que la mayoría de las veces los padres trabajan muchas horas y están lejos de sus hijos casi todo el día, por lo que no existe una buena comunicación.

Las redes sociales se han convertido en un factor muy importante ya que a través de ellas a veces contactan a personas que los papás ni siquiera conocen, y que son quienes las incitan a huir, comentó.

De acuerdo con la psicóloga de la FEM, han ocurrido casos en donde al huir, las adolescentes son violadas sexualmente por personas que conocen en la calle mientras huyen o por quienes las convencen de irse de su casa, y que se aprovechan de su vulnerabilidad.

Cuando se trata de casos de rebeldía o problemas familiares, ambas partes son canalizadas a Atención a Víctimas para que puedan acudir a terapia y mejorar la relación familiar.

Las autoridades buscan concientizar a las jóvenes sobre los riesgos que corren al huir de casa en una ciudad donde prevalecen los feminicidios, y a los padres sobre la importancia de que les dediquen más tiempo a sus hijos y que tengan una buena comunicación con ellos, para evitar que huyan de sus casas, destacó Castorena Aguilar.

Aunque la incidencia es menor, también existen mujeres adultas que deciden huir por violencia familiar o la infidelidad de sus parejas, pero al no avisar a sus familias éstas levantan el reporte de desaparición.

Cuando se fueron de su casa porque tienen problemas de adicciones o eran víctimas de algún delito sexual, al localizarlas se busca a algún familiar que pueda hacerse cargo de ellas o son trasladas a algún albergue o centro de rehabilitación, como en el caso de Gema, quien ha sido reportada como desaparecida en dos ocasiones.


‘Quería olvidar’

“No me gusta la vida, no me gusta no tener papá, no me gusta que mi mamá sea adicta; yo quisiera tener una familia como de película”, confesó Gema de 17 años, quien a los 12 empezó a prostituirse, consumir y vender drogas, y a huir de su casa para poder escapar de su realidad.

Ella es una de las 996 mujeres que han sido reportadas como desaparecidas ante la Fiscalía de Genero, de 2017 a la fecha, y una de las 976 que han sido localizadas.

“Yo vengo de una familia disfuncional, mi mamá tiene problemas de adicciones, mi papá era soldado y se murió, pero no lo conocí; tengo seis hermanas y todas somos de diferente papá. Desde pequeña tengo conductas antisociales y yo quería olvidarme de mis problemas y me empecé a drogar, luego me prostituí para conseguir el dinero para las drogas”, narró la adolescente a El Dario.

Hace seis semanas Gema ingresó por segunda ocasión al centro de atención integral El Principio de una Nueva Vida, donde permanecerá al menos un año para rehabilitarse de su adicción por las drogas y trabajar sus emociones.

“Nos vamos de casa porque queremos salir de un mundo que pensamos que nos lastima, pero vamos a otro peor, nos regañan o las cosas positivas las vemos como negativas”, dijo al aconsejar a las adolescentes de “que no se dejen influenciar por sus amistades, que no huyan de sus casas”. 

Gema es la sexta de seis hermanas, quienes siempre han vivido con sus abuelos porque su mamá es adicta a la mariguana, heroína, piedra y cristal. Uno de sus tíos murió de sida tras contagiarse con una jeringa cuando se inyectaba heroína y otro murió de cirrosis.

Dice que desde pequeña fue antisocial pero al primer año de secundaria, cuando tenía 12 años, comenzaron su adicción a las drogas, sin saber que eso la llevaría a prostituirse.

“Me ofrecieron mariguana y dije ‘a ver a qué sabe’. Quería saber qué se sentía y me empezó a gustar, se me olvidaban los problemas de mi casa, luego empecé a buscar quién vendía y compraba 100 pesos diarios, me fumaba seis porros de mariguana al día, me duraba como dos horas; estaba drogada todo el día”, narró.

Era frecuente que fuera a la tienda por encargo de su abuelita o porque le hacía mandados a sus vecinas, y el encargado y velador del lugar, “un hombre ya viejo, como de unos 50 años” comenzó a acariciarle las manos, hasta que un día le dijo que fuera en la noche y le iba a dar dinero.

“Yo fui ese día en la noche, me dijo que entrara y me empezó a bajar el pantalón. Yo lo tomo como que fue una violación porque me empezó a estrujar, pero me dio 500 pesos y yo lo vi como un premio y seguí yendo. A veces iba todos los días, luego me sentía sucia y dejaba de ir, pero luego regresaba y me daba dinero”, narró.

A los 14 años tenía un novio de 19 años. Ambos vendían droga y aunque en cuatro ocasiones la Policía Municipal la detuvo con pequeñas dosis dice que les daba dinero y la dejaban ir.

A los 15 años sentía que la mariguana ya no era suficiente para olvidar sus problemas y, además de tomar alcohol, comenzó a combinarla con la cocaína los fines de semana.

“Compraba 500 o mil pesos de cocaína cada fin de semana” y se drogaba con su novio, con quien un día se le hizo fácil quedarse dos días. Esa fue la primera vez que su abuelita la reportó como desaparecida ante las autoridades, pero regresó y le prometió que no volvería a drogarse.

Sin embargo, al ver su rebeldía y que su consumo continuaba, en octubre de 2016 su abuelita le pidió que alistara sus cosas y la llevo con la Policía municipal, quienes la canalizaron en un principio al centro de atención integral donde estuvo 16 meses.

“Al principio fue muy difícil, tienes mucho coraje, te sientes desesperada, ansiosa, enojada; pero las terapias te ayudan”, aseguró quien regresó a su casa y permaneció cinco meses sin consumir ninguna droga, hasta que los mismos amigos que la habían incitado a probarlas la hicieron recaer nuevamente.

En noviembre Gema huyó otra vez de la casa de sus abuelos, quienes volvieron a reportarla como desaparecida ante la FEM.

“Yo quería encajar en el grupo de mis amigos, y consumí mucho, más cocaína”, narró la adolescente quien regresó a su casa, pero hace dos semanas fue detenida por agentes de la Fiscalía por robar ropa en Wal-Mart. Después de permanecer detenida 48 horas, fue canalizada nuevamente al centro de atención integral.

Esta vez, Gema espera permanecer un año internada en el sitio donde recibe apoyo psicológico y donde asegura que se siente como en su casa, apoya en la cocina, asiste a talleres, recibe apoyo psicológico y puede planear una nueva vida.

“Yo ahora le diría a Gemita de 12 años que no perdiera su virginidad así, que no se prostituyera, yo soñaba con casarme de blanco. Le diría que no fumara ese primer porro”, dijo la menor quien sueña con estudiar la preparatoria para poder convertirse después en veterinaria.