Juárez

Cuida venezolano salud de fronterizos

Tras huir de su país, el enfermero Daniel Soto se estableció en Ciudad Juárez, donde ahora atiende a pacientes

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

lunes, 30 noviembre 2020 | 12:58

Cortesía Cortesía Cortesía Cortesía | Daniel tuvo que emigrar para tener una mejor vida

Hace más de dos años, Daniel decidió huir de Venezuela para buscar el refugio en México desde Ciudad Juárez, donde ya se encarga del cuidado de la salud de los fronterizos debido a su profesión de enfermero.

Orgulloso de ser un nuevo juarense, Daniel Rafael Soto Santa María, de 33 años de edad, decidió celebrar en la “X” haber sido reconocido por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) como refugiado en México, con el uniforme que ha vestido en esta frontera apoyando incluso a enfermos de Covid-19 que necesitan diálisis. 

“La migración en cierta parte hace sus cosas positivas, te integras a nuevas culturas, conoces a nuevas personas. Juárez es una ciudad que tiene muchísimo potencial, es una ciudad que todavía está en crecimiento, aquí el que llegue y venga a trabajar honestamente va a crecer; en Juárez la gente es amable”, destacó quien ha encontrado en Juárez la oportunidad de una nueva vida.

Alentado por unos amigos venezolanos que viven desde hace años en esta ciudad, el 19 de junio de 2018 –antes de que comenzaran las caravanas centroamericanas hacia Estados Unidos– Daniel salió de su país hacia Colombia, en donde se reunió con sus amigos para viajar con ellos hasta esta frontera, a donde llegó el 24 junio.

“La situación de Venezuela obliga a muchas cosas, entre ellas a migrar. La situación política que hay allá es terrible, la situación económica, la inseguridad es enorme. Y aparte, yo soy del área de la Salud, y desde hace algunos años ya venían en decadencia los sistemas de Salud. En una emergencia no teníamos ni siquiera soluciones, un catéter para tomar una vía, no teníamos un suero que uno consigue en cualquier farmacia, gasas, guantes; uno llegaba con mucho ánimo a trabajar, pero resulta que salías muy deprimido”, relató el enfermero sobre las situaciones que lo hicieron salir de su país.

“Aparte de eso, tú llegabas a tu casa de 24 horas de trabajar en el hospital y querías darte una buena ducha, asearte, y no había agua, tenía ya dos, tres semanas sin agua; se nos iba la luz muy seguido. Son cosas que aparte del sistema de trabajo tú sales bien deprimido, al llegar a la casa un sistema de relajación no lo ibas a tener”, aseguró.

Ante dichas condiciones llegó un momento en el que Daniel tuvo que tomar la decisión entre adaptarse a ese tipo de vida, que para él “ya no era vida”, o aprovechar su juventud y emigrar.

A Juárez “llegué con una visa de 180 días de turismo, pero inicié el proceso según lo establecido por la Comar”, recordó quien el pasado 25 de noviembre cumplió 10 años de haberse convertido en enfermero. 

Aunque para él ha sido difícil estar lejos de su mamá, María Elena, y de su hermano, Danis Antonio, quienes se quedaron en su país, asegura que fue bien recibido por la ciudad y por su gente.

A la semana de haber llegado a Juárez comenzó a trabajar en una taquería, donde permaneció nueve meses como mesero. 

“Cuando llegué no podía ejercer –como enfermero– porque estaba en el proceso de la Comar, yo todavía era turista, pero comencé a trabajar en una taquería, donde me trataron muy bien”, relató.

Después, comenzó a trabajar como enfermero en una estancia de adultos mayores, donde permaneció durante cinco meses, ya como residente temporal en México, con una visa de visitante por razones humanitarias.

Se siente realizado

En noviembre del año pasado comenzó a trabajar en un consultorio donde realizan hemodiálisis, y donde ante la emergencia de salud, tuvieron que adaptar un horario especial para atender pacientes Covid-19, ante la saturación que había en otras instituciones públicas y privadas. 

Poder trabajar como enfermero en Ciudad Juárez, “es una felicidad que no se compara, cuando salimos de Venezuela, los que tenemos un oficio o alguna profesión, lo que aspiramos es llegar a trabajar en lo que uno sabe hacer, y en lo que a uno le gusta. Entonces ya cuando comencé a trabajar como enfermero me sentía realizado”, destacó quien en Venezuela laboró en el área de Terapia Intensiva. 

Durante todo el proceso de solicitud de refugio estuvo acompañado legalmente por la asociación Derechos Humanos Integrales en Acción (DHIA), hasta que en noviembre recibió su constancia oficial de refugiado en México.

“La verdad a mí se me hizo muy fluido comenzar el proceso, pero mi residencia permanente llegó dos años después… aquí no hay oficinas de Comar, entonces –Instituto Nacional de– Migración, lo que hacía era ser el enlace con Migración de Ciudad de México, y ya cuando comenzaron a llegar las caravanas de migrantes Migración se puso más lento en los procesos”, comentó.

Piensa traer a su familia

Y aunque había escuchado hablar de la violencia en Ciudad Juárez, Daniel agradece que en el tiempo que ha estado en esta frontera nunca ha sido víctima de ningún delito, mientras que en su país veía casi todos los días cómo robaban a la gente.

“La verdad en Juárez superbien, muy bien, no tengo queja alguna, la gente ha sido muy hospitalaria, solidaria. Yo que vengo de un país que está en ruinas. Allá está mi familia, pero el país que uno conocía, donde uno era feliz ya no existe”, lamentó quien espera poder traerse a su familia, ya que es una de las posibilidades que ofrece la Comar. 

Y aunque el calor es diferente al de su país, a Daniel le gusta el frío y en Juárez vio nevar por primera vez.

Aquí también ha aprendido a hablar un español “mexicano”, a comer picante y a disfrutar de las tortas, una de sus comidas favoritas.

“En Venezuela tenemos el chile ‘ají’, que es dulce y da mucho sabor pero no pica. Pero ya me he ido adaptando al chile y al picante de aquí. Las tortas me encantan, allá le decimos tortas a los pasteles de cumpleaños; yo conocía las tortas de aquí por ‘El Chavo del Ocho’, la torta de jamón”, comentó quien aseguró sentirse feliz y realizado de haber elegido Ciudad Juárez para vivir y de poder hacerlo ejerciendo su profesión, con una residencia permanente. (Hérika Martínez Prado / El Diario)

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