Estados Unidos

‘La tierra prometida’ de Barack Obama

En su libro autobiográfico, el expresidente escribe acerca de la esperanza, desesperanza y la vida en el centro de una nación dividida

Associated Press

The Washington Post

martes, 17 noviembre 2020 | 06:00

Whasington— Barack Obama reveló que dudó acerca de escoger a Joe Biden como su compañero de fórmula en el verano del 2008. Al senador de Delaware le fascinaba hablar, no tenía filtros y “no siempre estaba consciente de eso”, escribió Obama en su nuevo libro biográfico.

“No podíamos ser más diferentes”, escribió Obama, “pero me di cuenta que el contraste entre nosotros era atractivo”, además de que descubrió que Biden tenía un buen corazón, experiencia en la política exterior y un imán para la clase trabajadora.

Así que, cuando tomó la decisión, Obama y Biden esperaron el anuncio del nominado republicano John McCain para saber a quién había elegido para que fuera su vicepresidente. Biden se enteró de la decisión en una reunión que tuvo con Obama a través de un mensaje de texto que se recibió en el Blackberry de un asesor.

“¿Quién diablos es Sarah Palin?” preguntó Biden.

La historia de la competencia entre los dos vicepresidentes es una de las muchas anécdotas que hay en el nuevo libro de Obama, titulado “La Tierra Prometida” en la que defiende su legado y explica qué lo motivó y en ocasiones lo dejó consternado.

A medida que Palin fue generando una oleada de intereses en la boleta republicana, Obama se preocupó brevemente porque McCain había sido más astuto que él, ya que Palin podría atraer a los suficientes votantes indecisos para inclinar la competencia hacia el Partido Republicano. Pero pronto se dio cuenta que esa opción podría ser contraproducente porque en casi cada tema relevante para gobernar al país ella no tenía absolutamente idea de lo que estaba hablando.

Al final, escribe Obama, el aspecto más problemático de haber escogido a Palin fue lo que eso revelaba sobre la dirección que tomaría la delegación de poder en la política del país. Obama encontró que la ineptitud de Palin “era problemática a un nivel más profundo, ya que su incoherencia no le importaba a la vasta mayoría de los republicanos”, quienes consideraron el cuestionamiento sobre su conocimiento de los temas “como una prueba de una conspiración liberal”.

En respuesta a eso, Palin publicó este viernes un comentario en su página de Facebook en la que le agradece a Obama por darle el crédito de haber cambiado la política republicana, agregando “es agradable saber que he vivido gratuitamente en su cabeza en estos últimos 12 años”.

Soledad y aliados

El libro, que es el primero de dos volúmenes que se esperan sobre la presidencia de Obama, estará públicamente disponible hoy martes. Se le proporcionó una copia a The Washington Post enviada por el editor Penguin Random House.

Obama escribe tanto de la soledad de ese puesto y la importancia de tener un círculo leal de confidentes que lo pudieran asesorar, incluyendo a su esposa Michelle y Biden, el asesor David “Axe” Axelrod, el encargado de su campaña David Plouffe y el jefe de gabinete Rahm Emanuel. Los elogia a todos ellos.

Al mismo tiempo, les ajusta las cuentas y regaña a los republicanos y les dirige algunas ocurrencias inesperadas a sus compañeros demócratas. Por ejemplo, al evaluar a su rival de las primarias del 2008, el senador John Edwards, Obama escribe que nunca quedó tan impresionado, “el recién acuñado populismo en Carolina del Norte sonaba sintético y para mí quedó demostrado en los sondeos, que es el equivalente político de una de esas bandas de música de chicos que es ideada en el departamento de mercadotecnia de un estudio”.

En todo el libro, Obama proporciona detalles sobre los obstáculos que enfrentó para empujar su agenda, reconoce que su inspiradora retórica de campaña acerca de la esperanza y del “sí, podemos” fue acompañada en privado por una lucha contra las dudas, desesperanza y lamentaciones. Una y otra vez, escribe, se preguntó si era el hombre para ese momento, si estaba demasiado motivado por su ego y no por sus nobles ideales y si estaba sacrificando demasiado su vida familiar por ese embrollo político.

