Espectáculos

Revelan la cruel industria del K-Pop

Su sistema de fabricación de estrellas esconde contratos abusivos y condiciones infrahumanas

Tomada de Internet / BlackPink

Agencias

miércoles, 28 octubre 2020 | 11:39

Ciudad de México— En el documental de Netflix, BlackPink: Light Up The Sky, las integrantes del fenómeno del K-Pop BlackPink describen cómo pasaron sus años de adolescencia internadas en una academia.

Sin apenas contacto con el mundo exterior, ensayaban 14 horas diarias con un solo día libre cada dos semanas.

Esta industria musical proyecta una imagen moderna y positiva de Corea del Sur, pero su sistema de fabricación de estrellas esconde contratos abusivos y condiciones infrahumanas.

El inicio de todo

Los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 impulsaron la prosperidad económica de la nación. Pero la crisis económica de 1997 obligó al Gobierno surcoreano a neoliberalizar su economía, abriéndose al extranjero y permitiendo una mayor influencia de la cultura anglosajona.

El K-Pop nació con una formulación casi matemática: bases musicales sintéticas de hip hop, rock, eurodance, funk, reggae, techno, disco o country con sonidos africanos, árabes y asiáticos.

Su estética de fantasía animada se adaptó a la mirada del erotismo occidental. El K-Pop, un híbrido de todos los productos populares del planeta, es la sublimación de la globalización. Y todo gracias al concepto de "tecnología cultural" ideado en 1998 por Lee Soo-Man, fundador de la discográfica SM y arquitecto del K-Pop.

La primera estrella lanzada por Lee, el rapero Hyun Jin-young, estaba por triunfar cuando fue arrestado por posesión de drogas. Lee se juró a sí mismo que no volvería a embarcarse en el arduo proceso de desarrollar a un artista que pudiera fallarle. Así que combinó sus conocimientos como ingeniero con su pasión musical y su ambición empresarial para elaborar un manual que él mismo bautizó como "Tecnología Cultural".

Construyendo un producto

Todos los empleados de SM deben memorizar sus pautas: en qué momento del proceso hay que incorporar compositores, productores y coreógrafos extranjeros; cómo deben moverse las manos al saludar según la cultura; y qué ángulos de cámara aplicar para los videos.

Según esta estrategia, las estrellas musicales pueden construirse como se construye un teléfono celular y el resultado es el mismo: influencia cultural, transformación social y crecimiento económico.

Los ídolos surcoreanos son la cara visible de la neoliberalización de su país en su sentido más extremo: son seres humanos cuyas identidades se manufacturan como si fuesen bienes de consumo.

En Estados Unidos las estrellas nacen, en Corea del Sur se fabrican. Las academias de ídolos instruyen a los aspirantes en canto, baile, idiomas, ejercicio, buenos modales, uso de redes sociales y trato con la prensa.

El grupo surcoreano más exitoso de la historia, BTS, presume de practicar entre 12 y 15 horas al día.

Los alumnos empiezan su formación alrededor de los 11 años y, gracias a un software de simulación, la disquera puede estimar cómo sonará su voz y qué aspecto tendrá su cara una década después.

Los padres deben solicitar permiso para visitar a sus hijos. Tirar la toalla no es una opción, no sólo por la vergüenza que eso causaría en su familia, sino porque tendrían que pagar los gastos de su formación hasta entonces como penalización.

O estrella o fracasado

La única forma de salir de una academia es convertido en una estrella o fracasando en el intento.

Una vez al mes, los ejecutivos de la compañía evalúan el progreso de los alumnos y expulsan a los que no cumplen las expectativas.

Pero los que sí consiguen graduarse son máquinas perfectas de hacer pop con una energía entusiasta que jamás flaquea y unas coreografías sincronizadas que les hacen parecer clones digitales.

"Solíamos practicar bailes con pesas de 4 kilos atadas a los tobillos durante días, para así acostumbrarnos a ese peso y que después nuestros movimientos resultaran más ligeros" dijo a Insider una joven llamada Way, de la banda Crayon Pop.

Dietas que matan

Los alumnos se pesan cada mañana y cada noche, y un profesor va diciendo su peso en voz alta. Si sobrepasa su peso ideal le darán agua en vez de comida.

Las jóvenes se someten a dietas como la del vaso de papel (sólo pueden comer alimentos que quepan en un vasito), la del pepino (alimentarse sólo de pepino hasta que alcancen su peso deseado) o la del hielo (no comer en absoluto y, cuando les entre hambre, masticar un hielo).

La cantante de Oh My Girl JinE tuvo que tomarse un periodo de descanso cuando la anorexia la llevó a pesar poco más de 30 kilos con una estatura de 159 centímetros.

Tiffany, de Girls' Generation, confesó que, con 48 kilos y 162 centímetros, sus compañeras se metían con ella llamándola "cerda".

"Perder peso hace que tus ojos y tu nariz sobresalgan más, y por tanto te vuelves más destacable del resto", dice el maquillador Park So-jung.

