Estado

Ejido Carrizalillo, ‘Aquí huele a muerte’

La zona se ha convertido en cementerio clandestino del crimen organizado

César Lozano
El Diario

domingo, 24 enero 2021 | 06:00

Chihuahua— El reporte de un cuerpo semienterrado en el Ejido Carrizalillo el pasado 10 de enero, no sorprendió a nadie. La nota policiaca en ese sector rural ubicado a 3 kilómetros de la mancha urbana, es común. Más de lo que se quisiera.

Ese día se reportó un cadáver, pero al llegar la escena era otra: una pareja de hombre y mujer cuyos cuerpos habían sido desenterrados y carcomidos por los animales salvajes del semidesierto chihuahuense. 

Los policías municipales y ministeriales que llegaron al acordonamiento de la zona no tenían claro si se trataba de un cuerpo femenino o masculino, y esperaban a los peritos que al final realizaron el doble hallazgo.

Mientras esto ocurría, una pareja de alrededor de 50 años de edad y una adolescente llegaron al lugar a bordo de una camioneta de reciente modelo. Parecían visitantes atípicos de escenas criminalísticas que resultaron ser los padres de un desaparecido. 

“Ya va a cumplir siete meses (desaparecido). En la investigación traen que por aquí lo habían dejado, pero nos decían que estaba enterrado”, dijo la madre con tono firme que contrastaba con su mirada triste y, luego el padre, quien sereno, mantenía remojados sus ojos con lágrimas que no pasaban de los párpados, comentó que han buscado el cuerpo de su hijo con perros y drones, con ayuda de la Fiscalía, pero no ha sido suficiente para encontrarlo.

“¿Cómo se llamaba el muchacho?”, pregunté, y la señora me respondió firme y corrigió en tiempo presente: “Se llama Jesús Eduardo Gutiérrez López, tiene 22 años, y no pierdo la esperanza en encontrarlo vivo”. 

La adolescente guardaba silencio y contemplaba la escena, mientras los padres comentaban que se encontraban en contacto con el comandante que lleva el caso y que de manera constante ellos acudían a la zona para realizar la búsqueda con sus propios medios, además de estar pendientes de noticias para acudir cada vez que encuentran un cuerpo de hombre, en ese panteón clandestino nutrido de matorrales, más allá del panteón municipal de Carrizalillo.

Peligro latente

En esta zona, en 2020 fueron reportados por lo menos 15 hallazgos de cuerpos, sin embargo, de acuerdo con un recuento periodístico, se tiene el conocimiento de por lo menos 20 casos; el departamento de Comunicación Social de la Fiscalía General del Estado, justificó la imposibilidad de realizar búsquedas específicas. 

Pero los muertos son muchos más en Carrizalillo, de acuerdo con la activista Norma Ledezma, de la asociación civil Justicia Para Nuestras Hijas, dedicada desde hace 19 años a la búsqueda de personas desaparecidas y que en la actualidad se enfoca en la tarea de dar seguimiento a 3 mil 400 carpetas de investigación, muchas de ellas con dos o varias víctimas. 

“Si entramos de noche, vemos el peligro latente y ¡huele a muerte! Sabemos que hay halcones, ranchitos cerca, que está dentro de la misma cobertura del municipio, sin embargo, no vemos mucha seguridad, no hay rondines y finalmente es parte del desierto”, explicó Ledezma.

Depósito de cuerpos

Ledezma, menciona una serie de factores que influyen a que la zona se convierta en depósito de cuerpos, entre ellas la cercanía con el municipio de Aquiles Serdán, la falta de vigilancia policiaca y destaca que en la mayoría de los casos los hechos ocurren en otro lugar y ahí es donde terminan los restos. Menciona que en colonias cercanas como Valle Dorado y en general el entorno, abundan las casas de seguridad y escondites de células criminales. 

