Estado

Morir para vivir

‘Matan’ la médula ósea de pacientes para reiniciar la producción de células sanas

Salud Ochoa
El Diario

domingo, 03 octubre 2021 | 06:00

Francisco López Matán / El Diario | Pacientes son conectados a una máquina para extraer de su sangre las células madre

Chihuahua– Las personas que padecen enfermedades como la leucemia, linfoma o mieloma múltiple se enfrentan a la opción de “morir” un poco para tener una posibilidad de vida. 

Esto ocurre cuando la médula ósea del paciente es prácticamente destruida a través de la quimioterapia para luego poder reinsertar en ella células sanas de un donador externo, o bien desde el mismo paciente, a partir de las cuales se generará nuevo tejido. 

En Chihuahua, médicos especialistas en hematología realizan este procedimiento como una variante de tratamiento para quien así lo requiere y que además tiene la posibilidad física y económica de hacerlo. 

Carlos Chávez Trillo, hematólogo con especialidad en trasplante de células hematopoyéticas, explica que dicho tratamiento está indicado en aquellos pacientes en los que se logra cierto control de la enfermedad, que se consolida mediante el trasplante.

“El tratamiento es una combinación de diferentes tipos de medicamentos. En el paciente con mieloma múltiple existe una recomendación y es que, en la primera remisión, cuando alcanzamos el control de la enfermedad, reciba una consolidación con un trasplante de médula ósea que puede ser autólogo o alogénico”.

La forma en que estos trasplantes se realizan ha evolucionado. “Antes se hacía una punción en la cadera, se tomaba médula de allí para luego realizar el trasplante de esas células. Ahora es más sencillo, podemos sacar las células madre que circulan por la sangre a través de máquinas de aféresis. Estos aparatos nos permiten separar las células madre específicamente y el resto de la sangre regresa al donante. Ya no tenemos que hacer las punciones”, explica.

‘Un aparato común’

De acuerdo con Chávez Trillo, la máquina de aféresis es un aparato común que se utiliza de manera habitual para el recambio plasmático o para la recolección de plaquetas que requieren pacientes con enfermedades hematológicas u otros tipos de cáncer. Sin embargo, es hasta hace poco que se ha echado mano de ella para la extracción de células madre.

“La máquina no es particularmente difícil de conseguir, lo que cambia es el equipo que se le coloca para recolectar células madre. Es diferente al que se usa para recolectar plaquetas. Se instala el equipo, se hace la recolección y se desecha. Hablamos de que es un cartucho o contenedor especial para ello. Por eso también se requiere que el personal esté familiarizado con el procedimiento. No es igual que extraer plaquetas, sin embargo, un químico que domina el proceso de recolección plaquetaria con un mínimo de capacitación puede hacer lo propio con las células madre”, asegura.

El especialista destaca la existencia de dos tipos de trasplantes para estos casos de enfermedades: el autólogo y el alogénico. El primero hace referencia a que es el propio paciente quien aportará el tejido a trasplantar, mientras que en el segundo, dicho tejido será tomado de otra persona.

“Hay enfermedades como el linfoma o mieloma en los que el paciente tendrá buena respuesta a la quimioterapia, normalmente la médula tendrá células sanas que se podrán usar para un autotrasplante. Pero existen otras enfermedades, como algunos tipos de leucemia, que aun con la quimioterapia podemos esperar que la enfermedad regrese. En este caso lo que buscamos es eliminar esa médula ósea enferma y reponerla con las células de un donante sano. Aquí sí es un trasplante en el sentido estricto porque se toma la médula ósea de alguien más para aplicarla a otro paciente. En el mieloma múltiple es sencillo de realizar porque sólo usamos un medicamento como quimioterapia, mientras que en las leucemias o linfomas usamos varios medicamentos por la naturaleza de la enfermedad”.

El entrevistado explica que la diferencia entre la cantidad y tipo de quimioterapia aplicada a los pacientes va en relación con el tipo de enfermedad, así como el trasplante que se quiera hacer.

“Cuando tenemos un paciente con una leucemia y queremos hacer un trasplante alogénico damos una dosis de quimioterapia muy fuerte, porque lo que queremos es matar la médula ósea enferma y posteriormente trasplantar las células sanas de alguien más. En el caso del mieloma múltiple, lo que hacemos es dar la quimioterapia para controlar el mieloma y cuando tenemos evidencia clínica de que ya está controlado, en ese momento recolectamos las células madre del mismo paciente. Después se vuelve a dar otra quimioterapia al paciente para eliminar cualquier célula enferma que quede. Esta quimioterapia es muy fuerte y no sólo matará las células enfermas, sino también las sanas. Por tanto, como voy a matar a la médula ósea el paciente quedará con plaquetas y defensas bajas. Por ese motivo es que se toman las células madre antes de la bomba de quimioterapia”.

