Juárez

El gran negocio llamado migrantes

Engañados y amenazados, miles de centroamericanos se convierten en víctimas de ‘coyotes’ coludidos con el crimen organizado

Hérika Martínez Prado / El Diario
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El Diario de Juárez

Staff
El Diario de Juárez

domingo, 25 abril 2021 | 07:58

Ciudad Juárez.- Bajo engaños, amenazas y secuestros, miles de personas de distintas nacionalidades se convierten diariamente en víctimas de un millonario negocio llamado migrantes, manejado por traficantes o ‘coyotes’ coludidos con el crimen organizado, que han aprovechado los discursos del nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Sólo en el último mes, agentes de la Patrulla Fronteriza detuvieron en promedio cada día a 5 mil 426 personas que acababan de ingresar a Estados Unidos, 628 de ellos en el Sector El Paso, quienes tuvieron que pagar desde 2 mil dólares como “derecho de piso” para poder cruzar el río Bravo, hasta 20 mil dólares por ser guiados desde Ecuador hasta esta frontera.

“El cambio de administración en los Estados Unidos, pasar del expresidente Donald Trump al ahora presidente Joe Biden, no sólo marcó una transición de gobierno y de partido político, también marcó una transición en la utopía migratoria. Se empezó a construir una utopía de la supuesta apertura de la frontera por un nuevo presidente que estaba, al menos en el discurso, abiertamente contra la política antimigrante de Trump”, señaló el profesor investigador de El Colegio de la Frontera Norte (El Colef), Óscar Misael Hernández Hernández.

La frontera sí se abrió, pero sólo para quienes tenían un caso abierto bajo los Protocolos de Protección de Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés), y que tenían hasta dos años esperando en México. Sin embargo, dicha apertura es algo que están aprovechando las distintas redes de coyotaje.

“A pesar de la pandemia, a pesar del cierre de fronteras, el discurso político de Biden se capitalizó bastante bien en el mundo del tráfico de los migrantes”, destacó el investigador.

Recordó que hasta hace unos años los “coyotes tradicionales” funcionaban en general de manera independiente, con redes de carácter familiar, de amistad o compadrazgo.

“Pero no era un secreto que eran bastante redituables los ingresos que se llevaban por cruzar a otras personas de manera ilegal por la frontera”, por lo que desde el gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa, y en medio de la llamada guerra contra el narcotráfico, “el coyotaje adquirió un nuevo rostro en el contexto de la violencia y el crimen organizado que se vive en México”.

“Las distintas organizaciones criminales más públicas empezaron a expandir su portafolio criminal, es decir, su cartera de negocios para los ingresos tanto operativos como de otra índole en sus organizaciones, y una de ellas fue el de la migración indocumentada. Ya con esta expansión de los grupos criminales y la ampliación de sus portafolios, la migración indocumentada viene a hacer un negocio más por lo rentable que es”, explicó.

Los grupos criminales siguieron dos estrategias, una fue empezar a amedrentar a los ‘coyotes’ que ya existían y forzarlos a trabajar para ellos, y la otra, que ante vacíos territoriales o de carencia de traficantes, los propios grupos empezaron a poner los de ellos porque ya tenían una ventaja operativa, que era que conocían varias rutas o microrrutas de tráfico de drogas por la frontera, las cuales compaginan mucho con las rutas del tráfico de migrantes, señaló el investigador de El Colef.

En esta frontera, según los propios ‘coyotes’ que vienen desde Centroamérica, le tienen que pagar una cuota a los grupos delictivos de Anapra y el Valle de Juárez para cruzar a los migrantes.

La colusión con el crimen organizado también se ha reflejado en un aumento de delitos contra los migrantes, desde secuestros hasta homicidios.

“Son casos de extrema crueldad que muestran no solamente la violencia hacia los migrantes, están mostrando que quienes tienen el control y disponen de los migrantes como mercancía son los propios delincuentes”, señaló Hernández Hernández.