“Quien deposita los cuerpos ahí, tiene tiempo de hacer los hoyos para sepultarlos, de degollarlos e irlos a esconder, de echarles tierra por encima, de incinerarlos… estamos hablando de un grupo delictivo de personas, de asesinos que se están dedicando a realizar esta actividad ilícita, que conocen el terreno, el escenario; que saben que cuando hacen o se amparan para realizar este tipo de actividades, se amparan bajo la sombra de la impunidad, conociendo ese espacio sin ley”, explicó.

La activista resalta que en el lugar urgen estudios antropológicos y una investigación sectorial, porque la zona comienza a convertirse en un nuevo Campo Algodonero, en un nuevo Valle de Juárez y en una potente variante del tiro de mina en Santo Domingo, Aquiles Serdán.

“Quiere decir que los grupos delictivos tienen delimitado su espacio, delimitado por protección, por donde pueden desplazarse libremente, e ir a hacer ese depósito de cuerpos bajo esa sombra de la impunidad y de la protección de un grupo del crimen organizado, muy bien organizado”.

La activista advierte que también se presenta el constante fenómeno de personas privadas de la libertad, cuyos cuerpos viajan en cajuelas desde sectores del norte de la ciudad, hasta Carrizalillo y los tiros de mina de Santo Domingo, por lo tanto, urge un profundo estudio de antropología social para definir el perfil de las víctimas, de los victimarios, y determinar por qué escogen estos lugares y quiénes son las personas que escogen desaparecer “como basura” a personas que tienen una familia que los está esperando.

A criterio de Ledezma, tampoco el Estado (mexicano y chihuahuense) ha sido consciente de la tarea que representa la búsqueda de personas, porque las instituciones demuestran poco interés en la tarea, es muy poco el personal que asignan y por ello se pierden los rastros de las personas desaparecidas. 

Indicó que en las zonas de panteones clandestinos se debería realizar una búsqueda minuciosa, metro por metro, para encontrar más cuerpos. 

“¿Qué ha pasado? ¿En dónde están? No estamos hablando de personas que llevan dos meses desaparecidas o un año, son personas con reportes de desaparición de hace más de 10 años”, manifestó. 

“Crece el problema, pero no así la atención. Cuando una persona desaparece, se fractura toda una familia desde al área emocional, espiritual, económica, laboral, hay una fractura en las familias y por ende en la sociedad”, recalcó. 

Vacío profesional y de certeza jurídica

Para el arqueólogo forense, Alberto Peña Rodríguez, egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y con experiencia de 13 años en labores forenses dentro del estado, en Chihuahua existe un vacío de certeza jurídica, material y de estrategia en los trabajos que se deben realizar para la exploración de terrenos como Carrizalillo, zonas que sirven como depósitos de cuerpos para quienes practican actividades criminales.

Peña Rodríguez ha participado en múltiples investigaciones de campo y laboratorio para dar identidad a víctimas de otras “zonas depósitos” como Rancho Dolores, Arroyo del Navajo, entre otras que tienen características similares al Valle de Juárez y Campo Algodonero. 

Destacó que Chihuahua alguna vez estuvo a la vanguardia en investigaciones forenses, pero a través de las últimas dos administraciones estatales ha ido en rezago. De acuerdo con su criterio, la Ciudad de México y el Estado de México en la actualidad van a la vanguardia, mientras que estados como Sonora recién contrataron a su primer arqueólogo forense. En general, dijo, México “está en pañales”. 

Coincidió con Norma Ledezma en cuanto a que la Fiscalía General del Estado debería contar con un equipo interdisciplinario de arqueólogos y antropólogos forenses que se apeguen a procedimientos científicos para realizar hallazgos y darles una identidad, con el fin de que puedan descansar las familias que buscan a sus desaparecidos. 

La identificación de patrones específicos permitiría a la Fiscalía realizar mejores investigaciones y, zonas como Carrizalillo se podrían explorar con el radar de penetración, sofisticado dispositivo que emite ondas y mediante el cual se pueden detectar restos humanos en el subsuelo, sin embargo duda que los perfiles encargados de operarlo, puedan aprovechar toda la información que pudiera arrojar.