De esta forma, en un paciente con mieloma, el proceso incluiría los siguientes pasos: la aplicación de una quimioterapia “normal” de 4 a 6 meses, luego la extracción de las células madre del paciente, una nueva quimioterapia pero muy fuerte y posteriormente la trasfusión de las células madre que se extrajeron al paciente.

Tratamientos exitosos

“Terminada la segunda etapa de la quimioterapia, por medio de un catéter especial se hace la trasfusión y las células buscan su hogar que es la médula ósea. Allí encuentran pocas células, se vuelven a anidar y recuperar la hematopoyesis. Empiezan a producir sangre, plaquetas y glóbulos blancos. Inicia desde cero todo el proceso. Lo complicado es que cuando se da la quimio fuerte dejamos al paciente con anemia, con células bajas, con bajas defensas, por eso es necesario aislarlo, porque está en condiciones de mucha vulnerabilidad, propenso a infecciones graves que de manera normal no pasaría nada”, dice.

El éxito del tratamiento dependerá también del tipo de enfermedad, de la etapa en la que llegue el paciente y del acceso a la salud que este tenga.

“Por ejemplo, en la anemia aplásica un paciente que se somete al trasplante, que en estos casos es alogénico, tiene un 90 por ciento de posibilidades de estar vivo a los 5 años después del trasplante. En uno con leucemia linfoblástica esa posibilidad es del 70-80 por ciento. La naturaleza de la enfermedad es lo que cambia las posibilidades. En el caso de una anemia aplásica es muy complicado que regrese después de un trasplante, mientras que una leucemia, si bien se reducen las posibilidades, sí puede regresar. También depende la etapa en la que se haga el trasplante; a veces los pacientes llegan en etapas muy avanzadas de la enfermedad y el beneficio real que podemos ofrecer con el trasplante es mucho menor. Es una situación de acceso a la salud y del momento en que se ofrezca al paciente esta opción”.

En el caso del mieloma múltiple, Chávez Trillo explica que es una enfermedad crónica recurrente en la gran mayoría de los pacientes. Sin embargo, el trasplante de células madre ayuda a que el padecimiento tarde más tiempo en volver.

“Al ser una enfermedad crónica es muy difícil hablar de curación. La gran mayoría de los pacientes van a tener recurrencias de la enfermedad aun con el trasplante. Lo que éste nos ofrece es que aun con la recurrencia de la enfermedad, tardará mucho más tiempo en volver. No es una opción que podamos garantizar al paciente que se va a curar, sí hay casos de curación pero son muy escasos. Para hablar de curación del mieloma tenemos que hablar de que pasen más de 10 a 15 años sin que la enfermedad regrese. Es muy complicado”.

El médico señala que hablar de un segundo trasplante depende de diversos factores que van desde la edad hasta la condición de los órganos del enfermo.

“El trasplante se puede considerar en una segunda ocasión, pero dependerá del tiempo que haya pasado entre el trasplante y la recurrencia. El problema que a veces tenemos es la edad y el estado funcional del paciente. No todos son candidatos a trasplante por diferentes situaciones como la edad (tiene que ser menor de 70). Requiere muchos cuidados durante el proceso, por lo que debe ser autosuficiente o requerir un mínimo de ayuda, deben ser pacientes en buen estado funcional, no tener daño a órgano grave. A veces tenemos la insuficiencia renal y en ocasiones representa un reto someter a esos pacientes a un trasplante. No es imposible, no es inviable pero tiene que valorarse muy bien”.

En cuanto al tratamiento posterior al trasplante, el galeno indica que dependerá de la respuesta del paciente.

“No necesariamente es permanente o de por vida. Se puede lograr la remisión completa estricta, remisión completa, respuesta parcial muy buena o respuesta parcial. Hay pacientes que tienen respuesta parcial que los estudios dicen que sigue habiendo actividad de la enfermedad pero no tienen daño a órgano blanco; no tienen problemas de anemia, ni en el riñón o hueso. Igual hay pacientes que al terminar el tratamiento damos terapia de mantenimiento por dos años y si continúa manteniendo una respuesta adecuada lo suspendemos. Hay quien puede durar varios años sin terapia de mantenimiento antes de requerir apoyo medicamentoso de nuevo”, asegura.

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