La política del matrimonio de Beto y Amy O’Rourke

Se le considera el matrimonio más moderno y convencional que contenderá por la presidencia de EU en 2020, según The Washington Post

El Diario de Juárez
martes, 19 marzo 2019 | 13:13

Amy y Beto O’Rourke son al mismo tiempo la familia más moderna y más convencional de las que contienden por la presidencia de Estados Unidos en el 2020. Son pioneros en las redes sociales, transmitiendo gran parte de sus vidas en tiempo real; ricos, blancos y tradicionales. En la contienda del 2018 por el Senado se ganaron los corazones y las mentes de la izquierda, pero ahora Beto no se refiere a sí mismo como progresista. Antes de dejar su carrera por su marido, Amy dirigía una escuela, publicó The Washington Post.

Los críticos están preguntando si Beto se ha beneficiado por tener un suegro acaudalado, y lo describen como “privilegiado”, el tipo de precandidato presidencial cuya esposa se sentaría viéndolo en silencio durante los tres minutos y medio del video de su postulación.

La verdad, a pesar de que Amy respalda por completo la candidatura, ella no hubiera elegido esta vida. Le preocupa cómo afectó la contienda por el Senado a tres sus hijos, sobre todo al mayor, Ulysses, de 12 años.

Los demócratas tienen que decidir lo que representa esta posible familia presidencial: ¿algo viejo o algo nuevo? ¿Una visión del futuro o un reflejo del pasado?

Tras una temporada como músico de punk-rock en Nueva York, Beto regresó a El Paso en 1998 y llegó a parecerse a su padre: político ambicioso, ciclista devoto, padre cariñoso pero de repente distraído.

Amy —nueve años más joven— se convertiría en “copia al carbón” de su madre, un ama de casa. Nació en Chicago y se crió en un rancho de Santa Fe, mudándose a El Paso más o menos al mismo tiempo que volvió Beto.

Amy era competidora nata, jugando a ganar en todo, desde tenis escolar hasta juegos de mesa en familia. Estudió en Williams College soñando con trabajar en educación y criar una familia.

Su tía le presentó a un joven.

Amy y Beto cruzaron la frontera, a Juárez, terminando en un bar llamado Martino’s. Él le propuso matrimonio cuatro meses después de conocerse. Ésa fue la impresión que le dio a Amy —impulsivo y medio fanfarrón: en una de sus primeras citas le dijo que quería ponerle Ulises a su primer hijo (y así le puso, antes de Molly y de Henry).

Luego estaban las bromas: la cucaracha a control remoto en la cocina, los sustos estilo “Psycho” en la regadera.

El matrimonio tenía grandes ambiciones, pero locales. Amy ayudó a iniciar y dirigir una escuela pública independiente en El Paso, mientras que Beto se hizo de reputación en el cabildo.

Los O’Rourke viven en una espaciosa casa paseña estilo hacienda en Sunset Heights que ellos restauraron.  Se dice que en 1915, poco después de la invasión de Columbus, en esa casa se reunió Pancho Villa con oficiales estadounidenses para unas fallidas pláticas de paz.

El temperamento moderado de Amy siempre ha hecho que la vida política le atraiga menos que a su marido con aires de grandeza. Ahora está usando su influencia moderadora para ayudar a que Beto sea más atractivo para los electores. Se apresura a recordarle que sus majaderías casuales pueden molestar a los texanos conservadores. Charlotte, la hermana de Beto, dice que Amy es la que “le pone los pies sobre la Tierra” a él. Cuando Beto sugirió públicamente derribar el muro fronterizo en El Paso, por ejemplo, fue la primera en sugerirse que contuviera su retórica.

Pero Amy nunca le pediría que limitara sus aspiraciones presidenciales. No porque anhelara este estilo de vida sino porque no tuvo ninguna buena respuesta cuando sus amigos le preguntaron lo que había cambiado desde el 2018; si en ese entonces ella pensaba ser importante participar en la lucha, ¿por qué no ahora?

Po lo tanto, Beto y Amy entraron en la contienda por el 2020 como una especie de prueba de Rorschach.

Representan un cambio generacional pero también un retorno a la manera como siempre han sido las cosas. Se suman a un grupo de audaces competidores progresistas, de mujeres, de personas de color.