‘LOS CENTROAMERICANOS SON LA CARNADA’

Muchos migrantes creen que solamente tienen que entregarse con los agentes de la Patrulla Fronteriza para solicitar el asilo político. Por eso venden todo, se endeudan o son apoyados por sus familiares que viven en Estados Unidos para poder ser guiados desde Centroamérica hasta el lado estadounidense, sin embargo, sólo son llevados a la frontera mexicana.

Al llegar se encuentran con una frontera cerrada y son expulsados a México bajo el llamado Título 42, tras ser considerados como un riesgo de propagación de Covid-19.

Los ‘coyotes’ saben todo eso, pero aun así, desde sus lugares de origen les alimentan la esperanza de que tendrán una vida mejor y que será más fácil si traen consigo a un niño menor de seis años.

“A los centroamericanos los pasan para que se entreguen con la Patrulla, según eso son las carnadas. Les dicen que les dan un tipo amnistía”, explicó un migrante mexicano, quien tuvo que pagar 2 mil dólares para poder cruzar el río Bravo, pero antes estuvo más de una semana con el traficante y otros migrantes en Ciudad Juárez.

“Antes por gusto pasaba la gente y ahora no, ahora tiene que pagar uno; es que ellos están arreglados, son 2 mil dólares a fuerzas, por cruzar. Me recomendaron que no (cruzara el río sin pagar) e hice caso. Dicen que lo matan nada más por haberse aventado así, sin pagar, que trabajan con ‘La Línea’. Yo no quise investigar, ya trabajando se recupera uno, la vida es más valiosa”, narró el hombre tras más de una semana esperando para poder cruzar la frontera sin ser detenido.

En su caso, el ‘coyote’ se hizo cargo del hospedaje y las comidas, con tres intentos de cruce por el mismo pago.

“Igual te cruzas, si te agarran te avientan y te vuelven a intentar cruzar y así, pero ya el ‘coyote’ no va contigo como años atrás hasta Estados Unidos, ahora te dicen nada más por dónde. Ahora nada más con los celulares, prendes el posicionador y ya saben en dónde te va a levantar el que está allá de aquel lado, de hecho todos tenemos que tener celular para avisar. Con el mismo pago son tres oportunidades. El ‘coyote’ dice que a la primera”, narró.

De acuerdo con migrantes que han intentado cruzar la frontera o que han sido expulsados bajo el Título 42, los cobros de los ‘coyotes’ varían de acuerdo con las nacionalidades. Por ejemplo, a una colombiana le cobraron 11 mil dólares, con un pago por adelantado de 7 mil en su país y 4 mil más cuando estuviera en Estados Unidos. A una pareja de centroamericanos con una niña de un año y medio de edad le costó 9 mil dólares el viaje de Honduras a Reynosa, Tamaulipas. A un hondureño que viajó solo el costo por llegar hasta esta frontera fue de 6 mil 500 dólares y a una pareja de Ecuador con una bebé les cobraron 20 mil dólares desde su país hasta el río Bravo.

Además, el reforzamiento de la seguridad en ambos lados de la frontera le ha permitido a las redes tráfico de migrantes incrementar los costos para cruzarlos sin documentos.

“La fórmula es muy sencilla: a mayor riesgo o mayor vigilancia en la frontera, mayor es el costo por el cruce indocumentado”, explicó Hernández Hernández.

Pero lo que sorprende, dijo, es que paralelo al control y la vigilancia que ejerce el Estado para cuidar las fronteras, el sistema de coyotaje o grupos criminales también empieza a incrementar su nivel de vigilancia y de control.

De acuerdo con “Pedro”, un migrante mexicano que fue guiado para cruzar por los cerros entre Anapra y Sunland Park, Nuevo México, existe además una colusión entre los traficantes y las autoridades.

“Fuimos al cerro de noche, según esto, el cerro era lo más seguro. Está la Guardia Nacional, pero igual les dan (dinero); el ‘coyote’ ya está arreglado con ellos, con quien está allá arriba. Es un negociazo esto. El ‘coyote’ les da una clave y luego ellos le hablan a su jefe, rápido. Todo es por teléfono, todo, todo”, dijo quien no pudo pasar porque agentes de la Patrulla Fronteriza acababan de hacer una detención en el sector.