“Confieso”, dice Obama en el prefacio, “que hubo momentos durante el tiempo en que estuve escribiendo el libro –como lo reflejé durante mi presidencia y todo lo que ha pasado desde entonces– en que me pregunté a mí mismo si era demasiado atemperado hablar sobre la verdad como yo la veía, demasiado cauteloso con cada palabra o acción como yo lo hacía, que al acudir a lo que Lincoln catalogó como los mejores ángeles de nuestra naturaleza, tuve una mejor probabilidad de dirigir a Estados Unidos en la dirección que habíamos prometido”.

El libro fue concluido en agosto, antes de que Biden se convirtiera en presidente electo. Sin embargo, va a ser leído después de la elección del 2020, y sirve como un preámbulo para mostrar las divisiones que resultaron de la elección de Donald Trump en el 2016 y de los obstáculos que Biden va a encontrar después de asumir la presidencia.

Acérrimos opositores

Obama relata la dificultad que tuvo para lidiar con Mitch McConnell, un republicano de alto rango del Senado en este entonces y actualmente. Obama escribe que Biden le contó la manera en que McConnell había bloqueado una de sus propuestas. Cuando Biden trató de explicarle los méritos de la propuesta, McConnell respondió “usted debe tener una impresión errónea de que eso me importa”, de acuerdo a Obama, relatando la “falta de vergüenza y racional búsqueda del poder” del senador de Kentucky.

Obama asumió el poder comprometiéndose a trabajar con los republicanos pero dice que sintió una creciente furia y frustración de ver cómo el partido de la oposición fue justo eso –casi siempre en oposición. Cuenta cómo pasó incontables horas buscando atraer a los republicanos para que apoyaran su plan de atención médica.

En una atmósfera envenenada por falsas acusaciones de que no nació en Estados Unidos, que era musulmán y que apoyaba “los paneles de la muerte” que podrían decidir el destino de los adultos mayores estadounidenses, Obama dice que fue muy difícil obtener el apoyo del Partido Republicano. Sin embargo, creyó que tenía alguna posibilidad con algunos opositores moderados como la senadora Olympia Snowe de Maine, quien apoyó su plan de salud en un comité pero votó en contra en el pleno.

También relata cómo le preguntó al senador republicano Chuck Grassley, sobre si algún cambio en la propuesta podría ganar el voto de este originario de Iowa. “No lo creo señor presidente”, respondió Grassley, de acuerdo a Obama. El viernes pasado, la oficina de Grassley dio a conocer un comunicado que dice “Ni el senador Grassley ni sus funcionarios de alto rango del staff de ese tiempo tienen algún registro o recuerdan eso y es improbable que sea algo que el senador Grassley pudiera decir”.

La legislación fue aprobada sin el apoyo de los republicanos, muchos de los cuales han pasado años tratando de eliminarla.

De manera similar, escribe sobre los esfuerzos que hizo para obtener el apoyo del senador Lindsey Graham en una legislación sobre el cambio climático, dijo que al republicano de Carolina del Sur “le gustaba jugar el papel del conservador sofisticado y consciente, que desarmaba a los demócratas y reporteros con evaluaciones terminantes sobre los puntos ciegos de su partido”, pero luego encontraba maneras de “escabullirse” de los compromisos propuestos. Era como el personaje de una película de espías “que daba puñaladas por la espalda para salvarse a sí mismo”, escribió Obama.

Edwards, McConnell y Graham no respondieron a la petición que se les hizo el viernes para que comentaran al respecto.

Su relación con la prensa

Las quejas de Obama de los medios de comunicación son un tema constante. Se muestra a sí mismo como una víctima de unos reportajes injustos y de comentarios políticos que provinieron de todos lados, incluyendo de liberales de quienes dijo nunca entendieron la necesidad que él tenía de hacer compromisos para obtener la aprobación de una legislación. En cierto punto, relata lo que dijo cuando algunas personas de pequeñas poblaciones de Pennsylvania “se pusieron agresivas y acudieron a las armas, religión o antipatía hacia personas que no son como ellos o del sentimiento anti-inmigrante o anti-comercio como una manera de explicar sus frustraciones”.

