Dicen adiós al sueño americano

Al menos 17 centroamericanos renuncian al proceso migratorio, luego de su dificultad para conseguir el asilo político en EU y la experiencia vivida durante su detención

Hérika Martínez
El Diario de Juárez
martes, 16 abril 2019 | 06:00
Omar Morales / El Diario de Juárez

Ciudad Juárez— Debido a las pocas posibilidades que les dieron los agentes de Estados Unidos de lograr el asilo político y las condiciones en las que estuvieron durante su detención, un grupo de al menos 17 centroamericanos retornados ha decidido renunciar a su proceso migratorio en el vecino país. 

Wilder Eduardo Melara Guzmán, de 19 años de edad, es originario de Santa Bárbara, Honduras y este fin de semana decidió renunciar a su sueño americano para buscar trabajo en México, ya que asegura que no puede regresar a su país debido a la violencia.

“Me dijeron que ni con abogado podía lograr el asilo político, no se puede y yo no puedo estar desperdiciando el tiempo que puedo usar en trabajar… y no quiero regresar, me trataron mal”, aseguró quien después de cruzar por el río Bravo para entregarse a la Patrulla Fronteriza estuvo detenido ocho días en El Paso.

Según datos del Instituto Nacional de Migración (Inami) fueron retornados más de 300 migrantes centroamericanos a Ciudad Juárez bajo lo que las autoridades estadounidenses llaman Protocolo de Protección a Migrantes, de los cuales 200 fueron albergados por la Casa del Migrante en Ciudad Juárez.

De ellos, al menos 17 ya se han ido o han manifestado su deseo de regresar a su país, por lo que algunos están trabajando para reunir el dinero o están esperando a que sus familias les envíen dinero, informó su director, el sacerdote Francisco Javier Calvillo.

“A algunos les piden abogados, a otros les dieron una lista de abogados comunitarios en Estados Unidos, pero los abogados les piden que les hablen 10 ó 20 veces al día, y esto pone muy nerviosos a los migrantes. Muchos se quieren regresar”, dijo el sacerdote.

Después de semanas e incluso meses de migrar por México o de esperar en esta frontera, “después de toda la lucha, de todo el proceso, ellos ven como que esto no va”, lamentó.

Uno de ellos es Wilder Eduardo, quien decidió irse a Monterrey, donde trabajó durante siete meses antes de llegar  a Ciudad Juárez.

Wilder salió de su país “por la pobreza y la delincuencia; nos cobraban todos los días los maras una cuota por trabajar”, aseguró sobre el negocio de aguas y refrescos que tenía con su mamá, de quien se despidió el 14 de octubre del año pasado.

Después de permanecer tres días en Tapachula, Chiapas, el hondureño llegó hasta Monterrey, en donde consiguió trabajo pintando casas y durante siete meses juntó dinero para venir a Juárez en busca del llamado sueño americano. 

Le contaron “que aquí estaba mejor para cruzar”, y así llegó hasta el río Bravo, donde después de cruzar se encontró con un grupo de aproximadamente 50 migrantes, principalmente mujeres con niños.

Wilder fue trasladado a algún lugar de El Paso, donde recuerda que estuvo dos días dentro de un cuarto de aproximadamente cuatro metros cuadrados, con al menos 50 migrantes más, todos hombres.

“No podíamos dormir, a veces ni sentarse se podía, porque no cabíamos sentados. Nos turnábamos para dormir unos y luego otros”, recordó.

Después lo trasladaron a otro sitio, en donde había menos gente, “a veces éramos 20, luego se iban unos y llegaban otros y éramos 15… nos daban de comer sándwich sin agua, nos decían que si queríamos agua tomáramos del lavábamos”,  dijo al recordar que el segundo sitio donde estuvieron era un lugar más grande que el primero, con una pequeña división en el que se encontraba un baño y un lavamanos.

“Llegaban –migrantes— a todas horas  y sacaban también a todas horas. Pero tratan diferente a todos. A los que se cruzan por la malla los meten a la hielera, a los que pasan por el río nos tratan diferente y a los que cruzan por el puente –con el número de la lista que tienen las autoridades mexicanas para solicitar el asilo político en Estados Unidos- los ponen aparte, los tratan mejor, con más atenciones”, aseguró.

Luego de ocho días de detención y de haber vivido la peor experiencia desde que salió de su país, los agentes migratorios le informaron que sería regresado a México a esperar aquí el proceso de asilo político, y que su primera cita en El Paso la tenía el próximo 15 de mayo.

También le dijeron que habían perdido todas sus pertenecías, que las buscarían en un mes, por lo que extravió su acta de nacimiento, su celular, la visa humanitaria que le había otorgado el INAMI en Tapachula, un anillo, una cadena y lo que traía de ropa.

Pero el joven hondureño asegura que no quiere regresar a Estados Unidos, ni esperar sus cosas, sino ir a Monterrey a recuperar su trabajo como pintor de casas para comenzar una vida en México, lejos de la violencia de los Maras. 

“Cuando me regresaron a Juárez éramos como 20, pero nada cinco nos vinimos a la Casa del Migrante, los demás dieron que se iban a regresar a su país. Y los otros –que se albergaron con él- ya se regresaron el jueves a su país también, les mandaron dinero sus familias de Guatemala, igual que a mí”, aseguró.

El sacerdote de la Casa del Migrante lamentó que a diferencia de otras fronteras donde se les proporcionó apoyo para regresar a sus países de origen a quienes quisieran, en Juárez no exista una logística en el tema de migración por parte de las autoridades federales ni de derechos humanos nacionales o internacionales.


Principales razones

• La tramitología estadounidense con los abogados

• Trato de los oficiales de la ‘Migra’

• Desilusión en el proceso para obtener el asilo políco