Otro centroamericano narró que el ‘coyote’ que lo pasó por el río Bravo lo cruzó a él y a su hijo junto con otras dos familias centroamericanas, mientras que a dos hombres más que viajaban solos, de México y Honduras, los llevó a cruzar a otra área del río, mientras ellos eran detenidos por los agentes de la Patrulla Fronteriza.

‘MI NIÑA ME PEDÍA COMIDA Y SÓLO YO SABÍA LO QUE SENTÍA’

Por días, Mileydi, de apenas 22 meses de edad, únicamente pudo comer una rebanada de pizza después de las 10 de la noche, por lo que al llegar al albergue filtro de esta frontera sólo tenía un temor: que ella y su mamá no alcanzaran comida.

Al salir embarazada, “Blanca”, de 24 años, fue corrida de su casa, por lo que su hermana mayor le pagó 200 mil lempiras –más de 165 mil pesos mexicanos– a un traficante para que la llevara hasta Houston, sin embargo, nunca imaginaron que sería dinero tirado.

El trayecto fue de 27 días, en los que avanzaban por Centroamérica y México de una bodega en otra. Aunque el pago incluía la estadía, los traslados y la comida, sólo les daban una comida en la noche y durante el día había personas que ingresaban a las bodegas a venderles empanadas o jugos, pero a “Blanca” se le acabó el dinero al noveno día.

“La niña ya me ha bajado bastante de peso; nos tuvieron nueve días cuando veníamos con el ‘coyote’ y veníamos en Puebla cuando a mí se me terminó el dinero, pero yo a mi familia no le decía nada, sólo decía: Dios mío, que nos ayuden”, recordó.

“Aguantábamos hasta que ya nos daban comida ahí, pero ya la daban bien tardísimo, hasta las 10 de la noche. La niña se aguantaba y me decía: mami quelo pollo, quelo pollo. Y yo le decía: no hay mi amor, adelante tengo que comprar. Entonces alos (arroz), mami, me decía ella. Y el pesar (que sentía), porque yo no llevaba dinero”, relató la joven madre, quien sin trabajo y sin un lugar dónde vivir tuvo que salir de su país.

Lo más dificil que ha vivido es saber que su hija tiene hambre y no poderle dar comida, aseguró. Aunque, contó, había personas que al ver a la niña le daban parte de lo poco que tenían para ellos.

“Yo sentía una cosa aquí”, dijo tocándose el pecho. “Decía yo: ¿de dónde le voy a dar?, aquí en donde estamos no hay nada. Sólo yo sabía lo que sentía, decía yo: pobrecita mi hija, uno a veces no sabe lo que va a pasar en los caminos y es mejor no salir del país”, lamentó.

Al llegar a Ciudad Juárez, “Blanca” y su hija fueron acogidas en el gimnasio ‘Kiki’ Romero, en donde la mayor preocupación de la niña era alcanzar un plato, cada vez que llegaban con las ollas de comida.

“Me dice: mami, vante, comida. Piensa que no le van a dejar, dice que me levante, que ya llegó la comida. Es que ella ya viene con ese pánico que piensa que no me van a dejar comida, como era atrás, entonces ella me dice que me levante, que me apure, que vayamos por comida”, narró la centroamericana.

“La verdad que bien difícil cuando uno viene con bebés, porque cuando se le termina el dinero y los niños tienen que aguantar hambre… uno de hambre aguanta, ¿pero los bebés? Lo bueno es que en el camino siempre vienen personas que saben de Dios y ellos comparten con los niños de lo que ellos comen”, dijo.

Al llegar a Reynosa, “Blanca” cambió de ‘coyote’ con ayuda de su hermana y fue trasladada a otra bodega, en donde vio que había distintos tipos de migrantes, a quienes identificaban con pulseras de colores. Ella era parte de las madres y padres centroamericanos, pero había también personas solteras y “migrantes especiales”, a quienes cruzaban por distintas partes.