Aunque reconoció que “fue presionado” por hacer el comentario, busca culpar en parte a un reportero de The Huffington Post, quien con precisión mencionó sus palabras. “Esto es lo que diferencia hasta a los reporteros más liberales de sus contrapartes conservadores, la voluntad que tienen de fustigar a los políticos de su propio lado”, escribió Obama. “Hubiera deseado corregir las declaraciones y “hacerles unos cuantos cambios”.

Revertir el racismo

Obama tiene un particular desdén hacia los “críticos conservadores” que enmarcaron sus esfuerzos para ayudar a los que están en desventaja en la sociedad en las líneas de ataque partidista. “El problema ya no es la discriminación en contra de las personas de color, el argumento es “revertir el racismo”, en donde las minorías “se están jugando la carta ganadora” para tener una ventaja injusta.  El problema no es el acoso sexual en el lugar de trabajo, ni las sosas “femininazis” que golpean a los hombres en la cabeza con su corrección política”, dijo.

Obama rechaza la retórica “del juego de manos”, al relatar la manera en que la historia del país está llena de políticas abiertamente racistas y que después de la Guerra Civil y la Gran Depresión fueron seguidas como medidas para crear un contrato social que acabara con esa desventaja y creara una sociedad más equitativa, que es el tema que Obama presenta en el título del libro “Una Tierra Prometida”.

Su mensaje en todo el texto es que los constantes ataques personales contra él y su amplia brecha entre dos importantes partidos políticos, están recortando el vínculo de confianza que es necesario para que Washington mejore las vidas de todos los estadounidenses.

Fue la “fallida línea de la raza”, escribió Obama, lo que constantemente amenazó su progreso y el del país.

“El aceptar que los afroamericanos y otros grupos de las minorías puedan necesitar ayuda adicional del Gobierno, que sus penurias específicas puedan ser rastreadas hasta la brutal historia de discriminación en lugar de una característica inmutable u opción individual, requiere un nivel de empatía, de compañerismo que muchos votantes anglosajones encuentran difícil de lograr”, escribió Obama.

Trump; sofocante cinismo

Presagiando los temas que dieron lugar a la elección de Trump, Obama escribe que los republicanos hicieron circular la idea de que un grupo de personas estaba siendo engañado a expensas de los demás, fomentando la política del reclamo y la creencia de que “el Gobierno no puede ser confiable ni justo”.  El resultado fue un “profundo y sofocante cinismo”.

Aunque el libro termina antes de la elección presidencial de Trump en el 2016, Obama menosprecia la falsa afirmación que el magnate inmobiliario de la ciudad de Nueva York había hecho circular anteriormente, de que él no había nacido en Estados Unidos. “Para los millones de estadounidenses que quedaron espantados por tener a un afroamericano en la Casa Blanca, él les prometió un elixir para su ansiedad racial”.

Obama relata la manera en que Trump le sugirió en el 2010 a Axelrod que él podría solucionar la fuga masiva de petróleo de Deepwater Horizon en el Golfo de México y luego le propuso que podía “construir un hermoso salón de eventos” en los terrenos de la Casa Blanca. Ambas ofertas fueron rechazadas.

La ironía de su presidencia, escribe Obama, es que fue usualmente malentendido.  

En la política exterior, fue admirador del expresidente George H. W. Bush, de quien dice hábilmente terminó con la Guerra Fría y diestramente manejó la primera Guerra del Golfo. En la economía, asegura que rechazó las propuestas de algunos integrantes de la izquierda para responder a la Gran Recesión con esfuerzos para nacionalizar los bancos y lo que catalogó como “alargar la definición de los estatutos criminales para procesar a los ejecutivos bancarios”. Le preocupaba que tales medidas pudieran “requerir el violentar el orden social”.

“Alguien con un alma más revolucionaria podría responder que todo eso podría haber valido la pena”, dice Obama, pero que él no estaba dispuesto a tomar ese riesgo, y que “reveló la postura básica de mi carácter político. Yo fui un reformador, conservador en cuanto a temperamento pero no en visión. Si demostré tener sabiduría o debilidad otros lo van a juzgar”.