Juárez

Desconcierta que EU retorne a menores solos

Pacto diplomático prohíbe que niños que viajan sin la compañía de un adulto sean expulsados a México

The New York Times / Puente fronterizo entre Ciudad Juárez y El Paso

The New York Times

jueves, 05 noviembre 2020 | 13:58

Nueva York— Era temprano en la mañana del 15 de agosto, cuando Eva Acuña llamó a Esther, su hermana adolescente, una hora antes de que la joven ingresara a Estados Unidos a solicitar asilo. Esther estaba en Ciudad Juárez, México, que era el final de un largo viaje desde su hogar en El Salvador.

Acuña, residente permanente en Estados Unidos, esperaba tener noticias de su familiar por parte de las autoridades migratorias estadounidenses. Pero, cerca de ocho horas más tarde recibió una llamada de las autoridades mexicanas. En vez de poner a su hermana bajo custodia, la Patrulla Fronteriza la llevó de regreso a México, a un refugio para niños. 

El traslado contradecía la política estadounidense y un acuerdo diplomático con México, los cuales prohíben que niños de ambos países que viajan sin la compañía de un adulto sean expulsados a México. Sin embargo, comienza a quedar claro que un número indefinido de menores fue retornado de manera arbitraria luego de que el Gobierno de Donald Trump cerró la frontera para la mayoría de los solicitantes de asilo debido a la pandemia de coronavirus.

Desde que The New York Times reportó la semana pasada sobre un correo electrónico interno que advirtió a las autoridades fronterizas acerca de los traslados indebidos, Acuña, quien pidió que se identificara a su hermana por su nombre de pila para evitar repercusiones en su proceso migratorio, forma parte de un grupo de centroamericanos que se han manifestado diciendo que están preocupados y confundidos porque sus hijos y familiares menores de edad fueron trasladados, sin ningún adulto representante, a un país que no es el suyo.

En algunos casos, como el de Esther, no tienen familiares en México que puedan ayudar a los niños.

Nahúm, de 5 años fue llevado a un refugio

Tan solo habían transcurrido unas semanas desde que Esther cruzó hacia Estados Unidos, cuando una mujer hondureña llamada Paola caminó con su hijo, Nahúm, de 5 años, hasta el borde del puente internacional que conduce a Estados Unidos. (También pidió que ella y su hijo sólo fuesen identificados por sus nombres de pila debido al temor de sufrir represalias por parte de las autoridades migratorias estadounidenses).

Ambos vivieron durante varios meses en un refugio ubicado en Matamoros, México, mientras esperaban a que se reabriera la frontera para poder presentar sus solicitudes de asilo ante las autoridades de Estados Unidos. Pero Paola dijo que había llegado al límite de sus capacidades debido a las condiciones en las que vivían y porque su hijo no había asistido a la escuela en más de un año. Decidió enviar a Nahúm a Estados Unidos, con la esperanza de que las autoridades estadounidenses le permitieran vivir con su abuelo y sus tíos en Los Ángeles.

Dijo que, el 5 de septiembre, acompañó a su hijo hasta el puente y vio cómo los funcionarios de inmigración de Estados Unidos lo trasladaban hasta el puerto de entrada de Estados Unidos. Dijo que tenía miedo de que algo pudiera salir mal, por lo que se quedó en el puente mientras esperaba noticias. Después de unas cinco horas, se sintió consternada al ver que una camioneta del Gobierno mexicano pasaba junto a ella y Nahúm estaba adentro.

Con la asistencia de unos abogados estadounidenses, Paola contactó a la agencia de bienestar infantil de México y se enteró de que habían puesto a su hijo bajo custodia del Estado mexicano. Ella suplicó verlo, pero pasaron tres días antes de que le permitieran recogerlo.

El traslado de los jóvenes entre ambos gobiernos extranjeros es un tema delicado, en parte porque la intervención burocrática puede provocar retrasos en su liberación, incluso en casos como el de Paola, cuando el progenitor del niño lo espera en el mismo país.

Hermetismo

No queda claro cuántos niños que no son mexicanos fueron expulsados hacia México, porque el Gobierno de ese país y el de Estados Unidos se han rehusado a proveer esa información. Funcionarios del Gobierno estadounidense han alegado que, en algunos de esos casos, existen procesos legales que les impiden revelar detalles. En un tuit del viernes pasado, el vocero de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México dijo que “hasta el momento” no se tenía registro de la entrada a México de menores de edad sin acompañamiento de sus familiares. 

“El Gobierno de México continuará con las investigaciones correspondientes de la mano de organizaciones de la sociedad civil y organismos multilaterales”, expresó el funcionario.

Un oficial de la Patrulla Fronteriza estadounidense alertó sobre los traslados indebidos en el correo electrónico interno que se divulgó la semana pasada. Brian Hastings, jefe de la Patrulla Fronteriza del sector del Valle del Río Grande, confirmó que esa práctica había estado ocurriendo, y dijo que agentes fronterizos habían recibido instrucciones de contactar a la oficina consular mexicana cada vez que un niño no mexicano, que viaja solo, fuese expulsado.

Cinco personas declararon al Times que sus hijos u otros jóvenes familiares habían sido expulsados hacia México después de entrar en Estados Unidos, una violación del acuerdo entre los dos países.

Abogados de KIND, una organización que defiende los derechos de las personas migrantes, dijeron que conocían los casos de varios niños centroamericanos que fueron expulsados hacia México y que, algunos de ellos, todavía estaban bajo custodia en ese país. 

Young Center, otro grupo de defensa, confirmó que apeló ante las autoridades de Estados Unidos por otros dos casos: el de dos niñas salvadoreñas, de 11 y 15 años, que fueron expulsadas a México y que pudieron entrar a territorio estadounidense después de llevar a cabo procesos legales.

“No deberíamos encontrarnos con estos niños en lo absoluto”, indicó Jennifer Nagda, directora de políticas en esa organización. “No tenemos idea de cuántos casos hay porque los estamos recibiendo de manera informal, de boca en boca”.

La hermana de Acuña, Esther, quien tiene 15 años, fue trasladada a un segundo refugio después de que la retornaron a México y luego la transfirieron a otras instalaciones. Finalmente, se le permitió ingresar a Estados Unidos luego de que abogados de ese país, que trabajaron en conjunto con el Consulado salvadoreño, demostraron con éxito cómo su expulsión había violado la política estadounidense y el acuerdo diplomático. 

Ella llegó a Arizona, a un refugio para niños administrado por el Gobierno, el 23 de octubre, cerca de dos meses después de haber sido retornada a México.

Con el tiempo, dijo Acuña, la familia espera que su hermana pueda ser entregada a sus familiares en Houston. Pero nadie sabe cuándo sucederá eso.