Juárez

Deja Covid dolor y estigmas

Son parte de los estragos de la pandemia en esta frontera

Cortesía

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

lunes, 27 julio 2020 | 06:00

Ciudad Juárez— Miedo, dolor, problemas económicos y la estigmatización de la comunidad forman parte de los estragos que según las propias víctimas ha dejado el nuevo coronavirus (Covid-19) en los más de 17 mil casos confirmados en la franja fronteriza de Ciudad Juárez y El Paso, donde el virus ha matado a más de 850 personas, según las autoridades de ambas ciudades.

“El virus sí es real, tomen los cuidados que son debidos, no se lo tomen a la ligera. Infórmense, es verdadero lo que está pasando”, imploró a los fronterizos el 6 de abril el hijo de “Alfredo”, la primera víctima mortal de Covid-19 que se hizo pública en la frontera.

“Alfredo”, cuyo nombre real fue cambiado a petición de su familia, tenía 45 años de edad, trabajaba como verificador del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y creía que se estaba protegido.

Utilizaba un cubrebocas de tela y limpiaba sus manos con toallitas desinfectantes. Debido a la escasez de equipo de protección que ocurrió al principio de la pandemia en la ciudad no encontró gel antibacterial en las farmacias, narró su hijo un día después de la muerte de su padre, quien no pudo despedirse de su cuerpo.

Y es que ante la falta de protocolos de algunas funerarias y debido a la prohibición inicial de enterrarlas en los panteones municipales, las primeras víctimas confirmadas o sospechosas de Covid fueron incineradas.

“No la pudimos ver desde que la dejamos en el hospital, luego murió y de ahí se la trajeron directo acá”, narró un familiar de “Ana”, una de las primeras víctimas que fueron enterradas en el panteón municipal San Rafael, donde ni siquiera se les permitió presenciar el entierro, por lo que conocieron su tumba a través de una fotografía que les fue enviada por un trabajador de la funeraria que contrataron.

Manuel, tampoco pudo despedirse de su mamá, a quien solo pudo “identificar” desde el exterior del Hospital General Regional número 66 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

De lejos el trabajador de una funeraria completamente cubierto del cuerpo con un overol blanco, lentes, cubreboca y guantes, le mostró un listón blanco con el nombre de su mamá, el cual le repitió a gritos.

Concepción tenía 58 años y permaneció ocho días internada en el IMSS, donde los doctores le confirmaron a su hijo que había salido positiva a Covid, sin embargo el certificado de defunción que compartió su hijo con El Diario señala que murió el 17 de abril debido a “insuficiencia respiratoria” y “neumonía no especificada”.

Manuel dijo entender que cambian las causas de muerte como “la forma para poder manipular las cifras reales por cuestiones políticas”, lo cual también aseguró haber externado al personal médico del mismo hospital.

Otras familias, han visto morir a sus víctimas en sus propias casas, como ocurrió con “Fernando” de 44 años de edad, un trabajador de la maquiladora estadounidense Syncreon, quien después de 10 días de vivir con síntomas y tras negarse a acudir al IMSS la madrugada del 13 de abril se desvaneció frente a su esposa, hijos y hermana. 

Tras su muerte, su familia relató el dolor y el miedo a la estigmatización de sus vecinos, además de no saber si estaban contagiados, y no saber siquiera si murió realmente de Covid-19.

“Son muchas cosas, lavar toda la casa con cloro, aislarnos, no poder despedirlo”, narró horas después de su muerte su hermana. Semanas después confirmó que nadie más de su familia presentó síntomas, pero lamentaban no haberlo podido velar ni enterrar.

Ante la suspensión de los rituales tradicionales, las familias viven actualmente un “duelo suspendido” o un “no-duelo”, que puede llegar a convertirse en un duelo patológico, explicó la tanatóloga del Centro de Capacitación Integral y Desarrollo Integral de la Familia, Gabriela Reyes Tovar.

La ausencia de la velación, una ceremonia religiosa o el entierro pueden provocar que la etapa de la negación, que en promedio tarda tres meses, se convierta en años,  destacó.

 Muchos de los enfermos también sufren una revictimización al ser estigmatizados por sus vecinos, amigos o familiares, señaló la experta.