Después de ser guiada por el río, en el que tuvo que tirar la pulsera por órdenes de su ‘coyote’, fue expulsada a Ciudad Juárez. Aquí todavía tiene contacto con la segunda ‘coyota’, quien le pide que se traslade a Monterrey para que vulevan a intentar.

Pese a que la frontera está cerrada y todos los días Estados Unidos envía a Ciudad Juárez a más de 100 centroamericanos, la ‘coyota’ le asegura que del grupo que dejó en el río ella fue la única que no logró el asilo político en Estados Unidos.

“Me habla todos los días. Pero dice que ya es otro dinero. El trabajo que ella hizo ya se le pagó… y yo la verdad voy a hacer otro intento, porque sólo he hecho uno y no es nada fácil lo que he caminado, porque estoy superlejos de mi país, entonces voy a ver si hago otro intento y primero Dios que me permita pasar. Dice que hay que regresarse para Monterrey para poder jalarnos para allá, pero mi hermana tiene que juntar el dinero”, narró.

A esa segunda ‘coyota’ no sabe cuánto le pagó su hermana, pero “Blanca” está dispuesta a esperar en esta frontera hasta que pueda reunir nuevamente el dinero para volverle a pagar.

“La ‘coyota’ me dice: hija, espérame, aguanta, vieras cuánta lástima siento porque todos los que llevaba pasaron, y sólo tú con la bebé te quedaste… yo puedo ayudarte. Y yo le digo que mi hermana sacó prestado el dinero y dice que dinero ya no tiene, y ella me dice que sí, que me espera, no me dice cuánto me cobra porque dice que el trato lo tiene con mi hermana, pero ella me escribe todos los días y me hace sentir tranquila. Ella sí nos daba comida tres veces al día y tenían jugos para los niños, pañales y leche”, dijo la esperanzada migrante.

Otros traficantes ya han creado redes desde Tamaulipas hasta Ciudad Juárez, como el hombre que contrató “Alba”, una hondureña que después de haber ingresado por Mcallen fue expulsada por esta frontera, desde donde lo llamó y él le pidió que se fuera a un hotel del Centro, en donde la recogerían para volverla a cruzar con su hija.

Tras su visita a Juárez y Tijuana, Jean Gough, directora del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para América Latina y el Caribe, destacó el peligroso viaje desde el norte de Centroamérica hacia Estados Unidos que puede durar hasta dos meses en condiciones muy duras.

“Los traficantes se aprovechan descaradamente de su desesperanza y ponen en peligro la vida de los niños, niñas y adolescentes durante este peligroso viaje. La mejor manera de dar a las familias migrantes una buena razón para quedarse en sus comunidades es invertir en el futuro de sus hijos a nivel local”, señaló.

“Se ha señalado siempre que una política restrictiva de contención y militar sólo favorece a los ‘coyotes’, a los traficantes de personas, y aumenta los riesgos a las violaciones graves a los derechos humanos de personas. Y en tiempos de pandemia, una política así aumenta las detenciones de las personas y aumenta el riesgo de contagios”, señaló el investigador de El Colef, Emiliano Ignacio Díaz Carnero, durante el reciente posicionamiento de 92 académicos ante el actual fenomeno migratorio.

Lo que se debe de buscar, dijo “es la coordinación y otras alternativas a la detención –de personas–, justamente para desmontar toda la industria criminal que hay de tráfico y de trata de personas. Y a la vez mejorar las condiciones para que la gente sea mejor entendida y se disminuyan los riesgos de posibles contagios (de Covid-19)”, señaló.

En lo que va del año, agentes de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM) han detenido ocho presuntos ‘coyotes’ en tres hechos distintos en Ciudad Juárez, mientras que la tarde del viernes 23 de abril localizaron una bodega en donde permanecían 58 migrantes en espera de ser llevados a los límites de la frontera, entre ellos seis menores centroamericanos no acompañados.

En el operativo no hubo detenidos, pero uno de los migrantes se negó a dar una entrevista al asegurar que lo estaban vigilando los ‘coyotes’, a quienes les había pagado 35 mil quetzales, equivalentes a más de 90 mil pesos.