Así es la vida de Emma Coronel, la esposa de 'El Chapo'

La joven que se casó con el narcotraficante más famoso de México habla sobre su noviazgo, sus hijas y las semanas de testimonios en el juicio de su esposo

The New York Times
miércoles, 30 enero 2019 | 08:30

A lo largo del mes pasado, Emma Coronel Aispuro, la esposa de Joaquín “el Chapo” Guzmán, se convirtió en un personaje protagónico del juicio de su marido.

Un testigo la vinculó a la célebre fuga del penal del Altiplano en 2015. En otra ocasión se reveló que su esposo le había mandado mensajes de texto en los que le pedía que escondiera sus armas antes de una redada de la policía. El día en que testificó una de las amantes del Chapo, Coronel y su esposo usaron sacos de terciopelo rojo, al parecer en señal de solidaridad y como un desaire hacia la testigo, publicó The New York Times.

Los testigos de la fiscalía han descrito la vida sórdida de las mujeres relacionadas con el cártel. Se les suele exigir que encuentren un equilibrio entre el papel de amantes y el de cómplices, pero la mayoría fracasa, en general, porque quieren participar demasiado en alguna de las dos facetas. Con frecuencia terminan tras las rejas o viven escondiéndose.

Sin embargo, Coronel, la mujer más prominente en un juicio protagonizado casi exclusivamente por hombres, ha sido la excepción.

A lo largo de tres meses, los fiscales han llamado a 56 testigos para que describan de manera convincente y exhaustiva a su esposo como un narcotraficante vengativo, un asesino sanguinario y un mujeriego impenitente. Coronel ha asistido a la corte casi todos los días y se ha convertido en una presencia fija, de rostro impasible, siempre sentada en la segunda fila.

Como resultado de los testimonios, es casi seguro que su esposo pase el resto de su vida en la cárcel. Pero Coronel, quien ha disfrutado del botín generado durante los treinta años que Guzmán se dedicó a forjar un imperio del narcotráfico que los fiscales estiman en 14 mil millones de dólares, rechaza la manera en que lo han presentado en la corte.

“Yo no conozco a mi esposo como la persona que tratan de enseñar quienes declaran en su contra”, le dijo Coronel al Times en una de varias entrevistas. “Más bien, lo admiro por ser la persona que conocí y con la que me casé”.

Sin embargo, la mayoría de las personas dudaría de la caracterización que Coronel hace de su marido, uno de los narcotraficantes más famosos de América Latina y quien, según un testigo, era lo suficientemente poderoso como para sobornar al expresidente mexicano Enrique Peña Nieto.

El caso contra Guzmán es sólido: en la última semana un testigo contó cómo el capo enterró vivo a un hombre, después de haber asesinado personalmente a otros dos. Luego de que la fiscalía pasara más de diez semanas presentando su caso, los abogados del Chapo solo necesitaron 30 minutos para formular su defensa el martes.

Siendo su esposa, Coronel no está obligada a testificar en su contra, pero los sucesos recientes en el juicio han hecho que muchos se pregunten cómo es que ella ha evitado ser acusada. Los fiscales se negaron a responder por qué su situación legal no corre peligro y Coronel también declinó hacer comentarios sobre los procedimientos del tribunal. Los testimonios presentados en la corte, de ser ciertos, contribuyen a presentarla como el estereotipo de la “buena esposa”.

Ahora, más que nunca, está ligada a su esposo. “Si escuchas el nombre ‘Emma Coronel’ y sabes de quién se trata, pensarás en el Chapo”, dijo Miguel Ángel Vega, reportero del periódico semanal RíoDoce, de Culiacán.

Coronel, de 29 años, se casó en 2007, cuando todavía era una adolescente, y se convirtió en madre a principios de sus veinte. Ha pasado más de un tercio de su vida en un matrimonio en el que su esposo casi siempre ha estado encarcelado o a la fuga.

El juicio ha hecho que Coronel viva en dos países. Sus gemelas de 7 años estudian en México y se comunica con ellas a través de una aplicación de mensajería.

“He tenido que separarme de mis hijas para acompañarlo porque soy la única persona de su familia que puede estar aquí con él en Nueva York”, dijo Coronel.

Desde la extradición de Guzmán en enero de 2017, sus gemelas, Emali y María Joaquina, solo han visto a su padre en la corte —la mayoría de las veces antes de los testimonios— y durante visitas en prisión vigiladas muy de cerca.

“Siempre fue un papá muy presente, al pendiente de nuestras hijas”, dice sobre su esposo. Describe a las niñas como “la adoración de su padre, y él es la adoración de ellas”.

Las gemelas son las únicas visitas aprobadas de Guzmán, pues no han permitido ni una sola vez que Coronel lo visite, hable con él o lo llame por teléfono.

“No me considero una madre soltera”, dijo Coronel. “Más bien soy una madre que en este momento no tiene el apoyo de su esposo pero que confía en que la familia estará bien”.

Aun así, reconoció: “Obviamente, nuestra vida ha cambiado”.

Coronel conoció a Guzmán en un rancho en Durango, México, cuando tenía 17 años. Guzmán, entonces en sus cuarenta y bien posicionado en la cúspide del Cártel de Sinaloa, había estado escondiéndose de las autoridades casi seis años después de haber escapado de prisión en un carrito de lavandería en 2001.