El objetivo es que las chicas tengan aspecto de muñecas a la disposición del consumidor: sus largas piernas y sus caras simétricas alimentan la fantasía de la Lolita oriental, con una actitud sumisa e infantil que pretende que su erotismo parezca accidental.

Para alcanzar esa imagen, las academias animan a sus alumnas a someterse a cirugías plásticas.

Corea del Sur es el país con más operaciones estéticas del mundo (el 50 por ciento de las mujeres entre 20 y 30 años se ha retocado), porque no hay estigma social alguno: modificar tu aspecto para alcanzar la belleza es considerado un sacrificio digno.

De Corea para el mundo

La obsesión de la nación con el K-Pop se está extendiendo al resto del planeta. Es el sexto mercado musical del mundo y lleva una década creciendo en torno al 15 por ciento anualmente.

El sexto disco de BTS, Map of the Soul: Persona, vendió más de 3 millones de copias en Corea del Sur (país con 50 millones de habitantes) durante su primer mes de lanzamiento.

Su gira de 2019 fue la tercera más exitosa del año en todo el mundo. El grupo es el artista más mencionado en Twitter. El videoclip de "Dynamite" recibió el récord de 101 millones de visitas en 24 horas en YouTube.

Uno de cada 13 turistas en Corea del Sur señala a BTS como el motivo principal de su visita. Al generar 4 mil 500 millones de euros anuales, BTS supone un 0.3 por ciento del Producto Interno Bruto de su país.

Arma diplomática

El fenómeno del K-Pop ha sido utilizado por el Gobierno como un arma diplomática.

En 2013, la Presidenta Park Geun-hye declaró en su discurso inaugural: "En el siglo 21, la cultura es poder".

Barack Obama aplaudió, durante un discurso de 2017, que miles de estadounidenses estuvieran aprendiendo coreano para apreciar las canciones de SHINee.

En 2005, el Gobierno creó un comité de mil millones de euros para promover el K-Pop y se estima que el país recibe cinco dólares por cada dólar invertido.

Los ídolos, por tanto, son motivo de orgullo nacional y representan un país próspero.

En los grupos no hay líderes ni se estimulan las identidades individuales, en sintonía con la mentalidad surcoreana de contribuir a la comunidad en vez de perseguir el triunfo individual. Pero esta presión está dejando víctimas por el camino.

La vida en el intento

Un integrante de SHINee, Kim Jong-hyun, se suicidó en diciembre de 2017. El cantante había hablado abiertamente sobre su depresión, sobre la angustia de la fama y sobre la necesidad de derribar el estigma surcoreano en torno a la salud mental: buscar tratamiento psicológico o psiquiátrico es percibido como una decisión egoísta que antepone el individuo a la sociedad y, por tanto, es motivo de deshonra familiar porque sugiere debilidad y falta de disciplina.

Corea del Sur es uno de los países con mayor porcentaje de suicidios en el mundo. La cantante Sulli se quitó la vida tras meses de críticas por haber expresado opiniones feministas, mientras que Goo Hara se suicidó luego de ataques de sus fans por haber denunciado a un ex novio que amenazaba con publicar un video sexual de ambos.

Explotación sin límite

Graduarse en una academia no significa el final de la explotación, sino el inicio de otra.

Según los contratos de siete años, el artista no puede expresar opiniones políticas que no sean de patriotismo, tener relaciones sentimentales, ni acudir a ningún sitio sin supervisión de la empresa.

No puede negarse a asistir a eventos ni a patrocinar un producto. Y por supuesto, no debe cometer ni un solo desliz que corrompa su imagen inocente.

La cláusula de confidencialidad, además, impide al artista revelar los secretos de la industria. Pero cada vez se denuncia más en público.

En 2009, el miembro de Super Junior, Han Geng, demandó a SM por multarle cuando se negaba a participar en algún evento y obligarle a trabajar dos años sin un solo día libre, lo cual le causó una enfermedad en el riñón.

El grupo TVXQ también denunció a SM por no dejarles dormir más de cuatro horas diarias y negarse a pagarles si su disco vendía menos de 500 mil copias.

Prince Mak declaró que los artistas sólo reciben un 10 por ciento de sus ganancias, a dividir entre los integrantes de la banda. También aseguró que debió trabajar durante tres años ininterrumpidamente antes de recibir algo de dinero. La excepción a esta práctica son las tres grandes discográficas (SM, JYP y YG), que empiezan a pagar a sus estrellas en cuanto debutan y sólo tienen que devolver el dinero de su formación si incumplen su contrato.

El documental de BlackPink termina con las cuatro chicas comiendo en un restaurante mientras especulan si a los 40 años, tras haberse casado y tenido hijos, estarán en condiciones para afrontar una gira de regreso.

Se estima que la vida comercial de un ídolo del K-Pop nunca supera los siete años y ellas son perfectamente conscientes de cómo funcionan los ciclos del pop.

Al fin y al cabo esa es, literalmente, toda la vida que conocen.