Estados Unidos

Crece indignación en California por falta de vivienda

Niveles récord de personas sin hogar ponen a prueba la tolerancia y la compasión de los habitantes

The New York Times

The New York Times

lunes, 21 octubre 2019 | 11:22

Oakland.- Se les lanzan insultos como “parásitos financieros” y “vagabundos”, sin mencionar las rocas y el gas pimienta. Se han erigido cercas, se han colocado plantas en macetas y otras barreras para mantenerlos alejados de las aceras. Se han organizado patrullas ciudadanas para vigilar las calles y expulsar a los indigentes de los lugares públicos.

California puede enorgullecerse de su compromiso con la tolerancia y los valores liberales, pero en todo el estado, los niveles récord de personas sin hogar han provocado una reacción violenta contra quienes viven en las calles.

Gene Gorelik, un urbanista en Oakland y crítico agresivo de las personas sin hogar, sugirió recientemente hacer una redada las miles de personas indigentes en el área de la Bahía de San Francisco, subirlas en autobuses llenos de alcohol y enviarlos en un viaje de ida a México. “Los campamentos para refugiados en Siria son más limpios que esto”, dijo en una entrevista en un restaurante de comida rápida en Oakland cercano a un campamento para personas sin hogar.

La indigencia es una crisis en expansión que se produce en medio de un aumento vertiginoso de los precios de la vivienda, una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres y la presencia persistente en las calles de los enfermos mentales y drogadictos a pesar de los miles de millones de dólares que se gastan en ayuda destinada a estas personas.

Aunque pocas personas tomarían medidas tan drásticas como las que Gorelik sugiere —quien recientemente apareció en los titulares cuando trató dejar caer una lluvia de billetes de un dólar sobre un campamento de indigentes en Oakland con billetes de un dólar para convencer a los que viven en tiendas de campaña a que se mudaran a otro lugar— los habitantes de California dicen que muchas veces se han visto en la disyuntiva de tener que sopesar sus preocupaciones por el bienestar de los menos afortunados frente a la alteración a su propia calidad de vida.