PUBLICIDAD

Estado

Entrevista exclusiva

Esperaban detener a Duarte en funeral de Hermosillo

El accidente en el que murió mi marido fue el inicio de un proceso doloroso y difícil: Mayra Julieta Urbina

Salud Ochoa
El Diario de Chihuahua

miércoles, 09 marzo 2022 | 11:42

Francisco López / El Diario de Chihuahua | La viuda del exlegislador Francisco López / El Diario de Chihuahua | Narró la pesadilla que ha tenido que vivir desde la muerte de su esposo Francisco López / El Diario de Chihuahua Francisco López / El Diario de Chihuahua

PUBLICIDAD

» Segunda de dos partes

Chihuahua— El 20 de marzo de 2017 Mayra Julieta Urbina Arzola, sus cuatro hijos y su marido, Carlos Hermosillo, viajaban por la vía corta de Parral a Chihuahua. Repentinamente un fierro proveniente de un tráiler que viajaba en sentido contrario se desprendió para luego impactarse contra el vidrio del automóvil de Mayra y golpear al entonces diputado federal.

Ese fue, dice, el primero de una serie de eventos en cadena que trastocarían su vida hasta llegar a los días aciagos en la cárcel, donde asegura que Hermosillo estuvo con ella en sueños y le mostró un pasaje bíblico escrito sobre la espalda.

En el accidente, el impacto fue tal que el legislador quedó inconsciente de manera instantánea, aunque seguía vivo. La camioneta se salió del camino y finalmente se detuvo sola. Ella y sus hijos salieron ilesos.

“Íbamos los seis de Parral a Chihuahua y en un tramo de recta, cuando vimos que a un camión que circulaba de Chihuahua a Parral se le desprendió un fierro, después supe que era parte de un rin. El fierro empezó a volar, iba cayendo, Carlos me dijo ‘Mayra, agárrate porque no sé qué va a pasar’. Fue cuestión de segundos. Pensé que el fierro iba a volar, pero se metió por el vidrio y le pegó a él en la cabeza; nos salimos de la carretera, empecé a gritarle que frenara, pero él ya estaba inconsciente. La camioneta se paró sola. Gracias a Dios se detuvo gente a ayudarnos, el mismo chofer del camión, una familia que iba atrás del camión y unos jóvenes que iban detrás de nosotros se detuvieron también”, relata.

Mayra solicitó entonces el apoyo de un helicóptero para trasladar a su marido a un hospital lo más pronto posible, pero le fue negado. La ambulancia tardó más de una hora en llegar al punto del siniestro, lo que redundó en dos horas y media para tener acceso a la atención médica.

“Estaba inconsciente, pero vivo; quizá si hubiera llegado antes a un hospital las cosas habrían sido diferentes. Corral dijo que, si era para Carlos, entonces no. Tardamos dos horas y media en llegar al hospital. Fue un accidente muy trágico, muy desesperante y de mucha impotencia porque pedimos un helicóptero para poderlo trasladar y nos dijeron que no. Era un ser humano. Allí no cabe el ser enemigo, eres un ser humano, por qué negarle el servicio. Nos lo negaron de plano y dijeron que si era para él no había nada”, recuerda.

Continúa: “La familia que nos ayudó resguardó a mis hijos para que no estuvieran viendo lo que ocurría, estuvimos allí desesperados porque la ambulancia no llegaba y con la angustia de ver la situación tan mal. Finalmente, después de dos horas y media llegamos al hospital. No sé si Carlos se habría salvado o no, pero una atención más rápida sí habría podido tener”.

A partir de ese momento, narra, comenzó el hostigamiento hacia ella y su familia, mismo que llegó al grado de cortar el servicio de Internet en todo Parral para que nadie avisara a César Duarte sobre la presencia de la Policía en el funeral de Hermosillo, donde esperaban detenerlo.

“En el hospital, la funeraria, la iglesia, en el PRI donde le hicieron un homenaje, en el crematorio hubo un operativo del Estado, porque querían detener en ese momento a César Duarte, sin tener corazón, invadiendo la privacidad y el dolor de las personas. El ministerio público estaba entre los asistentes, yo empecé a notar gente rara y me pregunté ¿y éstos quiénes son? Incluso ese día suspendieron la señal de Internet en todo Parral para que nadie le pudiera avisar a Duarte. Era tal la visceralidad y el odio de Corral que se aprovechó de una situación vulnerable y dolorosa para sus fines”, afirma.

