Estado

Chihuahua, a 30 años del 'sábado negro'

'A lo lejos parecía una pelea entre culebras, por el choque de nubes'

Juan Carlos Núñez
El Diario de Chihuahua

martes, 22 septiembre 2020 | 18:23

Chihuahua— Se cumplieron este martes 22 de septiembre 30 años de la tromba que azotó a la ciudad de Chihuahua en 1990, recordada por muchos como el “sábado negro”, por el desastre causado a miles de personas y hogares, además de las pérdidas humanas que llevó a una conciencia de prevención y reacción para que en el futuro no se repitiera una desgracia como esta. 

De acuerdo con los informes periodísticos, así como el libro “Días de Lluvia”, colaboración de varios especialistas en urbanismo y antropología, entre ellos, los hermanos Carlos y Jorge Carrera Robles, fueron alrededor de 47 personas fallecidas, 10 desaparecidos, más de 12 mil damni f i cados , mil 360 casas destruidas y 740 hogares con daños parciales, en diferentes sectores de la ciudad. 

Fueron dos horas de intensa lluvia, la cual es registrada como la más duradera y con 100 milímetros de agua, que corrió por las calles, arroyos desbordados y desastres en todos lados. “Yo recuerdo que una familia de Veracruz había huido de su tierra natal para evitar los continuos huracanes. 

Se suponía que aquí la zona desértica no ocurriría desastres naturales como esos, pero se toparon con esta tromba. Fue muy duro y complicado".

"También recuerdo gente que no quería guardar su dinero en el banco y decidió ponerlo en el colchón, pero luego ahí estaban desesperados por buscar entre el agua el billete, algo que se rescatara. Fue muy lamentable”, comentó el antropólogo. 

Hizo una remembranza de cinco años antes cuando ocurrió el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, una desgracia que enlutó a todo el país, que orilló a unirse y reconstruirse, algo admirable, pero aún así, era lejano porque se suponía que en tierras chihuahuenses no se contemplaba que pudiera haber algo similar. 

Otro aspecto es que entre los testimonios, los habitantes de la zona rural comentaron que el choque de las nubes era parecido a una pelea entre culebras, algo impresionante que evidentemente, sabían que no sólo sería un fenómeno meteorológico en el aire, sino que causaría desgracias. 

Dijo que la gran enseñanza de la tromba es, que desencadenó una institucionalidad y socialización de la protección civil. “A 30 años, podemos ver que los municipios cuentan con esta área, hay monitoreo, hay esquemas, atlas de riesgo. 

Esta situación fue muy aleccionadora. Ahora, hay una sociedad más atenta para acatar los lineamientos. Claro, siempre habrá quienes se quieran pasar los reglamentos y ser imprudentes, pero ya son los menos. Hay una conciencia de protección y de prevención, al menos en este aspecto. 

Quizás si ocurriese otro desastre, se aprendería de ello, pero cada vez vemos que hay mejoras. El testimonio fue algo importante, tan lamentable y aleccionador, que no quedará en el olvido y permanecerá en la memoria”, platicó. 

El actual coordinador de Protección Civil Municipal, Joel Estrada Castillo, comentó que entre las colonias más afectadas por la tormenta fueron la Villa, Rosario, Granjas, Pacífico, cuyos arroyos cercanos se desbordaron para provocar inundaciones en casas. 

Había zonas en las que el agua llegaba casi al techo de las casas, incluso gente encima de los hogares a la espera de ser rescatados o con la esperanza de no morir y que acabara pronto. Bomberos y paramédicos que vivieron la experiencia, comentaron que lo más difícil fue el rescatar cuerpos sin vida cuando bajó el nivel del agua, una situación que dejó marcados a todos los chihuahuenses. 

El funcionario municipal dijo que a pesar de la desgracia, el aprendizaje y necesidad de implementar obras fue un beneficio, ya que años después se canalizaron varios arroyos como el de La Cantera antes como el arroyo de Los Perros, el arroyo Manteca en la colonia Rosario, la canalización en la Juan Escutia y González Cossío. 

También el cauce en la Sicomoro en la colonia Francisco I. Madero. Además de estas obras y cultura más preventiva, las nuevas tecnologías han abonado a que los pronósticos climáticos sean más exactos, sus cambios repentinos, así como zonas de mayor vulnerabilidad. 

No obstante, reconoció que existen todavía zonas con riesgo, a causa del asentamiento de las personas como en las cercanías de arroyos y bajo los cerros. Básicamente son las áreas de la periferia y de nueva creación. 

El problema con la inundación en arroyos canalizados es la inconciencia de la gente al tirar basura y escombro, que generalmente cuando el agua arrastra, llega un punto en que se taponea y empieza a inundarse. 

Consideró que en general, se ha cuidado mucho con la limpieza de arroyo por parte de autoridades, también existe una mayor cultura de la prevención, pero el impacto del mismo comportamiento humano al no medir la consecuencia de sus actos, es cuando ocurren desgracias como algunas en años recientes, más avanzados y la terrible ocurrida hace tres décadas.