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Estado

'¡Por piedad, ayúdeme!'

Felícitas logró brincar la barda divisoria entre el público y el mandatario; su hijo padece cardiopatía congénita ventricular, cardiomegalia e hipertensión pulmonar

Staff
El Diario de Chihuahua
miércoles, 06 marzo 2019 | 16:16

Chihuahua.- Felícitas González estaba enfrente del presidente Andrés Manuel López Obrador, divididos sólo por una banda de metal. Ocurrió durante su visita a Chihuahua, mientras daba su discurso. Ella sostenía una lona con un mensaje escrito: “Por piedad, ayúdeme”.


Trata de encontrar ayuda para su hijo José Luis, de 24 años. El joven padece cardiopatía congénita ventricular, cardiomegalia e hipertensión pulmonar. Todas estas enfermedades se fueron desencadenando desde su nacimiento, pero los últimos cuatro años del joven han sido los más graves.


Felícitas logró brincar la barda divisoria entre el público y el mandatario, cuando llegó frente a él, clamó por auxilio: necesitaba ser atendida en uno de los mejores hospitales de América Latina, el Siglo XXI, del Instituto Mexicano del Seguro Social, ubicado en la Ciudad de México. Lo necesario: un trasplante de corazón y pulmón para que José Luis sobreviviera.


Andrés Manuel, cuenta la madre, aceptó ayudarla y delegó el encargo de “orden presidencial” a Juan Carlos Loera, delegado del gobierno federal en el estado de Chihuahua. El compromiso estaba hecho.


La representación del gobierno federal en turno solicitó a la familia que acudiera a las oficinas de Loera para “ver qué se podría hacer”. Sin embargo, el funcionario no se presentó a las oficinas y los empleados le sugirieron a la madre que regresara este miércoles.


Mañana por la noche, por órdenes del seguro social, madre e hijo José viajarán a Torreón para hacerle un cateterismo derecho. “No queremos que lo hagan, es muy delicado para su salud”, afirma la madre en su domicilio. La mujer sostiene una carpeta tosca llena de papeles, de recetas, de diagnósticos sobre su hijo.


Felícitas cuenta que todo se complicó hace cuatro años. “Cuando le decíamos al cardiólogo del IMSS Morelos los síntomas que presentaba mi hijo por sus enfermedades, lo único que él respondía es que era normal. Todo era normal”, Felícitas dice. Ella enfatiza que no es doctora, pero que sí es madre y sabía que algo andaba mal.


Los cuatro años pasaron y las sospechas de fueron ciertas: no era normal lo que ocurría José Luis durante tantos días. Poco a poco tuvo que abandonar el trabajo y comenzó a perder peso, mientras su vientre cada vez se hinchaba más y más.


“No puede hacer ejercicio, no puede alzar cosas pesadas, ni tener una vida normal”, dice la madre en llanto mientras su nieta la abraza y la consuela. “A todos nos ha cambiado la vida”, enfatiza.


Seguir con el tratamiento para las enfermedades de su hijo es caro. La familia ha organizado kermeses y boteos para recolectar fondos para costearse los medicamentos. El rostro del joven cambia año tras años a través de las fotografías que su madre pegó en los botes de plástico. El tiempo avanza, deteriorando sus gestos y su salud. ella llora de impotencia, del arrepentimiento por haber obedecido al médico que aseguró durante cuatro largos años que todo era normal.


“Llegaré hasta donde sea necesario, porque vivimos con la incertidumbre día con día. Hoy él está, pero quién sabe mañana”, vuelve a llorar, “su enfermedad es muy engañosa”.


Suficiente tiempo ha transcurrido desde que la salud de José Luis comenzó a deteriorarse de forma callada, cuando fueron a una consulta a una clínica particular, el doctor, extrañado les preguntó: “¿por qué hasta ahora?”.


“ ‘Por qué hasta ahora’, me dijo. Cuando se trata de médicos del IMSS ni siquiera hablan, te dicen que lo que sucede es normal”, insiste la afectada. “Apenas hablan, ni siquiera les conoces la voz. ¿Se imagina cuántas personas se quedaron en el camino por diagnósticos falsos como esos?”.


La vida de José Luis está a contrarreloj. Otros médicos les dijeron que existe la opción de viajar a Monterrey para un trasplante de corazón, pero eso significaría que la familia termine por mudarse a esa ciudad. “Son cinco años. ¿Creen que mi hijo pueda soportar otros cinco años así?”, pregunta.


La orden presidencial de AMLO hacia su delegado en Chihuahua para atender al paciente en el hospital Siglo XXI es un augurio que le devolvió la esperanza.


“Espero en Dios que se cumpla el apoyo que le encomendó el presidente a Loera”, dice la entrevistada, antes de que su hijo llegara a la casa, acompañado de su esposa