Un día después de su regreso a la capital, tras el funeral de su marido, un grupo de 20 elementos policiacos llegó a su casa para llevar a cabo un cateo mientras dos encapuchados vigilaban con armas largas a su madre adulta mayor enferma y a su hija menor de edad.

“Todavía no nos caía el veinte de lo que ocurría, no podía aún asimilar la muerte de mi esposo y ni siquiera nos permitieron tener un duelo. El cateo fue el 28 de marzo, habíamos llegado el 27 a la casa. Ellos llegaron diciendo que tenían una orden de cateo, mi mamá antes de permitirles entrar le habló al abogado; venían más de 20 ministeriales con sus camionetas. Estuvieron aquí desde la una de la tarde hasta las 7 de la mañana del día siguiente. Mi madre y mi hija estaban aquí, dos encapuchados con armas largas vigilando a mi mamá, la tenían sentada en este mismo sillón donde estoy ahora”, cuenta.

Según el relato de Mayra, tras el cateo la casa fue asegurada y se les informó que la entregarían dos días después. En ese momento, fueron sacados de la vivienda sólo con la ropa que traían puesta y la urna donde yacen las cenizas de Carlos Hermosillo y que, aparentemente también querían revisar.

“Las sacaron sin nada, sólo con lo que traíamos puesto. Yo estaba recogiendo a mis hijos en la escuela y nos quedamos en la calle. Mi hija lo primero que agarró fue la urna con las cenizas y aun sabiendo lo que era cuestionaban el hecho. Después de eso siguieron entrando a la casa, era una mentira para que yo me presentara ante el Ministerio Público y pienso que para detenerme. Le di un poder a mi mamá para que hiciera los trámites y empezaron a violar todos los derechos, no aceptaban ese documento, tampoco las resoluciones de los jueces, se negaban a entregar la casa”, asegura.

“Duraron más de 12 horas en la revisión y todavía entraron cuatro veces más sin que hubiera presencia de nadie de nosotros. Fue muy angustiante, desesperante, sentía impotencia, terror porque no sabía lo que estaba pasando y porque no sabía qué decir a mis hijos. A un niño de 5, una niña de 10, de 12 y de 14 cómo les explicas que nos quedamos sin su padre y sin casa, sin ropa, sin sus útiles escolares, cómo les dices o les haces entender, si ni yo misma sabía”.

La acusación de la que era objeto, dice, la conoció el día que la detuvieron, momento también en que fueron entregadas las carpetas de investigación donde se encontraba una declaración de la directora del DIF estatal.

“Desde el día del cateo los abogados preguntaron en muchas ocasiones si había una carpeta de investigación y de qué se me acusaba y nunca dieron respuesta. Me enteré el día de la audiencia, cuando entregaron las carpetas de investigación mis abogados estaban tratando de revisar para poder hacer una defensa acorde a lo que se necesitaba. Solicitaron que llevara el proceso en libertad, cosa que me negaron argumentando que no tenía arraigo. En la audiencia presentaron la declaración de la directora del DIF que hablaba en mi contra. Los abogados pidieron que se presentara a la siguiente audiencia para cuestionarla y convenientemente presentó una incapacidad médica”, dice.

Prosigue: “Yo trabajé en la casa cuna, pero allí no se manejan recursos económicos, sólo niños. Si se necesitaban alimentos se hacían solicitudes y se enviaban a las oficinas centrales del DIF, pero nosotros no sabíamos a quién le compraban ni nada. Yo me encargaba de distribuir el material de limpieza, útiles escolares para los niños, ropa de vestir y de cama, que tuvieran lo necesario para estar bien”.

El lapso del 20 de marzo de 2017 al 6 de octubre de 2019, si bien lo vivió en libertad, no fue sencillo, porque al mismo tiempo de pelear para que le regresaran la casa tenía que atender a sus hijos, quienes, tras quedarse sin nada, recibieron el apoyo de padres de familia de la escuela a la que asistían para que no perdieran el ciclo escolar que estaba por concluir.

