Estados Unidos

Presidentes de EU que no fueron a investidura de sucesores

Se une Donald Trump a Andrew Johnson y a los Adams

/ John Adams nunca fue invitado formalmente por su sucesor, Thomas Jefferson, al evento, además se ha dicho que probablemente su decisión de saltarse la juramentación fue para evitar roces partidistas
/ John Quincy Adams abandonó oficialmente la Casa Blanca la noche del 3 de marzo de 1829, un día antes de la toma de posesión de Andrew Jackson
/ Johnson anunció que no asistiría a la ceremonia de juramentación de Ulysses S. Grant y que se quedaría en la Casa Blanca con colegas para trabajar en la firma de una legislación de última hora
/ Trump anunció este viernes que no estará presente en la toma de posesión de Joe Biden, cuya victoria electoral no ha reconocido

Associated Press

viernes, 08 enero 2021 | 19:53

Washington— La decisión del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de no asistir a la toma de posesión de Joe Bien, el próximo 20 de enero, no carece de precedentes, aunque uno tendría que remontarse hasta 1869, con Andrew Johnson, para encontrarse con el ejemplo más reciente.

John Adams (1797-1801) y John Quincy Adams (1825-1829) fueron otros dos Mandatarios estadounidenses que optaron por no participar en una tradición que comenzó con George Washington (1789-1797), el primer jefe de Estado en la historia de la Unión Americana. 

La Asociación Histórica de la Casa Blanca refiere que John Adams nunca fue invitado formalmente por su sucesor, Thomas Jefferson, al evento y que quizás no quiso imponer su presencia. Además, los documentos señalan que en 1801 fue la primera vez que la presidencia se transfirió a un partido opuesto y que era posible que se haya "querido evitar provocar violencia entre federalistas y demócratas-republicanos''.

John Quincy Adams -quien siguió los pasos de su padre- abandonó oficialmente la Casa Blanca la noche del 3 de marzo, un día antes de la toma de posesión de Andrew Jackson.

Según los archivos históricos, Jackson, quien ya llevaba tres semanas en Washington previo a su juramentación, no llamó a Adams, quien tampoco invitó al Ejecutivo entrante a la sede presidencial.

Unas cuatro décadas después, el Presidente electo Ulysses S. Grant se negó a viajar con el Presidente Andrew Johnson de la Casa Blanca al Capitolio para la ceremonia.

Cuando se sugirió que dos carruajes los transportarían por separado, Johnson replicó que no asistiría a las ceremonias y que se quedaría en la Casa Blanca con amigos y colegas para trabajar en la firma de una legislación de última hora.

"Para mí, él (Johnson) es muy, muy diferente de los dos Adams en cuando a que realmente eran estadistas y tenían sus razones para estar amargados. Pero no eran malos hombres'', consideró Barbara Perry, directora de estudios presidenciales de la Universidad de Virginia.

"Johnson era una mal hombre y un mal Presidente", remarcó.

Igualmente, Perry sostuvo que su opinión en torno al primer Adams era "bastante indulgente", no tanto de cara a su hijo, debido a que la tradición de asistir a la investidura de un sucesor apenas comenzaba en EU.

La investigadora manifestó que la asistencia del Presidente saliente al evento se ha tornado en un acto importante y sustancialmente simbólico a medida que ha transcurrido el tiempo.

De acuerdo con Perry, dicho acto sirve para reforzar el concepto de una transición pacífica de poder y para posicionar un mensaje ante adversarios potenciales sobre desechar la idea de aprovecharse del cambio de dirección política en el país.

"Nos enorgullecemos de esta transición pacífica del poder, pero tampoco se deben engañar, no se debe pensar que porque estamos transfiriendo el poder de un hombre a otro, de una parte a otra, o porque hemos tenido una elección controvertida, que estamos debilitados y que somos débiles y que nos pueden atacar'', enunció Perry.

A pesar de la decisión de Johnson de no asistir a la toma de posesión de Grant, la tradición adquirió todavía mayor importancia después de la Guerra de Secesión (1861-1865), reflexionó el historiador presidencial Douglas Brinkley.

"Es el gesto curativo definitivo. Es el genio de la reconciliación estadounidense'', dijo Brinkley. "Es triste que Trump parezca incapaz de admitir la derrota y ser lo suficientemente grande como para desearle buena suerte al nuevo Presidente".

"Pero, por otro lado, dado lo que acaba de pasar en el Capitolio, ya sabes, la insurrección del Capitolio con la culpabilidad de Trump, la nación pueda estar mejor si él no es parte de la curación, porque es posible que él haya sido el cáncer en la sala nacional'', subrayó.

En tiempos más modernos, Richard Nixon (1969-1974) no asistió a la juramentación de Gerald Ford, dado que éste presentó previamente su renuncia a fin de evitar un muy probable juicio político.

Ford, posteriormente, otorgó a Nixon un indulto presidencial.

Barbara Perry señaló que la determinación de Trump no era sorprendente para ella y refirió que era muy probable que integrantes políticos de ambos bandos -entre ellos Joe Biden- estuvieran de acuerdo con la decisión.

"Debido a que es una figura tan polarizante (Trump), las personas que se oponen a él no quieren verlo allí. Las personas que lo apoyan no quieren verlo allí porque no quieren que le dé legitimidad a Joe Biden o al Gobierno entrante. Quieren seguir luchando'', sentenció.