De tierra, más de 5 mil calles

Sin pavimento el 30 por ciento de las calles en Ciudad Juárez; nueve colonias concentran el mayor rezago al mantener todas sus vialidades sin asfalto

Itzel Ramírez /
La Verdad Especial para El Diario
jueves, 12 septiembre 2019 | 06:00
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Para donde volteé, Viviana Martínez, una residente de Granjas de Santa Elena, observa calles de tierra. Su colonia es una zona extensa conformada por 28 vialidades, todas sin pavimento.

Lleva viviendo ahí 11 años. La mujer dice que en ese tiempo las autoridades le han dicho que primero va el agua y el drenaje, después llegará el pavimento, “pero no llega nada, ya lo sabemos”, cuenta entre las rejas de una de las pocas tiendas que hay en los alrededores.

Su colonia, ubicada en el surponiente de la ciudad, no es la única que enfrenta esta situación. En Juárez hay 5 mil 102 calles que carecen de pavimento, un rezago que llega al 30 por ciento de las vialidades de la ciudad, de acuerdo con datos del Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP).

Actualmente, en la ciudad existen 17 mil 115 calles, en 966 colonias registradas por el IMIP; 403 colonias tienen cuando menos una calle sin pavimentar, aunque algunas, principalmente las ubicadas al norponiente y al suroriente de la ciudad, no cuentan con una sola vialidad con recubrimiento.

El crecimiento de la ciudad, la existencia de asentamientos irregulares, la falta de recursos económicos, así como las fallas en la planeación urbana, indicaron funcionarios y especialistas, son algunas de las causas que explican el escaso avance en la pavimentación de la red vial del municipio. 

Estadísticas oficiales muestran que para 2003, el 51 por ciento de las calles no tenía pavimentación, 16 años después el rezago es del 30 por ciento. Apenas ha disminuido en 21 puntos porcentuales.

De acuerdo con Roberto Mora Palacios, director del IMIP, el 85 por ciento del avance en pavimentación corresponde a los desarrolladores inmobiliarios, obligados por ley a entregar viviendas con vialidades con recubrimiento, sea asfáltico o de concreto. El resto de la inversión, apenas un 15 por ciento, corresponde al gasto público. 

“A partir de 2003 es cuando empieza a desplegarse la construcción con proyectos y desarrollos de Infonavit donde parte del trabajo era entregar las casas con pavimento”, afirma el funcionario en entrevista. 

En lo que se refiere a los recursos del erario destinados para pavimentación, la mayor parte proviene de fondos federales del Programa de Desarrollo Regional, del Fondo para la Infraestructura Social Municipal y del Fondo para el Fortalecimiento de la Infraestructura Estatal y Municipal. Tan solo durante 2017, por ejemplo, el municipio ejecutó 146 millones 997 mil 211 pesos para trabajos de pavimentación derivados de estos fondos, indican datos del ejercicio presupuestal del Ayuntamiento. 

Durante 2018, los 165 mil 196 metros cuadrados pavimentados en la ciudad supusieron un gasto de 217.7 millones de pesos, según el Informe de Gobierno del alcalde Armando Cabada. El Plan de Inversión en Ciudad Juárez, anunciado en agosto pasado por el gobernador Javier Corral, contempla destinar 280 millones de pesos para trabajos de pavimentación. 

Aunque la inversión para pavimentación crezca, advierte Mora Palacios, habrá áreas de la ciudad que no contarán con servicios de recubrimiento, debido a que están en zonas donde técnicamente es imposible brindar servicios de agua y drenaje, requeridos para poner posteriormente el pavimento. 


Islas en la mancha urbana

Las zonas conocidas como “los kilómetros”, ubicadas a las afueras de la ciudad, a los costados de la carretera a Casas Grandes, dice el director del IMIP, se encuentran en condiciones inviables para la inversión en infraestructura urbana. 

“Van a tener cero por ciento de pavimentación, el problema que tenemos en la zona de ‘los kilómetros’ es que no hay manera de que tengan ni agua ni drenaje”, asegura Mora. 

“En un momento determinado es más fácil la reubicación, aunque la gente no se quiere ir porque se iría a terrenos más pequeños”, afirma. 

La falta de pavimentación es mayor en colonias como Granjas Santa Elena, Bello Horizonte, Cumbres, Cibeles, Colinas del Desierto, Granjas San Rafael, Kilómetro 28, El Sauzal, José Martí, Solidaridad y Lomas de Poleo, que varían entre el 100 y el 93 por ciento de sus calles como caminos de terracería.

Viviana Martínez, residente de Granjas Santa Elena, señala que además de pavimento, en su colonia faltan servicios de agua potable, drenaje ni alumbrado público. 