“Ese tiempo fue de estar peleando que me entregaran la casa, que no querían. Después de batallar mucho y que el juez diera la orden, como no vine yo, sino mi mamá con el poder que tenía, buscaron algo con qué negar la entrega y dijeron que el nombre de la calle tenía una letra incorrecta y por tanto no tenía validez. Mis hijos siguieron yendo a la escuela, los mismos padres del colegio nos mandaron útiles y uniformes para que no tuviéramos que comprar porque era ya casi el final del ciclo. Fueron momentos muy complicados porque no sabíamos qué estaba pasando. Fue difícil quedarme sola, asumir toda la responsabilidad de mis cuatro hijos y enfrentar a un loco esquizofrénico persiguiéndonos”, lamenta.

Durante el proceso vivido, rememora, hubo muchos momentos difíciles, pero la detención y la estancia en la celda de castigo los recuerda como de los más complicados. En reclusión, alguna vez soñó con su difunto marido, quien le habría dicho que estaba bien y la invitó a irse con él. Además, asegura que le mostró un pasaje bíblico escrito en la espalda.

“Fueron varios, pero la detención, la impotencia de cuando mi madre estaba muy enferma y mis hijos la estaban pasando muy mal… cuando estuve en la celda de castigo también fue un momento muy difícil. Sentía mucho coraje porque decía ‘no merezco estar en esta celda, porque sólo estaba defendiéndome, no tuve mal comportamiento ni busqué un problema como para llegar allí’. Sólo era hacer valer mis derechos y por tratar de defenderme me castigaban. Sí lloré mucho, sí le pregunté a Dios por qué me estaba pasando todo eso. Leí mucho la Biblia, me acerqué mucho a Dios, fueron momentos muy difíciles donde Dios me puso a prueba y la superé. Sí soñé alguna vez con Carlos y me invitó a irme con él, pero le dije que no porque aquí están mis hijos”, relata.

En 2021, tras casi un año y medio privada de la libertad, un magistrado ordenó el cambio de medida cautelar y Mayra Julieta pudo volver con su familia y con los, muy pocos, amigos que le quedaron.

“Un magistrado ordenó el cambio de medida cautelar, la juez me da la segunda más pesada que es el arraigo domiciliario con vigilancia. Casi cumplo un año así. Ha sido muy bonito volver a mi casa, aunque difícil volverme a adaptar. No cambio por nada estar con mis hijos. Hemos solicitado que se me cambie la medida cautelar para firmas, pero me la negaron. No puedo apoyar en nada, ni siquiera en algo tan simple como llevarlos a la escuela porque mi mamá no siempre puede, ella hace el mejor esfuerzo, pero a veces no puede y quisiera ayudarla para que no batalle tanto, o salir a trabajar porque tengo que sostenerlos, porque soy el sustento. Económicamente dependemos de mi mamá y no es justo, necesito salir a trabajar y mantener a mis hijos”, dice.

Luego de los hechos que la llevaron de su casa a la cárcel y viceversa, Mayra cuenta que los amigos que antes tenía se esfumaron y ahora le sobran los dedos de una mano para contar a quienes permanecieron. Además, hubo quien le llamó para pedirle que retirara fotos de redes sociales que pudieran establecer algún nexo con ella.

“Sí fui señalada por muchas amistades que yo pensaba que tenía. Fue un proceso que afectó a mis hijos, madre, familiares y amigos cercanos. Hubo personas que dejaron de contestar llamadas y mensajes en cuanto empezó el proceso, hubo quienes me decían ‘quítame de tus redes sociales, no quiero ver fotografías donde tú y yo salgamos’. Lo entendí. Ahora cuento con los dedos de una mano los amigos que se quedaron y me sobran dedos. Eran los que se tenían que quedar y quiero aprovechar para agradecerles a ellos porque siempre nos ayudaron con palabras de aliento, apoyo y oraciones. Fueron a visitarme al inicio, después no pudieron volver a entrar, pero a través de mis hijos me mandaban mensajes”. (Salud Ochoa / El Diario)

sochoa@diarioch.com.mx

PUBLICIDAD

ENLACES PATROCINADOS

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

close
search