'Jeffrey Epstein me violó cuando tenía 15 años', dice supuesta víctima

'Estoy enojada porque no tendrá que responderme personalmente en la corte', contó Jennifer Araoz a The New York Times

The New York Times
miércoles, 14 agosto 2019 | 10:44
The New York Times |

La primera vez que entré en la mansión de Jeffrey Epstein en Upper East Side en el otoño del 2001, noté sus cámaras de seguridad. Era difícil pasarlas por alto. Dentro de la puerta principal, tenía pequeños televisores que reproducían las imágenes en tiempo real. Yo era una adolescente de tan solo 14 en ese momento. Pero el mensaje era claro: estaba en la casa de alguien importante y estaba siendo observada.

Todavía recuerdo haberme visto en esas pantallas cuando entré en la casa de la persona que llegué a conocer como un depredador, un pedófilo, mi violador.

Hoy presento una acción civil contra el patrimonio y los cómplices de Jeffrey Epstein, el apego a la Ley de Víctimas Infantiles de Nueva York. Una disposición clave de dicha ley entra en vigor hoy y permite a sobrevivientes revivir denuncias incluso si el plazo de prescripción haya expirado.

Epstein fue encontrado muerto, aparentemente por suicidio, en su celda la semana pasada. Estoy enojada porque no tendrá que responderme personalmente en la corte. Pero mi búsqueda por la  justicia recién comienza.

Durante mi primer año de preparatoria, una de las reclutadoras de Epstein, una extraña, me abordó afuera de mi escuela. Epstein nunca operaba solo. Tenía una red de facilitadores y se rodeaba de personas influyentes. Yo asistía a una escuela de artes escénicas en Upper East Side, y estudiaba teatro musical. Quería ser actriz y cantante.

La reclutadora me habló de un hombre rico que conocía llamado Jeffrey Epstein. Conocerlo sería beneficioso, y él podría presentarme a las personas adecuadas para mi carrera, dijo. Cuando le confié que había perdido a mi padre recientemente y que mi familia vivía con estampillas para alimentos, ella me dijo que él era muy bueno y que quería ayudarnos económicamente.

La trampa estaba puesta

Las visitas durante el primer mes se sintieron positivas, al menos en ese momento. En mi segunda visita, Epstein me regaló una cámara digital. Las visitas duraban entre una y dos horas y pasábamos el tiempo platicando. Después de cada visita, él o su secretaria me entregaban 300 dólares en efectivo, supuestamente para ayudar a mi familia.

Pero aproximadamente después de un mes, comenzó a pedirme que le diera masajes y me indicó que me quitara la parte superior de mi ropa. Dijo que necesitaba ver mi cuerpo si me iba a ayudar a entrar en el modelaje. Me sentí incómoda e intimidada, pero hice lo que dijo. Las agresiones se intensificaron cuando, durante estos masajes, él se volteaba boca arriba y se masturbaba mientras me tocaba inapropiadamente. Durante un poco más de un año, yo iba a la casa de Epstein una o dos veces por semana.

El último día que fui a su casa fue durante el otoño de mi segundo año de preparatoria. Esta vez, cuando le estaba dando el masaje, me dijo que me quitara la ropa interior y me pusiera encima de él. Cuando dije que no, se tornó agresivo, me tomó con fuerza y me violó.

Después de ese día, nunca volví. También dejé la escuela de artes escénicas, en la que había hecho una audición y a la que tanto deseaba asistir. Estaba demasiado cerca de su casa, el lugar donde se cometieron de tantos delitos. Tenía demasiado miedo de verlo a él o a su reclutadora.  Entonces me transferí a otra escuela en Queens cerca de mi casa. Como ya no podía perseguir mi sueño de las artes escénicas, eventualmente perdí el interés y lo abandoné.

Me llevó años contarles a las personas cercanas a mí lo que había sucedido. Me intimidaba su insistencia de que nunca dijera ni una palabra sobre mis visitas a nadie. Y como muchos sobrevivientes, luché con la ansiedad y la vergüenza por lo que había experimentado.

La estructura del poder estaba en mi contra. Su dinero, su influencia y conexiones con personas importantes me hicieron querer esconderme y permanecer en silencio. Esas mismas fuerzas poderosas le permitieron esconderse y evadir la justicia.

Pero eso está por cambiar, a partir de hoy. Quiero que mi historia haga que Epstein rinda cuentas y también sus reclutadoras, los trabajadores en su nómina que sabían lo que estaba haciendo y las personas prominentes a su alrededor que ayudaron a ocultar y perpetuar su red de tráfico sexual. Sus horribles acciones me victimizaron y a muchas chicas como yo.

Durante años me sentí aplastada por el desequilibrio del poder entre Epstein, con sus facilitadores, y yo. Pero la Ley de Víctimas Infantiles finalmente ofrece un contrapeso. En el futuro, las víctimas tendrán hasta los 55 años para presentar un caso civil.

Espero que más estados aprueben leyes similares para que más sobrevivientes que sufrieron abusos, agresiones y violaciones de niños puedan saber cómo se siente recuperar el poder.

Hacerle frente al poder y riqueza que rodeaban a Epstein da miedo, pero ya no me atemoriza. Revivir estas experiencias es difícil, pero he aprendido a ser más fuerte.

Solía sentirme sola, entrando a su mansión con las cámaras apuntando hacia mí, pero ahora tengo el poder de la ley a mi lado. Seré vista. Seré escuchada. Exigiré justicia.