Cuenta que ella y sus vecinos se han acostumbrado a vivir entre el polvo que cubre todas las calles, el olor a las granjas de puercos, pollos, chivos y borregos que se mantienen en esta colonia del surponiente de la ciudad.

“Llevo 11 años viviendo aquí y los de la Junta de Agua (Junta Municipal de Agua y Saneamiento) solamente vienen, revisan las calles, nos dicen que primero va el agua y el drenaje, después llega el pavimento, pero no llega nada, ya lo sabemos”, afirma. 

Mora dice que es la Junta Municipal de Agua y Saneamiento la que, con razones técnicas, ha explicado la imposibilidad de llevar esos servicios públicos a algunas colonias. 

“A toda esa zona se le está metiendo agua a través de pipas y el drenaje es por fosa séptica, la Junta de Agua es la que ha dicho que técnicamente no les puede suministrar el servicio, porque toda el agua la extraemos del subsuelo, entonces el problema es que los pozos que están hacia arriba de la sierra o pegados a la sierra, ya están totalmente abatidos o ya las profundidades son muy importantes (...) ahora bien, en esa zona según los censos y conteos que tenemos, no viven más de 16 mil personas”, apunta.


Un asunto de dinero y razones legales

Rocío González Alonso, diputada local presidenta de la Comisión de Obras, Servicios Públicos y Desarrollo Urbano, esgrime además razones legales que impiden llevar infraestructura pública a algunas zonas.

“La Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano –modificada en mayo pasado–, es muy clara al prohibir que se propicie la ocupación de asentamientos irregulares y que se les dote de servicios públicos, está prohibido”, menciona la legisladora panista. 

A la imposibilidad de inversión se suma, considera la diputada, que gobiernos de todos los niveles y partidos han sido omisos en la construcción con planeación urbana. 

“Por muchísimos años hemos hecho obra pública que no va ligada al desarrollo urbano. Si tuviéramos al desarrollo urbano como eje de toda la política pública, de todo el ejercicio del gobierno, las condiciones pudieran mejorarse, pero la realidad es que los gobiernos hacen obras de relumbrón, no se piensa en si se beneficia el desarrollo urbano y el ordenamiento territorial, eso queda de lado”, comenta. 

Aunado al rezago y a las condiciones de ilegalidad de ciertos asentamientos, está, mencionó González, el alto costo de las obras de pavimentación. 

“Pavimentar bien es una de las obras más costosas, la carga presupuestal para los municipios es imposible; por ejemplo, en Chihuahua los cálculos hace un año eran que tenían que destinarse cerca de 700 millones anuales para poder pavimentar todas las calles”, añade.

Las partidas federales enviadas para pavimentación incluyen, también, recursos para bacheo de las vialidades afectadas. De acuerdo con Rafael Mauricio Marrufo, académico de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, ello contribuye a que el rezago permanezca. 

“Las fórmulas de pavimento que se utilizan aquí no son las adecuadas, el grosor no aguanta, las corrientes de agua terminan por levantarlo, cuando bachean, al paso de poco tiempo vuelve a aparecer el hoyo, eso quita recursos para avanzar en la pavimentación”, dice. 


Fuente de contaminación 

Especialista en temas de salud pública, Mauricio añade que la falta de pavimentación está asociada a problemas respiratorios. 

“Sí hay un problema con las calles de terracería, sobre todo en Juárez, donde las tolvaneras aparecen de manera cada vez más constante e impredecible. Además, con el pavimento se disminuyen los problemas de ácaros, pulgas y garrapatas que hay en los animales y que pueden transmitir enfermedades a los humanos”, menciona.

La falta de pavimento y de otra infraestructura pública en las zonas donde vive la población más vulnerable, acota el investigador, es parte del fenómeno de segregación cultural que se agudiza conforme se alejan los asentamientos de las zonas de mayor desarrollo. 

Karina Martínez lleva 8 años viviendo en la colonia Pablo Gómez, en la glorieta del Kilómetro 20. Después de recoger a sus tres hijos de la escuela primaria, recorre varias calles de terracería para llegar a su casa, a mitad de una vialidad que, asegura, se inunda cada que una lluvia por ligera que sea o alguna fuga, termina por convertir aquello en un lago pestilente. 

“Aquí se inunda siempre, se hace un charco muy grande y tenemos que esperar a que se seque solo y cuando no por lluvia, entonces sufrimos por el polvo, que se mete a la casa, a todos lados, porque no tenemos pavimentación más que en la calle de la escuela y donde pasa la ruta”, indica. 

Ella, sus hijos y otra decena de vecinos caminan con los zapatos polvorientos, acostumbrados a que desde su fundación, la colonia permanece con caminos de terracería. 

La prioridad de pavimentación, indica el director del IMIP, se centra en las Zonas de Atención Prioritaria (ZAP), en las calles donde hay circulación de trasporte público o en los trozos de terracería entre vialidades pavimentadas.


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