Aunque él es 32 años mayor que ella, desde el primer día comenzó “una bonita amistad” entre la pareja, le dijo Coronel al Times. Después, “con el paso de los meses, nos hicimos novios”, recordó. “cuando cumplí los 18 años nos casamos en una ceremonia muy sencilla con familia y solo amigos cercanos”. Entonces era el verano de 2007.

Coronel, que rara vez da entrevistas, insiste en que tiene una vida normal. Nacida en California, creció en el estado de Durango, al noroeste de México, que colinda con Sinaloa, donde vivía Guzmán. Ambos estados forman parte del Triángulo Dorado de la producción de marihuana, pero su versión de la historia excluye cualquier mención sobre drogas, aunque los testimonios en el juicio de su esposo han confirmado el viejo rumor de que su padre fue lugarteniente del cártel de Sinaloa.

En cambio, ella solo habla de una “niñez sencilla y muy tranquila dentro de una familia amorosa y unida”, y agrega que creció con dos hermanos y una hermana a los que ama. La mayoría de las historias sobre ella mencionan que ganó un concurso de belleza cuando era adolescente, pero la mayoría de los detalles de su vida privada siguen siendo un misterio.

Vega, que también es uno de los conductores de un podcast de Vice sobre el Chapo, cree que la historia de amor de la pareja es genuina. “Imagínate a una chica de 17 años. Da la casualidad de que gana un concurso de belleza y un hombre poderoso intenta conquistar su corazón”, dijo. “Creo que la sedujo el poder, ese nombre. Tan solo su nombre”.

Ese romance la trajo a la ciudad de Nueva York, donde fue a un partido de los Yankees mientras su esposo está en la cárcel, ha paseado por Central Park y a menudo cena en uno de los restaurantes más populares de sushi en Brooklyn. Es casi imposible saber cuánto le ha afectado lo que ha visto en la corte, si es que le ha afectado, a pesar de los espantosos detalles sobre el comportamiento de su esposo.

Hace poco, Coronel salió del vestíbulo de un hotel en Brooklyn. Afuera la temperatura era de 4 grados Celsius y ella llevaba una chaqueta acolchada con bordes de piel e iba con dos amigas, una abogada y su agente de bienes raíces. Esperaba por un Camry negro que la llevaría a Manhattan donde tendría una sesión de fotos.

La ciudad no es nueva para ella, comentó. En otras ocasiones visitó las atracciones turísticas, como el Empire State. Aun así, explora la urbe “cuando no hace mucho frío”. Cuando le preguntan sobre su vida nocturna en la ciudad, Coronel responde: “Prefiero dormir”. El juicio le ha parecido agotador.

Dentro del auto había habido un regocijo general: por fin era viernes, un día de pausa del juicio para dormir y descansar. Últimamente, Coronel ha sido una figura central del drama que se desarrolla en la corte.

Primero, los fiscales compartieron unos mensajes de texto de la pareja de 2012, en los que se dijo que se había preparado para una posible redada en la casa donde se estaba quedando ese febrero.

“¿No hay ninguna arma, amor? ¿No tiene alguna pistola?”, le preguntó Guzmán en uno de los mensajes.

“Tengo una suya, la que me dio”, respondió.

El capo le pidió que la escondiera en un clavo (un compartimento oculto) en la casa.

Después, la semana pasada, Dámaso López Núñez, de 52 años, un exdirector de prisión convertido en alto miembro del cártel, testificó que Coronel ayudó a planear el escape de prisión de su esposo en 2015.

Según López, a lo largo de cuatro meses a inicios de 2015, Coronel se reunió con él y los hijos de Guzmán para impartir las instrucciones que el capo mandaba desde la cárcel: comprar un terreno y una bodega cerca de la prisión; asegurar armas, una camioneta “pickup” y un reloj GPS para señalar las coordenadas exactas de su celda, y cavar un túnel de la prisión a la bodega.

En julio de 2015, Guzmán escapó por un hoyo cavado bajo la ducha de su celda, se subió a una motocicleta y recorrió el túnel de casi un kilómetro de largo. Uno de los hermanos de Coronel lo estaba esperando en la bodega con una cuatrimoto y luego condujeron hasta una pista de aterrizaje en San Juan. De ahí, Guzmán voló a su escondite en las montañas de Sinaloa.

Coronel no quiso hacer comentarios sobre las declaraciones de López que la vinculan al escape de su marido. A lo largo de todos estos testimonios, Coronel no se ha mostrado muy expresiva. Rara vez lo hace. No lo hizo el día en que una de las amantes de Guzmán lloró en el banquillo.

Solo perdió la compostura el día en que llevó a sus hijas a la corte en diciembre. Ese día, la fiscalía mostró un carrito lleno de fusiles AK-47 y un lanzagranadas. Cuando vio las armas, Coronel salió de prisa de la corte, escoltando a sus hijas hasta un pasillo lleno de agentes.

Sin destacar algún incidente, Coronel ha dicho que no le gusta lo que sucede en la corte. Ha sido “demasiado”, dijo un día. “Odio el drama”.

Un día después de la sesión en la corte, Guzmán volteó a ver a los asistentes. Su esposa sonrió, inclinada del otro lado de la banca. Fijaron sus miradas pero no podían hablarse y después un montón de agentes lo sacaron de la sala. Ella mostró un semblante solemne.

“Esta situación por la que estamos atravesando ahorita es difícil y pesada”, dijo en una de sus entrevistas. “Sin embargo, tengo fe y estoy convencida de que Dios solo nos pone obstáculos que podemos superar y confío que así será”.